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  • El Uniandino

Una mirada a la ansiedad

Cuando Corin Chávez estaba en el colegio experimentó su primer ataque de ansiedad. “Un día después de exámenes empecé a sentir que no podía respirar. Le dije a mi papá que me llevara al hospital”.


Chávez tiene actualmente 29 años y está haciendo un doctorado en Farmacéutica en Canadá. Cuando pequeña se dio cuenta de que pasaba por episodios de ansiedad y desde entonces trata de manejarlo. Pero reconoce que en el mundo científico el cuidado de la salud mental no siempre es prioridad.


Sobre la relación entre salud mental y la vida laboral, le recomendamos darle un vistazo a esta historia que hicimos sobre el burnout.





Para el médico psiquiatra Daniel Marino hay que diferenciar un trastorno de ansiedad, de la ansiedad cotidiana que todos y todas hemos experimentado en algún momento.


¿Y cuáles son los síntomas? Los más comunes son la sensación de nerviosismo, de peligro inminente, sudoración, y problemas para concentrarse e incluso problemas gastrointestinales. Cuando estos síntomas empiezan a afectar el rendimiento laboral o académico, y en general las demás esferas de la vida, se empieza a tratar de un trastorno.


“Al que le dan los ataques de pánico es al paciente. Es quien siente que no respira, el que pierde oportunidades por no ser capaz de hablar en público [...] Todo eso le pasa al paciente, no a las personas que opinan”.

Gabriela Zarama se define a sí misma como una persona nerviosa. Cuando pequeña notaron que muchas situaciones la asustaban demasiado, así que le recomendaron ir al psicólogo. Pronto dejó de ir: “Me daba miedo por mis papás, porque no les gustaba. Son de esas personas que no creen en la terapia”, recuerda.


La estigmatización en torno a los trastornos de ansiedad a veces impide que las personas busquen ayuda. Hay quienes sienten vergüenza de buscar tratamiento, o simplemente normalizan los síntomas.


“Al que le dan los ataques de pánico es al paciente. Es quien siente que no respira, como si le fuera a dar un infarto, es el que pierde oportunidades por no ser capaz de hablar en público. Es el paciente quien se levanta en la noche y no descansa, y al otro día igual tiene que ir a trabajar. Todo eso le pasa al paciente, no a las personas que opinan”, nos dijo Marino.


Hablar e identificar los posibles síntomas ansiosos es importante para prevenir que se apoderen de su vida. Vea, por ejemplo, el caso de Chávez, que considera que haber identificado tan joven su problema fue beneficioso. “Ahora es una ventaja sentirme cómoda hablando en público, siendo evaluada, incluso siendo criticada”, concluye.


“Hay que aprender a entenderse uno así con sus rollos [...] A mí me ha ayudado mucho identificar mis emociones, entenderlas y no juzgarme por tenerlas”.

Si necesita empezar por algún lado, Marino le deja unas recomendaciones generales: “Hacer ejercicio, dormir lo suficiente, no tener sobrecargas laborales, evitar consumo excesivo de sustancias psicoactivas, tener actividades de ocio y separar el tiempo de trabajo del tiempo de la casa”.


Pero cada caso es particular. Si ya se escuchó y nota que recomendaciones como las de arriba no son suficientes, Marino sugiere acudir a psicoterapia para “identificar los detonantes y perpetuadores de la ansiedad y poder corregirlos”.


Lo más importante, dice el especialista, es identificar el problema. En opinión de Zarama, “hay que aprender a entenderse uno así con sus rollos [...] A mí me ha ayudado mucho identificar mis emociones, entenderlas y no juzgarme por tenerlas”.


Lea algunas preguntas y respuestas comunes sobre la terapia en la primera historia de nuestra alianza con Selia.

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