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Narrar las cicatrices: lo que aprendió el periodismo después de 50 años de conflicto armado

El cubrimiento en medios del conflicto armado interno es una narrativa que ha ocupado los titulares desde hace casi cinco décadas. Atentados, secuestros, masacres y asesinatos han colmado el imaginario popular de la prensa colombiana en un intento de seguir la radiografía de la guerra. Por ello, en el marco del Festival Gabo 2022 y bajo el auspicio de la Fundación para la Libertad de Prensa, FLIP, cuatro periodistas reflexionaron sobre las enseñanzas que ha dejado narrar la guerra y las apuestas que se pueden hacer en esta etapa de posconflicto.



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En la charla titulada “Cómo la guerra impacta en el oficio periodístico”, Jonathan Bock, director ejecutivo de La Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) puso sobre la mesa la relación entre el conflicto armado y la prensa. Entre otras cosas, le preguntó a los panelistas sobre los aprendizajes de haber cubierto el conflicto y el impacto que ha tenido la guerra en el periodismo.


Para Marta Ruiz, periodista y experta en conflicto armado en Colombia, el periodismo sirve como un borrador de la historia, esto es, un lente que permite tener una mirada histórica del país. Ruiz hizo parte de la Comisión de la Verdad, entidad estatal que surgió tras los Acuerdos de la Habana con las extintas FARC y que buscó esclarecer las causas del conflicto interno. Para ella es fundamental la narrativa de no ficción desde el ejercicio periodístico como una forma de escucha y de mantener la empatía con ese otro diferente.


Para Ruiz, este ejercicio de empatía, comprensión y memoria debe exceder lo que ella y María Elvira Samper, también periodista, apuntan es el “síndrome de la chiva”. En sus palabras: “Yo creo que el periodismo debió haber pensado no quién llegaba primero sino quién sabía llegar, cómo hacerlo y hacerlo bien”, apunta Samper. Para ambas, esa inmediatez de la publicación, iba de la mano con la capacidad de la guerra de opacar las realidades que ocurren en el contexto.


Lo dijo Ruiz: “Una de la conclusiones a las que ha llegado la Comisión de la Verdad es que mientras se dialogaba en el Caguán y todos los medios estaban en la discusión del Caguán, la mayor violencia del país la estaban ejecutando los paramilitares [...] los paramilitares estaban arrasando pero toda la narrativa de los medios estaba concentrada en lo que estaba pasando en la zona de despeje”.


Lo que apuntaron Samper y Ruiz gira en torno a esa búsqueda entre las líneas de aquello que no se contó y los vacíos de narrativos auspiciados por las dificultades técnicas a la hora de cubrir la guerra en el contexto de hace 30 años, sin internet, y a punta de teléfonos fijos. “Gran parte de mi reflexión sobre el periodismo se basa no sólo en lo que dijimos sino en lo que callamos, yo creo que hacer un mapa de los silencios y de las verdades que se han instalado”. Para Marta Ruiz esto último es muy importante porque hay muchas verdades que se tienen que revisar y hay muchos silencios que se deben romper.


Por otro lado, Germán Rey, miembro del consejo rector de la Fundación Gabo, puso de presente cómo la guerra dinamita los principios periodísticos y el acceso a la información de la ciudadanía. “Encontramos que había un proyecto intencionado y diversificado de los actores guerreros frente a la información, los medios y los periodistas”. Para Rey, esta injerencia de los actores armados en los medios lleva a que en tiempos de guerra la legitimidad se convierta en un bien en disputa en medio de un mapa de actores armados, todos ellos con luchas y proyectos políticos diferentes.


Algo similar dijo Juan Miguel Álvarez, cronista del conflicto, pues una de las mayores dificultades entrañaba el cómo obtener acceso al cubrimiento concreto de episodios de guerra con sus protagonistas. Por ejemplo, a principios de los 2000 cuando la entonces FARC era imparable, solamente los podían entrevistar quienes ellos consideraban iban a entender su causa revolucionaria como justa. “Todo iba a redundar en una conversación en torno a la justificación”. Para los periodistas es en este punto donde radica la disyuntiva del ejercicio periodístico, pues en un país que oscila entre la angustia de la guerra y la ilusión de la paz, persisten los estigmas en torno a la manera de transmitir la información en medio de una narrativa del bien y el mal.


Ante los retos que dejó el cubrimiento de las diferentes aristas del conflicto, surge una discusión en torno al fortalecimiento de los medios regionales. Por eso surgió la pregunta de ¿cómo hacer para patrocinar y auspiciar el periodismo independiente, especialmente aquél que se hace desde las regiones? De acuerdo con los panelistas, los periodistas locales y de regiones son fundamentales en la medida que logran narrar las vicisitudes que se forman en los territorios.


A pesar de esto o quizás en virtud de estas condiciones, el periodismo regional se encuentra asociado a la soledad y al aislamiento con una proximidad letal a los núcleos fuertes de violencia, elemento que mencionó Germán Rey. Ante esto, una alternativa que propuso María Elvira Samper en el evento giró en torno a pensar en un periodismo colaborativo que privilegie la información de largo aliento y pueda nutrirse de alianzas para hacer un ejercicio responsable con la información y con protección al periodista y a su ejercicio profesional.


Así fueron las cuatro reflexiones de los periodistas testigos de la guerra, quienes plantearon ante la audiencia del Festival una serie de cuestiones sobre aquello que les dejó narrar la historia colombiana del conflicto y cómo podrían labrarse un camino para entender las nuevas dinámicas del posconflicto que aún entrañan formas de violencia que merecen ser contadas.



 

Por: María Fernanda Alarcón