• El Uniandino

¿Los y las estudiantes de las universidades privadas estamos ganados?


Sobre las universidades privadas, sus estudiantes y sus luchas hay mil y un mitos. Uno de los más fuertes es que no hay por qué luchar, que la pelea más grande es que haya papel higiénico más grueso en los baños. Los y las representantes de privadas sabemos que eso es falso. Nuestras universidades, como todas, son políticas y los ejercicios de representación dentro de estas también deben trabajar por reivindicaciones democráticas en las instituciones. En nuestras universidades claro que hay justas causas, una de esas es la puja por la democracia universitaria. Esta es la historia de la lucha Uniandina por un par de sillas para las estudiantes en el Consejo Superior.


La democracia universitaria es: el respeto por el disenso, el ejercicio de la autonomía y la participación estudiantil en la toma de decisiones y en los procesos decisorios sobre el bienestar estudiantil, y el entendimiento de que las universidades no son apolíticas. La democracia universitaria permite que los y las estudiantes se organicen, se elijan y participen sin ser reprimidos, expulsados o estigmatizados. Por eso debemos defenderla. Ahora, para defenderla esta primero debe existir, entonces la tarea es doble. Luchar no solo por la garantía, sino también por la existencia de espacios de participación democrática estudiantil.


El 7 y 8 de noviembre de 2012 se movió en una consulta estudiantil realizada por el Consejo Estudiantil Uniandino cuyo fin era preguntarle a los y las estudiantes sobre 4 temas fundamentales que venían discutiendo en sus asambleas. Dos de esos eran la representación estudiantil en el Consejo Académico y Consejo Superior, que para ese momento no existían y a muchos y muchas les parecían impensables. La bandera de esa campaña impulsada por el CEU (los Andes se mueve) era la democracia estudiantil, nada diferente a lo que estudiantes de universidades no sólo privadas, sino también públicas de todo el país exigían a sus instituciones. En últimas, los reclamos de los y las uniandinas no son tan distintos a los de otras universidades, ¿no?


Dicha consulta le preguntaba a los y las estudiantes si estaban de acuerdo con que la postulación y elección de estudiantes miembros del Consejo Superior se diera: a) entre representantes estudiantiles elegidos directa o indirectamente por el CEU, b) entre estudiantes postulados y elegidos por miembros del Consejo Superior, con o sin intermediación del CEU, c) ninguna de las anteriores ó d) la situación me parece irrelevante. La opción más votada fue la primera. Si bien la consulta no era vinculante, fue un ejercicio que permitió establecer el compromiso con el Consejo Superior de que siempre se elegiría para esos cargos una de las personas ternadas por el CEU.


Más adelante, en 2017, los y las estudiantes retoman la lucha por la democracia universitaria. A raíz de una subida abrupta a las matrículas, los y las estudiantes se organizan y conversan sobre formas de entablar conversaciones con la administración de la universidad acerca de ese tema y otros que aquejaban el quehacer estudiantil. Fue tanta la fuerza y el nivel de organización que se construyó un pliego de peticiones para la universidad, el cual tenía alrededor de 32 puntos. Ese mismo pliego, que acuerdan los y las estudiantes y firma la universidad, y al cual se comprometieron a cumplirlo paulatinamente, exigía que los representantes ante el consejo superior y el comité académico fueran elegidos democráticamente por medio del voto en la asamblea del CEU. El proceso para lograr esto fueron jornadas de movilización, mucha pedagogía dentro de la universidad y la lucha colectiva en la cual estuvieron involucradas estudiantes y representantes del CEU.


En 2020 fue la primera vez que el CEU eligió los representantes estudiantiles ante el Consejo Superior y el Consejo Académico. Usualmente los candidatos eran postulados por el CEU y era el Consejo Directivo y el Consejo Superior quienes escogían, mediante un proceso interno, a los cuatro representantes. Con el nuevo sistema, los candidatos presentan un examen y en el CEU se eligen a las fórmulas, las cuales tienen que ser paritarias, por conteo de borda. Con una elección más democrática ganamos no solo los y las estudiantes, sino los y las profesoras, que obtuvieron también representaciones profesorales ante estos cuerpos colegiados. Esta columna pretende reivindicar el proceso de movilización estudiantil que ha permitido avanzar de la no participación estudiantil a que, por ejemplo, este año hayamos participado en la elección de rectoría.


Sobre nuestra participación en la elección de rectoría vale la pena resaltar la transición que tuvimos a través de los años. Hace 3 años una estudiante participó como estudiante observadora y con voz en el Comité Nominador de Rectoría, un hecho histórico en 71 años. Este año una estudiante elegida por estudiantes, la miembro estudiantil del Consejo Superior, hizo parte de la elección de rectoría siendo una miembro más del Comité Nominador de rectoría con voz y voto. La universidad debe construirse desde la participación democrática de todos los actores que forman parte del ambiente estudiantil y el Comité Nominador de Rectoría no es la excepción, hasta hace unos años este era un proceso y un espacio a puerta cerrada.


Las sillas estudiantiles en el Consejo Superior son un escenario, que como tanto otros, debemos defender porque materializan el trabajo de generaciones de estudiantes para hacer parte de las decisiones de la universidad. La democracia universitaria no solamente reclama espacios de participación, canales de comunicación, mecanismos de elección y garantías para la discusión, sino también y de manera imprescindible, conciencia estudiantil sobre la importancia de esta. Invitados e invitadas a lanzarse a la representación estudiantil ante el Consejo Superior porque para que existan este tipo de reivindicaciones se necesita de trabajo colectivo. En el movimiento estudiantil, como en la vida, los procesos sociales y democráticos no se logran con el trabajo, aunque juicioso, de una persona, sino al contrario, con la formación y organización colectiva y con la ampliación de la conciencia estudiantil y los legados organizativos.



 

Por: María José Muñoz Reyes. Estudiante de gobierno y asuntos públicos y psicología. Miembro estudiantil del Consejo Superior. Co-presidenta nacional de ACREES. Feminista.