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Las consecuencias del “Paro Armado”

Juan Nicolas Vizcaya Molina es estudiante de Derecho y Ciencia Política. Presidente del Comité Interpartidista y coordinador Centro Democratico de la Universidad de los Andes. Aquí su columna "Las consecuencias del "Paro Armado"". Para contestar la columna envíe su propuesta a periodicoeluniandino@gmail.com.



Estamos viviendo las consecuencias de una oleada de violencia en Colombia basada en constantes ataques a las Fuerzas Militares (FFMM), destrucciones de los bienes públicos de las ciudades, el quiebre de grandes, medianas y pequeñas empresas y bloqueos, que no solamente impidieron la libre circulación de los colombianos, sino también el desarrollo del país. Por eso, en esta columna lo denominaremos “El Paro Armado”, que, según el Consejo Gremial Nacional generó pérdidas de 11 billones y, según el viceministro de salud, Luis Alexander Moscoso, 15.000 muertes por contagios de COVID-19. Desafortunadamente llamados a la desobediencia civil de políticos incendiarios como Gustavo Petro, quien en varios de sus trinos ha instado a acudir a aglomeraciones y también a desinformar a los colombianos asumiendo por su propia cuenta que la vacuna no funciona con la variante Delta, lo cual demuestra su clara falta de rigurosidad y precisión anteponiendo la política a la ciencia.


Así, el terrorismo urbano, que se manifiesta a través de bloqueos, ataques injustificados a las FFMM, daños a los bienes publicos y a ciudadanos inocentes, fue una creciente sin fin, sembrando el terror y la incertidumbre. Por ejemplo, en la ciudad de Cali, tenemos a un alcalde que sacó el Decreto 0305 que legitima los bloqueos y condiciona el actuar de las FFMM, esto en el pleno apogeo de los ataques de la peligrosa “Primera Línea” hacia la Fuerza Pública. Hay que tener claridad, un bloqueo es una estrategia de guerra y no de manifestación, empleada en la Segunda Guerra Mundial para desabastecer las ciudades. ¿Qué confianza puede generar un funcionario público que pareciera estar más a merced de los bandidos que de sus ciudadanos? Colombia está pasando una coyuntura tan difícil que puede desestabilizar la democracia.


La Revolución Molecular Disipada, es lo que ha venido viviendo el país durante los últimos meses, una serie de eventos que buscan entorpecer la democracia y los planes para mantenerla. El gobierno del presidente Iván Duque ha sido valeroso ante las adversidades aún frente a una oposición que se ha valido de las peores prácticas para empañar el gran plan de vacunación y reactivación que se ha venido ejecutando. Un plan de vacunación que ya lleva más de la mitad de la población colombiana vacunada en tiempo récord, algo que se le debe aplaudir al gobierno, esto emitido por el Ministerio de Salud, el 21 de agosto dando una cifra exacta de 33.005.580 vacunados.


Por otra parte, en Engativá, recientemente se capturaron a tres jovenes que pretendian vandalizar el sector, uno de ellos, declaró lo siguiente: “Me pagaron 70.000 y lo iba a hacer porque uno piensa que esto es de ideales, uno piensa que atacando policías, como son funcionarios del Gobierno, pues esto va a cambiar”. Es preocupante que los jóvenes crean que la solución es atacar directamente a las FFMM ya que al fin y al cabo son las que nos defienden de la criminalidad. Además, es alarmante la incidencia que han tenido grupos al margen de la ley como las mal llamadas disidencias de las Farc, en especial el bloque Jorge Briceño de Gentil Duarte y el ELN, en generar violencia en las áreas urbanas de Colombia. Como lo fue con mayor intensidad en la ciudad de Cali, en donde las FFMM han podido demostrar la influencia de estos grupos con reuniones criminales como la de alias “Gentil Duarte”, en donde dice: “hurten, saquen la gente a la calle y disparen contra la Policía”, todo esto comprobado por el director de la Policía, el general Jorge Luis Vargas para Revista Semana. Como si fuera poco, tenemos organizaciones de Derechos Humanos como la CIDH, que lanzan informes apresurados, malintencionados y equivocados de lo que verdaderamente pasa en Colombia. Victimizando a los terroristas urbanos y maniatando a las FFMM, como lo es en el apartado de “Recomendaciones sobre los cortes de ruta”, que dice así: “Abstenerse de prohibir de manera generalizada y a priori los cortes de ruta como modalidades de protestas”.


La manifestación, se ha entendido como el conjunto de derechos fundamentales de asociación pacífica, libertad de expresión, huelga y otras garantías relacionadas, y como tal debe ser garantizada por el Estado colombiano, pero lo que también debe ser garantizado por el Estado colombiano principalmente debe ser la seguridad, que es la base del desarrollo de un país. Sin seguridad, no hay una educación de calidad, no hay una buena salud, no hay libre circulación de vías, no hay una economía fructífera y mucho menos hay desarrollo, la seguridad debe ser la base de todo. Si algo ha tenido este país con este gobierno es un presidente humanista que escucha y sabe entender diferentes problemáticas, un ejemplo claro de esto, es su disposición al diálogo social en todos los departamentos del país, especialmente en el del Valle del Cauca. Por eso, la sed de caos de Gustavo Petro y otros grupos violentos nunca puede ser superior al bienestar, seguridad y ganas de trabajar de los colombianos.



Lo único que se puede rescatar es que esto ha generado un efecto bumerán. Tengo la seguridad de que no todos los colombianos creen en los discursos de odio y repugnan a aquellos que quieren incitar a la anarquía y a la violencia. Los colombianos se fastidiaron de no poder ejercer con seguridad su derecho a trabajar, estudiar y a realizar sus labores con normalidad, algo que se ha venido anhelando en esta pandemia, que manifiesta un tercer pico que pareciera ser eterno, a vísperas de un cuarto, gracias a estas aglomeraciones e invitaciones de materializar el odio. A pesar de este nubarrón de caos, Colombia está viendo una luz al final del túnel con un crecimiento del 17,6% en su PIB en el segundo trimestre del 2021 y la reducción de casos de muertes por COVID-19, reportando menos de 100. Esto genera esperanza y sobre todo debe generar conciencia. Un mensaje claro, cuidemos a Colombia.




Por: Juan Nicolas Vizcaya Molina. Estudiante de Derecho y Ciencia Política. Presidente del Comité Interpartidista y coordinador Centro Democratico de la Universidad de los Andes.


*** Esta columna hace parte de la sección de Opinión y no representa necesariamente el sentir ni el pensar de El Uniandino.