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El podcast no da la hora: reflexiones sobre una nueva isla para el periodismo latinoamericano

El 23 de octubre, en el último día del Festival Gabo, los periodistas María Jimena Duzán, Nicolás Maggi y Carlos Puig conversaron con Carlos Cortés, periodista y abogado, sobre el podcast como un nuevo camino para volver al periodismo narrativo de rigor. Desde sus respectivos métodos y experiencias, los tres periodistas lanzaron luces de cómo será el futuro del podcast y sus retos.



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Hacia el final de la charla “El podcast, una nueva vida para el periodismo”, Carlos Puig, periodista y fundador de la productora de podcast Así como suena lanza la siguiente anécdota:


“No me acuerdo qué colega contaba que su madre o abuela decía:

  • Los podcasts no me gustan porque no me dan la hora

  • Bueno, pero te cuentan una historia, ¿no?

  • Sí, pero yo prefiero la radio porque cuando me da la hora yo sé cuándo tomarme la medicina.

Me parece que no hay mejor definición de lo diferente que es un formato de otro. No hacemos radio, hacemos podcast”.

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Los podcasts son íntimos, ocurren en un espacio de tiempo casi siempre extenso y tienen la magia de la sonoridad como recurso infalible para meterte en todo tipo de historias. Un día desde tu lugar de trabajo escuchas un podcast sobre un colombiano que estuvo en la Segunda Guerra Mundial; luego te conmueves con la caótica y esperanzadora visita de Christopher Reeve, el superman de los años 80, en el Chile de la dictadura; después en pleno bus de camino a casa tienes que parar compulsivamente los dos episodios de la Toma del Palacio de Justicia de Radio Ambulante para procesar (o llorar) todo lo que estás escuchando y que durante años no te dijeron en las clases de historia (que nunca tuviste).


Cada que escucho un podcast me demoro el doble de tiempo de duración dándole click a los botones de retroceder y de pausa. Es tanta la complejidad que brota del reproductor que necesito parar y procesar. Además, me gustan los podcasts de largo aliento, que me acompañen mientras subo Monserrate o mientras adelanto las filas del Transmilenio. Siento que parte de su encanto radica en que el podcast sucede en ese espacio vacío del sonido, en donde a falta de imágenes tienes toda una caja de herramientas para usar a tu favor. Y a eso le agrego un plus: me gusta el podcast que me lleva a ese periodismo que se consolida en la investigación y en las historias. Ese que parece perdido en la noticia del último escándalo del influencer de turno.


Para ejemplificar todo lo ocurre en los camerinos de la producción sonora, Nicolás Maggi, ganador del Premio Gabo 2022 en la categoría “audio” con el podcast La segunda muerte del Dios Punk, contaba otra anécdota en donde unos compañeros de producción lanzaban una estrella ninja contra una madera para lograr el sonido que necesitaban en el podcast. Y es que detrás de un pulido episodio hay un sinfín de herramientas sonoras que no pasan desapercibidas por quienes lo producen.


María Jimena Duzán, periodista colombiana y anfitriona del podcast A fondo con María Jimena Duzán lo dice así: “La magia del podcast no es solo que se conecta con el público es que se mete en tu casa cuando estás viendo las estrellas, cuando estas durmiendo. Tiene el poder de entrar a tu casa y conectar con una energía que no conecta otra plataforma”.


En el panel del Festival Gabo el periodista y abogado Carlos Cortés formaba conversación con quienes días antes había escuchado desde mi celular. Los tres periodistas llegaron a la conclusión (que no había pensado de forma tan diáfana hasta entonces) de que el podcast le ha dado una oportunidad a los periodistas para conectar con la audiencia mientras rescatan las herencias de un periodismo narrativo que se creía perdido.


Como lo dice Puig: “Lo que rescata esta nueva forma de periodismo de investigación es lo que nos enseñaron algunos de nuestros maestros cuando crearon el nuevo periodismo de los sesentas y setentas. Es decir, narraciones íntimas y personales en donde ellos estaban metidos y no negaban dar su nombre y decir quiénes eran”.


El podcast surge como una oportunidad para que los periodistas puedan hacer periodismo de calidad mientras que vuelven a cimentar bases de credibilidad con la audiencia. Cuando el podcast se mete en nuestra cotidianidad percibimos esas historias con atención y cuidado y casi que sin darnos cuenta, estamos consumiendo periodismo. Por ejemplo, este podcast de Vice News explora el impacto de la multinacional Drummond en Colombia, es una auténtica investigación periodística que investiga, de forma rigurosa, problemas medioambientales, luchas sindicales y asesinatos, todo con el telón del conflicto armado de fondo.


Para los tres periodistas, plataformas como Spotify y Apple Podcasts han permitido tener esos espacios para desarrollar y crear contenido investigativo de no ficción que explora la crónica y reportaje para narrar. Es por ello que los panelistas mencionan categóricamente: No queremos ser influencers. Para Duzán, Maggi y Puig se trata más bien de hacer uso de esa caja de herramientas con la que ya cuentan los periodistas. No les interesa hacer contenido corto y conciso, como tik toks, ni seguir las lógicas de lo instantáneo, como lo dictan las redes. Les interesa hacer periodismo puro y duro. Es decir, aquel que se toma su tiempo para investigar y contrastar y que va más allá de la inmediatez del día a día.


Ahora que ya tenemos claro por qué el podcast sí puede ser una nueva ventana para refrescar el oficio de lo periodístico vienen los retos. Ante la naturaleza del contenido que alguien como María Jimena Duzan produce, entrevistas sobre temas coyunturales a nivel nacional, viene la pregunta de la censura. Duzán lo zanja claramente: desde su llegada a Spotify y tras más de 200 capítulos, nunca había gozado de tanta libertad para hablar.


¿Dónde está el reto? En los derechos de autor. Imagina que eres un periodista y produces una historia. Haces el reportaje durante meses e incluso años, logras conseguir una plataforma para que te financie, la publicas, estallas en el público. Luego, esa casa te dice: queremos una segunda temporada y además, negociar con productoras audiovisuales para lanzar la serie. Nosotros nos quedamos con los derechos. Lo que surge a futuro entonces no es cómo lidiar con la presión del jefe de redacción, sino cómo negociar para que las plataformas no se queden con todas las partes de la cadena de valor y que los creadores tengan derechos sobre la propiedad intelectual de sus creaciones.


“¿Cuál es el modelo económico que va a sobrevivir? ¿Cuál es el modelo que va a garantizar la independencia del periodismo en las plataformas? Esa es la gran pregunta que todavía no tengo cómo responder”, apunta Duzán.


Por ahora, la nueva generación del podcast seguirá experimentando para ganar terreno y espacio en las plataformas digitales, siempre bajo la consigna de no sacrificar la esencia de los reportajes, las investigaciones, las crónicas, las historias periodísticas. En últimas, sin dejar de hacer periodismo. Mientras tanto, seguiremos explorando la belleza sonora del podcast, llenando nuestra casa de historias que no nos dan la hora, pero que nos hacen pensar que el periodismo de antaño aún permanece.




 

Por: María Fernanda Alarcón