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El plan de Raquel Bernal

Actualizado: 20 abr


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Han pasado 27 años desde que Raquel Bernal fue asistente del rector Rudolf Hommes. Hoy se perfila para ocupar ese puesto. Es una de las economistas colombianas más citadas en la profesión, tiene dos maestrías y un doctorado, ha publicado numerosas investigaciones en formación de capital humano y todo un libro sobre evaluación de impacto.


Sus credenciales académicas podrían fácilmente ocupar las páginas de este perfil. Pero todo eso ya se ha dicho, y para intentar entender a Raquel Bernal hace falta más que una lista de logros.



La obsesión por la evidencia: un arma de doble filo


En 1998, una Raquel Bernal de 25 años se montó en un avión llevando a cuestas los escombros de un amor que no fue y mil ideas en la cabeza. Un año antes, ella misma había cancelado su matrimonio. “Eso no vale la pena recordarlo… Era jovencita, estaba comprometida y antes del matrimonio cambié de opinión”.


El avión al que se montó tenía como destino Nueva York. Raquel empezaría un doctorado en economía en aquel año, pero también, sin saberlo, daría inicio al momento más difícil de su vida. “Fue una decisión corajuda de mi parte, yo llevaba esa tristeza, dejaba por primera vez a mis papás y empezaba una vida en otro país. Tuve que utilizar todas las habilidades socioemocionales de las que disponía”.


Esto es tal vez lo que mejor la resuma. La actual rectora encargada racionaliza hasta la pena más profunda, hasta la herida más honda. Para ella, al final del día, todo se puede medir, todo es cuantificable y se puede maximizar, incluyendo su propio bienestar.


“Ella es como el único agente racional que realmente existe en el mundo, que hace su curva de preferencias y actúa de esa manera”, nos dijo Iván Cardona, quien ha sido su amigo desde que eran niños.

Cuando tenía que escoger un colegio para inscribir a sus hijos, Raquel reunió literatura y toda la investigación que pudo encontrar y la organizó en una hoja de cálculo antes de tomar una decisión. Lo mismo hace para aconsejar a sus amigos.


Cuando Iván tuvo dudas sobre si casarse o no, Raquel le dijo en un almuerzo: “La evidencia dice que las parejas que se casan, y que tienen un vínculo civil o formal, tienen un mayor crecimiento económico y menos probabilidad de separarse”.


“Me convenció y me casé”, recuerda hoy su amigo. Eventualmente, la pregunta se volvió si tener un segundo hijo o no, y la evidencia en ese caso no alcanzó a ser concluyente. “Me mandó la información en un Excel, y no estaba tan claro si era mejor”. Puede que fuera circunstancial, pero su amigo nunca tuvo otro hijo.


Esa característica de la rectora encargada ha sido su sello de presentación liderando la universidad. “El Consejo Académico empezó a presentarnos análisis estadísticos que antes no estaban tan presentes”, nos dijo Mauricio Nieto, decano de Ciencias Sociales, sobre el momento en que Raquel llegó a la vicerrectoría. “Parte de lo que estamos sufriendo ahora es que muchos procesos de cambio en la universidad no se miraron con cuidado en términos financieros y cuantitativos”.


“La disciplina excesiva también puede ser su problema, es muy exigente consigo misma”, dice Jimena Hurtado, quien ha sido su amiga y colega por más de 30 años.

“Me sorprendía lo difícil que era estar en desacuerdo, porque traía datos tan buenos que nos convencía”, nos dijo por su parte Valentina Ibarra, presidente del CEU en 2020, sobre el trabajo que realizaron en el comité de salud mental. “Ella no improvisa, ella toma decisiones informadas, toma decisiones cuando está segura, busca toda la información y se asesora muy bien de las personas adecuadas”, dice Isabella Coronado, quien es hoy su asistente. La misma Raquel lo reconoce: “Yo no tomo ninguna decisión sin que me hayan mostrado alguna evidencia, no voy a tomarla así —alza la mano— en el aire. No lo voy a hacer”.


Su obsesión por la evidencia, sin embargo, puede muchas veces acorralar a la rectora encargada. No le gusta cuando las cosas no salen según lo ha planeado, tampoco cuando improvisa, y peca por exceso de control. Y si hubo un momento en que nada salió de acuerdo al plan, fue con la llegada del Covid-19 cuando Raquel llevaba apenas unos meses como vicerrectora académica.


Era un momento de crisis: había que trasladar todo el sistema educativo a los computadores, pensar en medidas de flexibilidad, garantizar el acceso a internet de toda la comunidad y la lista parecía hacerse infinita.


“La disciplina excesiva también puede ser su problema, es muy exigente consigo misma”, dice Jimena Hurtado, quien ha sido su amiga y colega por más de 30 años. Una vez, por ejemplo, Jimena la vio caminar coja por la facultad de economía porque se rehusaba a parar en su rutina de gimnasio. “No sé cuál es su debilidad, pero a veces ese orden y eficiencia mental hacen difícil enfrentar problemas que se salen de la caja”, nos dijo su colega de más de 15 años Hernando Zuleta.


Otro enemigo de Raquel es el tiempo. Siempre está haciendo algo. En el gimnasio, en reuniones, analizando cifras, preparando informes, meditando, con su familia. Pero “no logra sacar un tiempo para no hacer nada”, insiste su amigo Iván. Raquel lo reconoce: “A mi yo joven le diría que dejara un poquito de esa responsabilidad y disfrutara de su juventud”. El pasado, no obstante, ya fue, y no recibe consejos.



El camino largo del éxito académico


En el colegio San Jorge de Inglaterra de Bogotá, los profesores de Raquel Bernal usaban sus cuadernos como guías para las clases. Eran los más organizados del salón.


Cada año izaba bandera como la mejor estudiante y ganaba premios en concursos. “La vi ganarse becas por su buen desempeño y eso me incentivó a seguir sus pasos”, nos respondió por correo electrónico Marco Bernal, uno de sus dos hermanos. Y no era para menos. Zenobia Salazar, su madre, se sentaba con ella a hacer las tareas y no la dejaba pararse a ver televisión o hacer otras cosas hasta que terminara.


“Eran padres amorosos que constantemente estaban pendientes de alinearnos para que fuéramos lo mejor que pudiéramos ser”, nos dijo su hermano. Marco Tulio Bernal, su padre, recuerda una vez en que fue a recibir el informe de notas de su hija, mientras esta todavía estaba en preescolar.


—¿Cuál es su secreto, señor? —le preguntó la profesora.


—¿Para qué? —le respondió Marco Tulio.


—Para que esa niña sea tan alegre, tan colaboradora, tan juiciosa.


Del San Jorge se graduó en 1991 con el promedio más alto del colegio en su historia hasta ese año, y luego entró a estudiar economía en la Universidad de los Andes. “Era la más nerda de todas, aterradoramente ñoña”, recuerda entre risas su amiga Jimena Hurtado, hoy profesora de economía.


En la universidad, ya no era usual que Raquel se sentara al lado de su mamá para hacer las tareas. Estudiaba con sus amigos de la carrera, en medio de horarios estrictos que, no podría ser de otra manera, ella misma estipulaba. No permitía que nada ni nadie los interrumpiera. Nadie.


Jimena recuerda que en alguna ocasión la madre de Raquel quiso ofrecerles refrigerio a sus amigos, en medio de una de sus sesiones de estudio. Entonces Raquel le dijo con firmeza: “mamá, faltan cinco minutos para que nos tomemos una pausa”.


La escena es representativa hasta hoy en día de su forma de trabajar. “Soy muy estricta con mis tiempos. Si tengo espacio para esta tarea y lo voy a usar, pido que no me interrumpan, que me dejen terminarla”, dice Raquel.


En 1996, Raquel Bernal trabajaba en Fedesarrollo junto a Mauricio Cárdenas, quien fue ministro de Hacienda. Por ese trabajo, y por la influencia de profesores como José Antonio Ocampo, Guillermo Perry y Alberto Carrasquilla, todos exministros de Hacienda, tenía una vocación macroeconómica: le interesaban temas como la inflación, el Producto Interno Bruto y el desempleo.


“Pero tomando clases los dos primeros años de doctorado me gustó muchísimo más la economía laboral y la economía de la educación”, recuerda hoy la rectora encargada. Su profesor de la Universidad de Nueva York, Michael Keane, se convirtió en su mentor y la embarcó por el área de la primera infancia y el mercado laboral. Allí, Raquel encontró un vacío: “Lo habían hecho todo sobre hombres y faltaban los niños y las mujeres, entender cómo las decisiones laborales impactan el desarrollo temprano”.


Años más tarde, sus artículos sobre el tema la posicionaron como una de las 20 economistas más citadas de Colombia


Luego del doctorado, Raquel se quiso devolver a Colombia pero Keane le dijo que intentara el proceso del job market, un momento en el año donde las facultades de economía del mundo reclutan a sus profesores. “Me acuerdo en esa época haber mandado 100 sobres de manila con mi artículo, con mi información. Todo era todavía en papel”, dice entre risas.


La llamaron de las mejores universidades del mundo: Princeton, Yale, Northwestern. Al final se decidió por Northwestern porque le gustó Chicago, donde se encuentra el campus. “Se convirtió en una especie de mito: tenemos una colombiana que es profesora de Northwestern”, recuerda Hernando Zuleta.


En Chicago tenía un apartamento más cómodo. A diferencia de aquel en Nueva York, ya no entraban ratoncitos. “Producía algo de susto, ser profesor en una universidad que es top 10, pero fue muy feliz esa llegada a un lugar inesperado”.



Raquel, la primera al mando


“Siento que a veces las barreras nos las imponemos nosotras mismas, pero es verdad que las barreras externas están, lo que pasa es que no creo que sean suficientemente grandes para detener el poder que tiene una mujer internamente”

“¿Y los niños con quién van a estar?”, le preguntó Zenobia Salazar a su hija, Raquel, cuando asumió como rectora encargada de la Universidad de los Andes, un hecho inédito desde la fundación de la universidad en 1948.


Zenobia es una mujer conservadora en temas de género. Contrario a Marco Tulio, su padre, que ha sido el principal impulsor de Raquel. “Como siempre, realizarás tu trabajo con la misma alegría y rendimiento como cuando eras niña en el colegio”, le escribió como felicitación por el nombramiento en la rectoría, en una carta que tituló “Raquel, la primera”.


Ella nunca se imaginó ser rectora. Desde su fundación, la rectoría de la Universidad de los Andes no la había ocupado una mujer. Pero eso cambió el 27 de agosto de 2021, cuando el Comité Directivo nombró a Raquel Bernal como rectora encargada, luego de que Alejandro Gaviria renunciara para hacerse candidato a la presidencia.


“Da un mensaje para las mujeres de que sí se puede, de que ser buen profesional, ser inteligente, ser riguroso y disciplinado permite a la gente llegar a tener buenos resultados profesionales”, nos dijo la economista Ana María Ibáñez, quien también es candidata a la rectoría.


Alejandro Gaviria y Raquel Bernal comparten visiones parecidas, son amigos y hasta viven en el mismo edificio. Ambos eran un equipo. Él, con una personalidad mediática, orador, de proponer ideas más que planes. Ella, ejecutiva, centrada en los resultados, con una personalidad reservada. La llegada de Bernal marcaría una continuidad, pero también significaría el inicio de un estilo distinto de liderazgo.


“Alejandro es un intelectual y un líder inspirador. Raquel es una persona más práctica”, nos dijo el profesor Hernando Zuleta. Mientras él era soñador, ella es realista. “Raquel tiene sus objetivos claros, y así los trabaja y se concentra en ellos. Alejandro es más disperso”, dijo por su parte la economista Carolina Soto, esposa del exrector.


Raquel ponía los pies en la tierra en algunas intenciones de Alejandro. Una vez, durante la pandemia, el entonces rector quería devolverse a la universidad, pero Raquel sabía que no se podía y lo persuadió para que no lo hiciera, nos contó María Andrea Leyva, directora de Educación Continua.


Raquel era el poder en la sombra, y de eso eran testigos los representantes estudiantiles. “A veces el rector nos decía cosas, buscando lo mejor para los estudiantes, pero que en términos académicos o del reglamento no era posible”, nos dijo Isabella Coronado, representante ante el Consejo Académico en el 2020. Más tarde, al enterarse, Raquel los llamaba o les enviaba correos para reorientar las decisiones del rector. “Al final decíamos: hay que preguntarle [primero] a Raquel”, nos contó Isabella.


Hoy, como rectora encargada, no hay correo que se envíe sin que ella se entere. Tal grado de control es incómodo para algunos, acostumbrados al estilo más relajado de Alejandro. “Es muy estricta, no todos pueden trabajar con una persona así”, nos explicó María Andrea.


“Desde que llegué aquí a la rectoría es cuando se me ha revelado más el machismo”, nos contó Raquel. En una ocasión, por ejemplo, para un almuerzo en la universidad el personal administrativo le preguntó de qué color quería que fueran los manteles. Antes, Raquel cuenta que no percibía el trato diferencial: “Nunca sentí que algo de mi género fuera una barrera para lograr un sueño, sino que todo estaba en mis manos”.


Esa visión fue cuestionada en un conversatorio que tuvo con MIA, el grupo con enfoque de género de la facultad de economía. Una estudiante comentó que a diferencia de la rectora encargada, otras mujeres sí sufren de esas barreras que les impiden avanzar por cuenta de su género. “Mi familia de verdad viene de un contexto que no es del privilegio, sino que yo he avanzado por la educación”, nos recalcó Raquel. Para ella es importante que sea respetado el punto de partida de cada una; el de ella: un padre progresista y en una época donde poco escuchaba sobre el feminismo como movimiento.


“Siento que a veces las barreras nos las imponemos nosotras mismas, pero es verdad que las barreras externas están, lo que pasa es que no creo que sean suficientemente grandes para detener el poder que tiene una mujer internamente”. Sin embargo, para ella la gran barrera hoy está en equilibrar las labores de cuidado y crianza de los hijos: “El prototipo de que unos cuidan y otros trabajan es lo que hay que romper lo más pronto posible”, nos dijo Raquel.



Lo que viene


Raquel tiene buenas opciones de convertirse en la próxima rectora de Los Andes. Según nos contó, el Consejo Académico la postuló y existe una carta de apoyo de algunos profesores. Además, viene liderando la universidad en los últimos siete meses y coliderándola desde hace casi tres años.


El apoyo de estudiantes del Consejo Estudiantil Uniandino (CEU) también parece dividirse entre ella y Ana María Ibáñez, quien compite en desventaja pues está en Washington. Recientemente, en la asamblea del CEU se discutió si publicar una carta para expresar su descontento con la candidatura de Eduardo Behrentz, el tercero en la lista de aspirantes.


Aunque su llegada a la rectoría fue circunstancial, ahora Raquel quiere quedarse. Y ha empezado a moverse para lograrlo. Cuando recién empezó como rectora no le gustaba que hicieran vídeos de ella, y se negaba a usar la oficina de la rectoría. Ahora la historia es otra, ahora quiere ser elegida como rectora.


En el instagram de la rectoría, por ejemplo, ha hecho dinámicas con datos curiosos sobre su vida y hasta una transmisión en vivo para que la conocieran mejor. Además, ha podido presentar ante el Consejo Superior algunos resultados de su reciente gestión en la rectoría.


Sin embargo, carga encima con el señalamiento de representar el continuismo de Alejandro Gaviria, quien dejó a la mitad su compromiso con la universidad para hacer política y quien tomó decisiones polémicas como la admisión automática de colegios en 2020-2.


Raquel responde a esas críticas diciendo que su plan, a diferencia del que planteaba el exrector, es de más largo plazo: “Francamente, en el momento en que Alejandro estaba en la postulación no había esta concepción del ciclo de vida”. El plan de la rectora encargada es convertir a Los Andes en la número uno de Latinoamérica con innovaciones educativas, el emprendimiento, la internacionalización y la diversidad de los estudiantes.


Según Raquel, su plan no está “pensando en la coyuntura, en cómo me salgo de un período difícil donde los costos se van encontrando con los ingresos demasiado rápido, sino pensando en el gran potencial que tenemos adelante”.


La candidata también dice que no renunciará si es elegida como rectora. “A mí me han ofrecido varios cargos y no solo en el sector público sino en otras universidades, y nunca he aceptado nada de eso, yo siempre he estado en esta universidad”, nos dijo. Dice que es escéptica de realmente lograr un impacto en el sector público o en otro país. “En todo caso, con la cara que tienen estas elecciones realmente no me vería en ningún lado [...]. No tengo ninguna intención de pasarme al sector público teniendo un trabajo como este”.


Hoy, más que nunca, Raquel sigue trabajando mucho. Es madrugadora, y si es necesario trabaja los fines de semana. Y para mantener ese ritmo, medita, y hace ejercicio 40 minutos tres veces por semana, y corre 7 kilómetros los sábados. No es para menos, está en la cumbre de su carrera. Pero sabe que, en algún momento, tendrá que parar. “Yo le digo a mi marido que se cuide porque en algún momento le voy a decir: empaqué mi mochila, usted se queda con los niños y me voy a mochilear por Europa —se ríe a carcajadas—. Yo me quedé con las ganas de hacer eso", nos contó.


Mientras mueve sus manos rápido, como ordenando cosas dice: “Ha sido: estudiar, trabajar, estudiar, después los hijos”. Y ahora lo siguiente en el plan: trabajar más.



 

Por: Santiago Amaya Barrantes