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A propósito de Ralph, ¿por qué los zoológicos son malos?

Stephanie Pedrozo es estudiante de Ingeniería Mecánica en la Universidad de los Andes. Aquí la primera parte de su columna "A propósito de Ralph, ¿por qué los zoológicos son malos? Parte 1: Propósitos imposibles de alcanzar y/o fingidos". Para contestar la columna envíe su propuesta a periodicoeluniandino@gmail.com.



Parte 1: Propósitos imposibles de alcanzar y/o fingidos


Hace unos meses se viralizó en las redes sociales el cortometraje Save Ralph. Esta campaña nos recordó, a partir de la antropomorfización de un conejo, que hay muchos animales sufriendo por culpa de los humanos. Su éxito radicó en la empatía que este personaje generó en las personas. Muchos pudieron sentir su dolor y lograron captar el mensaje que nos incita a prohibir el testeo de cosméticos o medicinas en animales. Fueron muchas también las personas que se solidarizaron con la causa y decidieron colaborar de alguna manera, ya sea boicoteando las empresas que aún permiten esto o donando a organizaciones cuyo objetivo es erradicar el testeo en animales. Aunque este fue un paso hacia la dirección correcta, todavía hay otros animales perjudicados por las actividades humanas. Entre estos, y de los más normalizados en nuestra sociedad, se encuentran los animales en los zoológicos. Estos lugares no son lo que aparentan y muchas personas no lo saben. Por consiguiente, se pretende desenmascarar las verdaderas intenciones y limitaciones que poseen. La finalidad de lo anterior es evidenciar que aquellos sitios deben ser clausurados pronto.



La creencia que la mayoría de personas tiene acerca de los zoológicos es que consideran todos los cuidados necesarios para cada una de las especies que resguardan, pero esto no es cierto. El principal problema que tienen los zoológicos es el espacio que se le destina a cada animal, ya que muchas veces es bastante pequeño y no cuenta con todo lo que los animales necesitan para estar cómodos. Esto sucede porque, incluso con un buen presupuesto y en las mejores circunstancias, es imposible replicar el ambiente original de la gran mayoría de animales salvajes. Ellos requieren mucho espacio, distinta vegetación e incluso la presencia de otros animales. Según la organización por los derechos de los animales PETA UK, los recintos de los zoológicos y los parques de safaris del Reino Unido son en promedio 100 veces más pequeños que el rango mínimo para los animales en sus hábitats naturales. En muchas otras especies el valor puede ser incluso más grande. Por ejemplo, según la Sociedad de Protección de Animales Cautivos Freedom for Animals, los tigres y los leones tienen alrededor de 18.000 veces menos espacio en los zoológicos que en la naturaleza y los osos polares tienen un millón de veces menos espacio.


Sumado a la dificultad para imitar su entorno natural, las motivaciones monetarias de los zoológicos terminan perjudicando a los animales. Los administradores prefieren ganar más dinero antes que asegurar el bienestar de los animales que utilizan. Por consiguiente, gran parte del capital de los zoológicos se va en publicidad y mejora de la tienda de regalos y no en la correcta adecuación de los espacios donde se encuentran los animales. También vale la pena mencionar que algunos zoológicos sufren pérdidas económicas, y por ende buscan formas de reducir los costos que, lamentablemente, también desmejoran el cuidado a los animales.


El principal argumento a favor de los zoológicos es la supuesta protección de las especies en peligro de extinción que brindan y por la que propician la reproducción en cautiverio. Esto suena muy bonito, pero la realidad es que muchos de los animales mantenidos en los zoológicos no están en peligro de extinción y aquellos que sí lo están, probablemente nunca serán dejados en libertad. Asimismo, liberarlos tampoco contribuye con la conservación porque la mayoría de los carnívoros criados en cautiverio y liberados en la naturaleza no sobreviven a la transición (aproximadamente el 66%). Lo que hace absurdo este tipo de esfuerzos de conservación. A esto hay que agregarle el hecho de que la mayoría de animales nacidos en cautiverio no cuentan con una gran variabilidad genética. Lo que significa que la reproducción de estos animales no va a ayudar casi nada a la preservación de sus especies y sólo generará una falsa sensación de conservación.


Otros propósitos que se le atribuyen a los zoológicos son la contribución a la investigación científica y la educación a la comunidad acerca de distintas especies. Pero lo que realmente sucede es que, en lugar del respeto por los animales, promueven la noción de que es aceptable mantenerlos en cautiverio (a pesar de su notable perjuicio) y que pueden ser tratados como una propiedad. De hecho, la mayoría de las personas visitan zoológicos más que nada en busca de entretenimiento que de formación. Luego los zoológicos deben dejar de regocijarse por tener el alto valor educativo que claramente no poseen. También cabe recalcar que el conocimiento que se puede llegar a obtener de estos animales se encuentra tergiversado porque los animales no se comportan de la misma manera como lo harían si estuvieran libres.


Un estudio desarrollado por Freedom for Animals en acuarios del Reino Unido encontró que el 41% de los animales en exhibición no tenían señales que identificaran a su especie: es decir, la información más básica que se puede aprender acerca de ellos. También sociólogos en el Reino Unido obtuvieron datos de niños entre los 7 y los 15 años, antes y después de que visitaron el zoológico de Londres. Los investigadores encontraron que el 59 % de los niños que tomaron un tour del zoológico guiado por educadores no tuvieron resultados educativos positivos. De este modo, está más que claro que el aporte educativo no es el principal propósito de los zoológicos. En general, se puede aprender mucho más acerca de estos animales en televisión, en canales como National Geographic, y en internet.

De lo anteriormente expuesto podemos notar que los presuntos objetivos de los zoológicos no pueden ser cumplidos ya sea por limitaciones biológicas, espaciales o monetarias, los zoológicos no aportan casi nada positivo a la conservación de especies o a su enseñanza. Ciertamente no hay argumentos válidos para mantenerlos abiertos y es mejor dejar que los animales salvajes tengan una vida digna en sus respectivos entornos naturales.


Por: Stephanie Pedrozo. Estudiante de Ingeniería Mecánica en la Universidad de los Andes.


*** Esta columna hace parte de la sección de Opinión y no representa necesariamente el sentir ni el pensar de El Uniandino.


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