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Tokio Drifter: La sutileza en el espectáculo y su evolución.



La dirección de arte siempre ha sido uno de los factores mas relevantes para consolidar el tono tan característico del noir. De la mano de la puesta en cámara que contrasta el negro del ambiente con grises claros ayudando a crear esa aura de oscuridad, el noir abraza la noche como una aliada, pero con la llegada del color al séptimo arte todo cambia. Tokyo Drifter(1966) abre con una secuencia cargada de un gran impacto visual, no nos encontramos dentro de la ciudad ni mucho menos en la noche, estamos a las afueras de Tokio, cerca a un muelle se ve a Tetsu (Tetsuya Watari) un ex maton de los Yakuza caminando sobre las vías del tren, el blanco de la luz del sol se entremezcla con su atuendo. Aunque el director Seijun Suzuki ha admitido que no hay mensajes ni simbolismo oculto entre sus obras, la fuerza visual que emanan sus cintas demuestra otra cosa, el vestuario de Tetsu a lo largo de la cinta bien se puede interpretar como la transformación sutil que vive el personaje, opacando su esencia poco a poco.


El tipo de estéticas logrdadas en este metraje solo se consigue gracias a la colorizacion del cine, Tokio Difter es el claro ejemplo de cómo las narrativas cinematográficas progresan a la par de la tecnología. Suzuki tuvo la particular característica de haber hecho una cantidad exagerada de cintas, las productoras japonesas trataban de emular el cine de clase B hollywoodense con producciones rápidas y baratas que sirvieran para generar ingresos fáciles sacrificando la calidad por la cantidad. Aquí es en donde lo impresionante sucede, un director con una visión tan marcada y con tanta personalidad es capaz de impregnar a su obra de una individualidad latente a pesar de las circunstancias. En este caso Suzuki aprovecha al máximo todos los recursos que ofrece este medio. Tokyo Drifter tal vez no sea la mejor obra de este maestro, pero es el claro ejemplo de un género adaptado a una cultura, un contexto y un formato distinto al de origen y que aun así conserva su esencia característica.


La temática principal del filme es el honor, tema que es recurrente en la cultura japonesa. Tetsu junto con su jefe Kurata (Ryuji Kita) se retiran como yakuzas y tratan de integrarse de una manera “normal” a la sociedad, con una convicción tenaz que se ve reflejada desde la primera escena en donde a pesar de recibir una golpiza de parte de otro grupo criminal, mantiene la calma y no se defiende demostrando su deseo de lealtad a las decisiones de su jefe. La estética de la escena nos recuerda a filmes clásicos de noir, los trávelin sutiles que acompañan al personaje y la clásica charla de mafia dentro del coche nos recuerdan a clásicos del género. En cuanto a estética, la música sigue con esa mezcla de estilos, el jazz característico del género ahora se ve unido en una sincronía especial con los resonantes tambores japonese. Sumado a esto, la iluminación llamativa se desprende de las raíces sumamente lúgubres. Sin sugerir nunca que la oscuridad deje de jugar un papel importante, solo que esta tendrá que trabajar de la mano del color. La escena de la disco explica muy bien esta conjugación, por un lado, el color es tan marcado siguiendo los parámetros de saturación de los 60, pero a su vez las sombras son el lienzo sobre el cual ese color se plasma, aunque el brillo de los colores sea abrumador el espectador esta consciente de la oscuridad que lo rodea. Esta escena nos muestra varias perspectivas, comenzando con Tetsu tratando de intervenir la negociación, su jefe a punto de ser asesinado y hasta la secretaria que confabula por amor. Es precisamente en este punto donde sucede el quiebre, Tetsu interviene y salva a su superior, su lealtad se demuestra y esto le cuesta la vida a la secretaria, su acto de nobleza lo condena, su pasado vuelve a él y un panorama desolador lo abruma. Ahora es un forajido, sin rumbo, con el premio de haber demostrado su validez hacia una figura de autoridad que lo acogió como un hijo.


Planteado el conflicto Tetsu deja la ciudad y a su amada, una cantante en un club nocturno. Los distintos grupos criminales van tras él al considerarlo una amenaza y un impedimento para sus planes, la ciudad deja de ser un personaje y ahora la naturaleza y lo rural predominan; este tratamiento tan particular del director ayuda a diferenciar a la cinta del resto del cine noir tradicionalmente asociado a un ambiente más urbano. La nieve y la luz de la luna remplazan el potente sol; y la noche se presta de mejor manera para la historia. El ex yakuza canta haciendo una alegoría a su carencia de sentido, es un errante. Pero luego esa letra lo va a definir como personaje, al final es la perdida de ese rumbo su verdadera identidad. La balada que canta se termina convirtiendo en su símbolo a tal nivel de que sus enemigos identifican que está cerca cuando la escuchan. Tras muchos enfrentamientos “El vagabundo de tokyo” encuentra a un viejo aliado, Kenji (Hideaki Nitani), un matón que a pesar de tener que asesinarlo, le demuestra fiedelidad y lo ayuda en camino, de hecho, él es una pieza crucial para que Tetsu entienda la verdad, pues el antiguo jefe del forajido llega a un acuerdo para salvar su vida a costa de la de Tetsu.


Una vez descubierta la verdad Tetsu inicia su regreso a Tokyo para la confrontación con el que alguna vez fue su mentor y figura paterna, y para terminar de una vez con este infierno que se desató sobre él. La iluminación se marca en los fondos brillantes, pero a pesar de esto se siente a la penumbra de la noche sobre todos, este encuentro sucede en el bar donde también está presente la antigua novia de Tetsu, quien en contra de su voluntad actuó en pro de la mafia. Tetsu elimina a todos sus oponentes y al verse derrotado Kurata se arrepiente de haber traicionado al hombre que le sirvió durante tantos años de manera tan fiel y decide suicidarse para demostrar que tienen al menos un poco de honor. Tetsu retoma su puesto de vagabundo y deja todo atrás alejándose de la mujer que lo traicionó ahora envuelta en lagrimas y aceptando su destino a la deriva.


Tokyo Drifter, no es el símbolo mas importante para el género noir ni mucho menos para la historia del cine japones, pero sí destaca por su estética que demuestra la adaptabilidad de un tipo de cine tan estereotipado, tanto a una cultura tan peculiar como lo es la japonesa como a los avances tecnológicos y narrativos de la época. El toque adecuado entre cultura, temática y temporalidad hacen de esta cinta una fiesta por donde se le mire, un manjar oculto que deja un sabor agradable y que puede servir de abrebocas para mas historias trastocadas del noir.

Por: Santiago José Patiño