• El Uniandino

The Sound of Metal y la 85

The Sound Of Metal, o como seguramente la llamaría esa persona que tradujo como Mi pobre angelito a Home Alone: La historia de un adicto, es un filme del 2020 dirigido y coescrito por Darius Marder. A pesar de que este sería un título con spoilers, es un buen nombre. A primera vista se creería que es una historia de superación de drogas o de ludopatía, como ya muchos habrán visto en varias películas; pero no, no es este caso. Esta es una adicción que muchos de nosotros tenemos, en especial la gente joven, estudiante y llena de ganas de vivir la vida porque: “solo se vive una vez”. Y así como la película nunca nos dice cuál es la adicción de Ruben (Riz Ahmed), nosotros muchas veces tampoco nos percatamos de que la tenemos en nuestras vidas.



Para ponernos en contexto y entender cuál es esta adicción tan placentera que nos afecta a todos en algún momento de la vida, hagamos una la sinopsis de The Sound of Metal: Ruben es baterista de una banda de rock conformada por él y su novia –quien a la vez es cantante de la agrupación–, Lulu (Olivia Cooke). Ambos viven de esto y tienen una vida sin preocupaciones, hasta que Ruben se va percatando progresivamente de que está perdiendo el sentido auditivo. Por este motivo, con la ayuda de su novia, encuentra una comunidad de gente sorda alejada de la sociedad, quienes pueden ayudar a Ruben a aceptar este problema que le está afectando. En la película, la sordera está situada como un personaje fundamental para el desarrollo de la misma; por ejemplo, se utilizan distintos planos –algunos con un silencio absoluto– para ponernos en los zapatos de alguien sordo y otros con algunos sonidos característicos ya sea de un concierto de rock, los pájaros de un parque o de una persona con problemas auditivos; estos cambios minuciosos que emplearon los mexicanos Carlos Cortés, Michelle Couttolenc, y Jaime Baksh, a cargo de la sonoridad de esta película, les valió el Oscar a mejor sonido en la última ceremonia de esta estatuilla.


¿Una adicción y un Oscar a mejor sonido? Precisamente esta es la dependencia a la que muchos estamos sujetos. Rubén es adicto al frenetismo de la vida, al ruido, a la necesidad de hacer algo o de compararse con los demás constantemente. Durante el largometraje, él enfrenta demasiadas situaciones complejas, como la crisis personal debida a su reciente imposibilidad de escuchar o a la vida junto a la comunidad de sordos, hasta la situación sentimental que afronta con su pareja. No obstante, su añoranza por los viejos tiempos y a su adicción a vivir de cierta manera lo llevan a tomar decisiones dudosas que terminan traicionándolo, con el fin de que se quiera tal cual es y se acepte a sí mismo, abrazando esos momentos de calma que tanto nos relajan y nos enseñan a avanzar en la vida.


Pero detengámonos un momento y pongámonos en la situación de nuestro protagonista. ¿Cómo es para un músico afrontar el hecho de que está quedándose sordo?, es un momento difícil claramente, y que a ojos de quien lo vea justifica sus decisiones irreverentes. En el filme, gracias a la dirección y actuación de Riz Ahmed, se muestra introspectivamente que dentro de la cabeza de Ruben hay una infinidad de pensamientos confusos, pasando por la impotencia, la frustración, el odio, entre todo lo que podamos imaginar. Es normal que sienta eso; todo lo que ha hecho en su vida y que realmente lo llena desaparecerá, o más bien cambiará. Tendrá que acostumbrarse a su nuevo estilo de vida y seguir adelante.


Ahora, les cambio la pregunta para relacionarlo a esta situación pandémica que vivimos. ¿Cómo es para un universitario afrontar el hecho de no poder ir a la universidad?, así como la esencia de un músico es poder disfrutar la música en todos sus aspectos, la esencia de un universitario es disfrutar aquello a lo que le decimos “vida universitaria”. De la misma forma como cada persona tiene la libertad de disfrutar la música a su manera –ya sea cantando, bailando o no más escuchando a su cantante favorito–, no hay una definición precisa de “vida universitaria”. Así que si a usted lo llena bailar entre la cafetería central y el C, salir de rumba a la 85 cada fin de semana o no más acostarse en el bobo todas las tardes, hágalo. Todas las actividades hacen parte de esta dudosa definición y sea como Ruben, que aunque le costó muchas malas decisiones el poder aceptar que su ritmo ya era distinto al de los demás, al final pudo encontrarse a sí mismo y aceptar que lo llenaba su nuevo estilo de vida.

Por: Juan Camilo León Junca