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Mesa de tareas: una nueva apuesta del documental colombiano

Dieciocho años son toda una vida, no en vano lo primero que llama la atención del documental Mesa de tareas (2021) es que siga a una familia del barrio Altos de Cazucá desde el 2001 hasta el 2018; tiempo en el que Andrea Rey, documentalista y realizadora de cine y televisión de la Universidad Nacional, vio crecer a los hermanos Chavista. El proyecto inició como un trabajo más para la universidad que buscaba filmar un momento de la infancia de Lady, Carolina, Cristian y Fabián. Sin embargo, la directora terminó por visitar diversas etapas de la vida de los cuatro hermanos para mostrar un retrato sincero de sus logros, conflictos y retos personales.


Con el pasar de los años el proyecto se transformó y las grabaciones tomaron una finalidad concreta: la creación de un documental que busca, como comenta Rey, “darle otra mirada a sectores que son estigmatizados y marginados”. La inclinación de Rey hacia los documentales no es accidental, nace de una mirada profunda a su entorno y de la convicción de que “es más chévere trabajar con la realidad. Hay muchas historias que están ahí, que solamente necesitan una cámara para ser contadas”.


Si bien es cierto que la desigualdad y la pobreza tienen un papel relevante en el filme, estos temas no son el foco principal del documental. Conocemos a cuatro individuos y nos encariñamos con ellos debido a la cercanía que tiene Rey con la familia Chavista. La narrativa que ofrece la directora resalta el paso de los años para cada uno de los hermanos sin perder de vista el hilo conductor que hace que su espectador recuerde detalles que enlazan el pasado y el presente. Gracias al juego con el espacio –evidente en el retorno a casa de los hermanos– y el énfasis en momentos cotidianos que son resaltados por la mirada rigurosa de Rey, no resulta difícil observar el documental desde una óptica que es favorecida por una narración íntima. Rey crea una experiencia sensorial que transmite el aroma del arroz que cocina Lady para sus hermanos, que hace resonar la risa de Carolina mientras juega y que permite que las emociones de los protagonistas trasciendan la pantalla. Pese a que los cuatro hermanos están permeados por sus condiciones socioeconómicas, esto no es lo más interesante que tienen para contar. Rey entabla un vínculo entre el espectador y los protagonistas y da lugar a un ejercicio periodístico de “ida y vuelta” por medio del cual podemos escuchar sus anhelos adolescentes y ver el curso que tomaron sus vidas.


El título del documental tampoco fue fruto del azar. Fue nombrado en honor a una mesita hecha por la familia con cartón y lata y destinada a las actividades escolares. Pero Mesa de tareas también refleja la falta de oportunidades y las luchas diarias –o las ‘tareas’, como dice Rey– que cada uno de los hermanos enfrentan, esas mismas que muchos de sus compañeros de infancia no lograron cumplir. A ellos justamente se dedica el documental, a los niños que no pudieron completar la tarea. Así, después de más de setenta horas de grabación, un año de edición y un proceso orgánico de producción del largometraje, Mesa de tareas le rinde tributo a las infancias perdidas en el país.


Por otro lado, lo que convierte al documental en algo tan entrañable es su narrativa y la forma en la que aborda a sus personajes. En el producto hay una crítica a la desigualdad que es construida a partir de la dignificación de quienes tienen que padecerla. Los hermanos son personas con ambiciones, sueños, sentimientos y valores. Rey no cede ante la opción fácil de mostrar imágenes desgarradoras, consecuencia de situaciones estructurales desfavorables; la directora se convierte en “casi un miembro de la familia” y este rol nos permite ser partícipes de su realidad, ver con sus ojos y construir un mensaje desde la empatía. Experimentamos de primera mano los desafíos a los que se enfrentan los hermanos, celebramos sus victorias y, al final del filme, creemos conocerlos y deseamos que a sus hijos les espere un futuro esperanzador. Esta visión no es gratuita, y es que el cariño de toda una vida no es fácil de resumir, por eso Carlos Cordero, montajista del documental, tuvo una ardua tarea para seleccionar los momentos que pudieran crear una narrativa íntima y real para el espectador desde las palabras de los cuatro hermanos.


Pero no todo fue color de rosa en la realización del documental. La falta de apoyo y financiación, las dificultades para encontrar espacios de proyección y los rechazos al proyecto son problemáticas usuales para las producciones audiovisuales colombianas y Mesa de tareas no fue la excepción. Su realización fue lograda gracias a una propuesta hecha al Fondo de Desarrollo Cinematográfico, un estímulo que se brinda por concurso para promover el cine colombiano y cuya alta afluencia de participación es un reto para todas las propuestas que compiten. Mesa de tareas tenía ventajas claves; la potencia del relato, su relevancia social y el largo alcance del documental hicieron indiscutible la necesidad de su realización. Tras esta victoria siguieron muchos logros más. El documental participó en el Festival Internacional de Cine de la Mujer, fue galardonado en el Seattle Latino Film Festival, la distribuidora Distrito Pacífico se unió al proyecto para colaborar en su difusión y promoción y será proyectado, a partir del 12 de mayo, en diversas salas a lo largo del país.


Andrea, Lady, Cristian, Fabián y Carolina cuentan con una misma cualidad: la tenacidad. La perseverancia que ha permitido a Lady y a Carolina sacar adelante a sus hijos, que aviva los sueños de Fabián, que llevó a Cristian a Buenos Aires, y que le brindó a Andrea Rey el reconocimiento de ‘Mejor Dirección’ en su ópera prima, nace de una convicción común que rescata la directora: “en un contexto rudo, hay que ser rudo”.


*** Mesa de Tareas se estará presentando a partir del 12 de mayo en salas seleccionadas de Bogotá, Soacha, Medellín y Cali. Para más información, consulte el siguiente link.




 

Por: Manuela Silva y Melissa Betancour