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La esperanza perdida del Príncipe Zuko

Avatar: La leyenda de Aang es una serie animada infantil que relata las aventuras de un grupo de jóvenes adolescentes que deben salvar su mundo de la guerra que lleva asediándolos por cerca de 100 años. Una serie que, aunque está dirigida para niños trata temas muy complejos y profundos. La esperanza es uno de los temas que se expone con constancia en el transcurso de la historia. La mayoría de las ocasiones este valor está encarnado por el avatar Aang, ya que es el símbolo de la paz. Sin embargo, otro personaje que puede retratar la esperanza desde una perspectiva más cruda es el Príncipe Zuko. A través de este personaje la serie construye un relato alrededor de la esperanza como un arma de doble filo que puede llevar a la persona que creer ciegamente en ella y caer en un ciclo de mentira e incertidumbre.



La primera vez que la serie nos presenta a Zuko es como el villano arquetípico que tiene el objetivo de atrapar a nuestros protagonistas (el equipo avatar) por el simple hecho de ser el malo de la historia. No obstante, en el transcurso del primer libro se nos muestra las verdaderas razones por las cuales el príncipe desea tanto atrapar al Avatar. El tío Iroh es el primero en relacionar a Zuko con la esperanza. Durante una tormenta eléctrica, Iroh le relata a la tripulación del barco de guerra la historia detrás de la cicatriz en el rostro del príncipe. Este la obtuvo tras negarse a pelear un Agni Kai con su padre. A consecuencia, el príncipe fue desterrado de su hogar con la condición de que, sí atrapaba al Avatar podrá volver y recuperar su honor y el respeto de su padre. Es esta recompensa prometida lo que le da a Zuko un motivo para continuar, le da esperanza. Sin embargo, al igual que como lo explica el sabio tío Iroh esa esperanza a la que está aferrado Zuko es una esperanza falsa que más que recompensa le traerá sufrimiento. Porque él, al igual que muchos de nosotros ya podemos anticipar, un padre que es capaz de quemar el rostro de su propio hijo solo por cometer un simple error de hablar cuando no era debido, nunca cumplirá una promesa como la que cree tan fervientemente Zuko. El príncipe en este caso se aferra a la promesa hecha por un padre abusivo. Este aspecto que nos presenta la serie a través del personaje se asemeja a situaciones en las que una persona es incapaz de reconocer el daño que se hace al confiar y aferrarse ciegamente a relaciones tóxicas y/o personas abusivas y manipuladoras. Una problemática que se presenta cada vez más dentro de nuestra sociedad; mujeres que soportan los maltratos físicos, psicológicos y hasta económicos de sus maridos es un ejemplo de los muchos que se pueden nombrar.


Continuando con la historia del príncipe Zuko, en esta parte del desarrollo del personaje se nos muestra la esperanza desde una perspectiva negativa. Ya no es el valor que anticipa un resultado favorable para la persona o circunstancia, sino una mentira. Una mentira que el príncipe cree ciegamente, en la que tiene fe. Al final del primer libro Zuko tiene que enfrentarse a esa mentira, pero aún no es capaz de aceptarla. Todavía se niega a creer que atrapar al Avatar no le traerá el cambio y honor que tanto desea, por el contrario, se llena de impotencia e ira hacía el mundo que, según él, nunca lo ha tratado de manera justa.


En el segundo libro, Zuko y Iroh son condenados como traidores de la Nación del Fuego lo que genera que estos escapen y se escondan en el Reino Tierra. Es en este lugar que Zuko experimenta el segundo arco de su historia de esperanza. Al principio del viaje el príncipe tiene que enfrentarse a la incertidumbre que le produjo la exposición a la mentira por la que tanto tiempo creyó. Durante este recorrido se cruza con varias personas que han experimentado la guerra y tienen una perspectiva de la Nación del Fuego muy distinta a la que Zuko toda la vida ha conocido. Aquí el príncipe inicia una etapa de aprendizaje que lo hace reconocer que el mundo en el que creía vivir y las cosas por las que creyó firmemente podrían no ser tan correctas como él pensaba. Zuko siente que, al perder la esperanza, esa ciega y falsa, ya no es capaz de reconocerse a sí mismo. No es capaz de discernir entre lo que es correcto y lo que no lo es, porque dentro de él se está viviendo una batalla entre la verdad y la mentira.


Una escena que expone muy bien este conflicto es la del rayo control. En esta el tío Iroh decide enseñarle a su sobrino la técnica de desviar un rayo. En un principio le quería enseñar a producir un, pero debido a que esta forma de control es principalmente violenta, Iroh considera que Zuko no está listo para enfrentarse a ella como consecuencia del conflicto interno que está cargando el personaje en ese momento. Por esto, el príncipe decide subir a la cima de una montaña en plena tormenta para así poder enfrentarse a la fuerza de un rayo real. Zuko con lágrimas en los ojos le grita al cielo que lo ataque con todo su poder porque, no importa que tan fuerte sea, este seguirá luchando por sobrevivir. Zuko se desahoga y grita desesperado por la incertidumbre que le produce haber perdido esa falsa esperanza a la que por tanto tiempo se aferró. Es este el inicio del ciclo de metamorfosis por la que el príncipe pasará y lo guiará a una esperanza mucho más real y verdadera.


Si bien Zuko acepta que esa esperanza que en un principio lo motivaba a actuar era una mentira, un lado de él quiere seguir aferrándose a ella como una última opción para recuperar su vida. Una vez que el príncipe logra volver a la Nación del Fuego, luego de que él y su hermana Azula hirieran de gravedad al Avatar y convencieran a todo el reino de que este estaba muerto, Zuko puede experimentar el tan anhelado honor y respeto que le habían prometido. Pero él no se siente satisfecho, por el contrario, siente que esa vida por la que tanto luchó por recuperar es falsa. Zuko se da cuenta de que esa esperanza ciega por la que tanto se aferró era solo un recuerdo de una vida pasada que nunca va a poder recuperar. Un recuerdo de su niñez junto a su madre, junto a su tío. Zuko quiere volver a un mundo donde no puede reconocer a la Nación del Fuego y a su padre como malos. En este punto finaliza la metamorfosis de Zuko y decide qué camino seguir, alejado de esperanzas falsas, de mentiras. La escena en la que el príncipe se enfrenta a su padre en medio del eclipse solar cierra por completo esta búsqueda de redención que el personaje venía construyendo durante los tres libros de la serie. Zuko le expresa a su padre que ahora la esperanza a la cual desea aferrarse es la de construir un mejor mundo en paz y armonía. Un mundo que no se base solo en recuerdos. Zuko encuentra una esperanza real por la cual luchar, ya no contra el Avatar, sino junta a él.


La historia del Príncipe Zuko nos expone una perspectiva sobre la esperanza que pocas veces se toca. Siempre cuando se habla de este valor se le maneja como el medio para llegar a un fin favorable para los personajes. Pero en Avatar, aunque también se trata la esperanza con esa perspectiva a través del personaje de Aang, Zuko logra retratar la lucha por la que muchas personas pasan al aferrarse a ideales, objetivos y esperanzas falsas. La historia del príncipe puede asimilarse a la de una persona que cree firmemente que bajar de peso y ser super delgada, como las modelos que salen en las revistas, le brindará felicidad, sin tener en cuenta el daño que le hace a su cuerpo y mente al realizar dietas extremas. En este caso, al igual que Zuko, la persona se aferra a una esperanza falsa, una mentira, ya que su idea de felicidad proviene de un imaginario construido por la sociedad desde una perspectiva sesgada, excluyente y tóxica sobre el “físico ideal”. Al igual que el príncipe, esta persona no tiene la culpa de aferrarse a mentiras, porque son construcciones que le han mostrado desde siempre, pero es su deber abrirse a diferentes perspectivas antes de aferrarse tan obstinadamente a una única esperanza, especialmente cuando esa promesa es falsa y tiene en cuenta pocos puntos de vista.


Avatar: la leyenda de Aang y en especial el personaje de Zuko es una historia que expone la crudeza de creer ciegamente en algo y no reconocer el daño tan profundo que esto nos hace a nosotros mismo. El proceso por el que pasa Zuko trata más sobre la búsqueda de este valor, la búsqueda de algo a lo que aferrarse y en lo que creer sin remordimientos. Zuko logra redimirse de sus errores al encontrar en el sueño de paz un medio por el cual acabar con el ciclo de ira, impotencia y violencia que trajo la guerra. Así Zuko logra encontrar una esperanza nueva para él y para el mundo. Una enseñanza que nos deja a muchos sobre las segundas oportunidades y la posibilidad de encontrar verdades y fe en nosotros mismo.


 

Por: Dafne Ovalle