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Cadáver exquisito: Las voces de un instante

¿Cuántas facetas puede una persona reconocer de sí misma? ¿Cuántas “personas” nos conforman? Cadáver Exquisito es una obra de teatro documental que nos relata una historia con varias voces que salen de un mismo cuerpo. Un monólogo del director, dramaturgo, guionista y actor colombiano Pedro Miguel Rozo que expone los demonios internos que invadieron la mente de Kevin Carter, fotógrafo sudafricano, antes de cometer suicidio. Una obra que te hace cuestionarte sobre la falsa moral de la sociedad y las miles de voces que no son escuchadas.


Cadáver Exquisito era un viejo proyecto de Pedro que, incluso, ya había sido montado por otras personas en el pasado. La historia surgió de una clínica de dramaturgia del grupo Teatro Temporal, quienes realizaron el primer montaje, con varios actores entre sus filas. El segundo montaje fue hecho por un amigo de Pedro en el extranjero, también con varios actores. Sin embargo, en esta ocasión él quiso actuar solo y convertir la obra en un monólogo. Desde un principio Pedro había pensado en la obra de esa manera, pero nunca había tenido tiempo para desarrollar la historia lo suficiente. Para él, un solo actor que le diera voz y vida a varios personajes podía expresar de una manera muy única las diferentes perspectivas de esta historia. Y es que Cadáver Exquisito es una obra de teatro documental, es decir una obra construida con base en una investigación de un hecho real, pero contada desde la mirada de Pedro. Esta parte del testimonio, de cómo surgió el montaje de la obra, es lo que más me llamó la atención. Daniela, la asistente de dirección, le hace comentarios bastante graciosos a Pedro sobre sus diferentes facetas como director, actor y dramaturgo, casi como si la persona que es Pedro se dividiera en varias. Un tipo de monólogo real de su persona.


Mientras recorría la sala del teatro donde se presentaría la obra me preguntaba cuántas personas podrían conformar el alma de una persona. Casi como extensiones más de nuestra personalidad. Pedro podía reconocer tres: la de director, actor y dramaturgo. La primera era fácil de identificar. La obra está acompañada de proyecciones visuales que le brinda a la narración un elemento tanto estético como narrativo muy poderoso. Para eso es necesario tener un director de video que organice cada uno de los clips e imágenes que se van a utilizar. Daniela es la encargada de eso. Media hora antes de la presentación se organizan detalles como la ubicación del proyector y el correcto funcionamiento de las luces. La faceta de Pedro como director sale a relucir en ese momento. Por un pequeño desnivel en el piso del escenario, la pantalla de proyección está levemente inclinada hacia un lado más que del otro, lo que genera que las imágenes se vean un poco torcidas. “Yo soy muy cositero” dice y le indica a Daniela hacia qué dirección mover el proyector para que la inclinación sea más leve y no se note el recuadro negro en la parte inferior de la pantalla que lo pone nervioso. Esta misma característica minuciosa la presenta el personaje de Kevin Carter, quien esperó horas, bajo el sol ardiente de Sudán para tomar una fotografía que recorrería el mundo y le traería tanto elogios como fuertes críticas.


En 1993, The New York Times publica en primera página la fotografía de una niña sudanesa famélica siendo acechada por un buitre. The Struggling Girl, así es nombrada la fotografía cuya publicación en el periódico atrajo la atención y preocupación de los lectores que, desesperados, llamaron para conocer el destino de la pobre niña. La respuesta de The New York Times sobre la “recuperación de la niña” fueron mentiras que el mismo Kevin les dijo. Él nunca supo qué le había pasado realmente. A pesar de haber pasado horas esperando a que el buitre abriera las alas para conseguir una “toma perfecta”, nunca se enteró de si la niña había llegado al refugio de la ONU que se hallaba solo a unos cuantos metros de donde tomó la foto. La paciencia con la que esperó por horas bajo el inclemente sol de Sudán, no a que la niña se levantara, sino a que el buitre abriera las alas es esa faceta de director cositero que Pedro también reconoce en sí mismo. Otra parte de una misma personalidad. Me pareció muy interesante poder identificar, incluso en mí misma, esa faceta perfeccionista que tanto Kevin como Pedro reconocen y que, gracias a esta obra, pude volver a descubrir y reflexionar al respecto. Una de las tantas voces que no son escuchadas.



Tras la publicación de la foto, Kevin Carter fue premiado con un Pulitzer, un reconocimiento que él no recibió con entusiasmo debido a las fuertes críticas que le llovieron por no haber ayudado a la niña. Otra faceta de Pedro, el dramaturgo, encontró en esta historia una manera de explorar ese sentimiento de soledad que le produjo el encierro de la pandemia. Según él, el teatro documental brinda un tipo de cercanía que otros medios artísticos dramáticos, como la televisión, no logran. Sin embargo, la principal razón por la que Pedro decidió volver a retomar este proyecto fue el descubrimiento de que esa niña de la fotografía era en realidad un niño llamado Kong Nyong quien vivió muchos años más después la publicación de la fotografía. Un hecho que Kevin nunca supo debido a que un año después de haber recibido el premio, y sumido en una profunda depresión, acrecentada por el asesinato de su mejor amigo, Ken Oosterbroek en Thokoza, Johannesburgo, tomó la decisión de suicidarse. Para Pedro este hecho le da una vuelta de 360 grados a la historia. Una de las cualidades del teatro documental es el hecho de siempre estar reescribiendo la historia y, luego de este descubrimiento, Pedro sintió la necesidad de volver a presentarla esta vez con un factor que, según él, le agrega algo completamente nuevo al relato. En una escena de la obra se puede ver a Pedro interpretando a los tres personajes: Kevin, la niña y Kong. Esta parte de la historia es especialmente poderosa porque enfrenta a los personajes y a los espectadores a las voces de la verdad que antes, tras la bulla causada por la sociedad y su falsa moral, no pudo ser escuchada.


Finalmente, la discusión sobre la falsa moral, que es presentada en la obra con ironía, abre el debate a un tema sobre el periodismo de guerra que muchos, incluida yo misma, ignorábamos o dábamos por hecho. Kong, el protagonista real de la fotografía, murió a los 17 años por una fiebre muy alta que no pudo ser tratada como consecuencia de los pobres servicios de salud de su país. No falleció siendo acechado por un buitre, ni después de la poca empatía de un fotógrafo, sino por la ignorancia de una sociedad que, posterior a llorarle un par de horas a una fotografía, creyó que ya había hecho suficiente por esas pobres almas que, desgraciadamente, nacieron en un territorio que al que nadie desea realmente ayudar.


Condenaron a Kevin por un instante, por una decisión y no reflexionaron más allá de cómo esos instantes o determinaciones diarias que nosotros mismos tomamos también pueden estar afectando a otros niños en Sudán, Honduras, Afganistán o incluso en la misma Guajira. Pedro dice una frase durante la obra que me parece muy hermosa: “Los instantes son como una bala”. Cadáver Exquisito, es una obra sobre instantes, voces y facetas que nos abre la puerta a reflexiones profundas sobre nosotros mismos, las decisiones pequeñas o grandes que hacemos y cómo condenamos al silencio a esas voces que merecen ser escuchadas.




 

Por: Danfe Ovalle