• El Uniandino

Alicia Silverstone en la lente de Aerosmith

Corría el año 1993, cuando la legendaria banda de rock Aerosmith utilizó su fama para hacer de Alicia Silverstone (17 años para ese momento) un ícono de la mujer de la década. Para pensar la perspectiva con la que se veía a la actriz es importante reconocer el contexto de la música como un mercado. Entonces, vender música mediante videos musicales implica crear también imaginarios llamativos para la audiencia que consume esta música. En otras palabras, se crea un estilo de vida alrededor de la música para formar un ideal en sus consumidores. Así que, evidentemente, la mujer que quería crear Aerosmith en el ideal de sus consumidores implicaba esa sexualidad (incluso erotismo) de mujer que habita el rock y que, como éste, puede llegar a ser controversial. Sin embargo, considerar lo anterior como razón de la creación del personaje que encarna Silverstone es ver sólo la superficie. Aerosmith utiliza los 3 videos musicales en dónde aparece la actriz (Cryin’, Amazing y Crazy) para crear una temporalidad no necesariamente expuesta sobre cómo Alicia Silverstone aborda el desamor y lo reconfigura.



La trilogía inicia precisamente con la ruptura, la idea de amar es una noción que parece demasiado simple para el rock y para este caso la cinematografía del video musical debe bailar al ritmo de la canción para que ambos elementos sean un éxito. Podemos ver en los minutos iniciales la pasión sexual como representación del amor. Proponer esta escena como síntesis del amor no solo parece puesto a razón de la corta extensión de un video musical, sino que, a su vez, desde la perspectiva de la ruptura, el tiempo del amor nunca parece haber sido lo suficientemente largo y lo que se recuerdan son los momentos de la cúspide de ese amor. En esta historia de despecho, el recorrido está acompañado con un rasgo inesperado para ejemplificar la manera en la que la mujer aborda esa ruptura: las marcas en la piel. Con tatuajes y perforaciones Alicia recorre las etapas de ese duelo. El tatuaje que se muestra en la primera escena simboliza esa noción de estar incompletos y buscar la otra mitad en el otro. Sin embargo, mientras su pareja llevaba la marca en la mano, Alicia la cargaba en el pecho. Lo anterior, quizá como símbolo del lugar y la manera en la que se concibe que la mujer se entrega al amor con su vida mientras las manos del hombre muestran esa necesidad de la materialidad (superficialidad) para que los sentidos decidan cómo se completa con otra persona.


En una escena próxima, Silverstone cubre este tatuaje incompleto con una sirena que no supone solo un símbolo de la mujer sensual del mar, sino que más profundamente implica la noción peligrosa de la seducción de este ser mítico, evidenciando cómo la mujer borra el rastro de ese desamor con una necesidad de venganza no convencional. Alicia se construye como una “femme fatale” a lo largo del video. La perforación en el ombligo culmina este duelo de pérdida con la aceptación y, más aún, con la exaltación de una marca en la piel que está completa y que es decisión únicamente de ella. Estos símbolos resultan de manera perfecta en el juego que se hace con el espectador al pensar que Alicia, mujer, moriría de amor porque su hombre la cambió. Pero, por el contrario, ese salto del puente busca jugar con la seguridad masculina de su protagonismo en la vida de la mujer para desarmar este imaginario en una Alicia Silverstone que cae amarrada a un cable en la cintura y se despide con la señal del dedo de su audiencia.


En su retorno legendario, Silverstone llega el mismo año a protagonizar el vídeo de Amazing. Desde el título, hay una implicación fuerte que si se liga con el video anterior conjuga el concepto de esa necesidad que pierde límites por volver a concebir el amor desde ese desenfreno. En un video casi futurista, Aerosmith musicaliza a un adolescente en su cuarto con su computadora que juega a ser un hombre más grande y atractivo para llegar a la mujer del icónico video de su banda favorita (Cryin’ de Aerosmith). Una historia que juega con la cuarta pared para relacionar aún más a sus espectadores con el rol femenino sensual que le otorgaron a Alicia. En esta oportunidad parece reafirmarse la conclusión anterior de la falsa dominación que el hombre cree tener. Este video parece insinuar siempre esa masculinidad frágil en el sentido de la sexualidad que rodea al hombre. Esto, acompañado de una Alicia Silverstone que al comienzo parece ser solamente un avatar creado por un hombre pero que al final muestra que es justamente quien maneja sus acciones. Evidentemente, lo anterior es un gran guiño de lo que sucede en los videos, esa noción del hombre que ve a la mujer bajo todos los filtros y expectativas que esto conlleva, no es más que la superficie de la mujer que no entra en estos parámetros y controla la situación. Específicamente, el fragmento en el que el joven busca que el avatar de mujer que crea en ese espacio virtual comparta los gustos que él quiere contiene una gran importancia al pensar que es la misma Alicia la que maneja a este joven. En otras palabras, la mujer le da esa ilusión de que puede tener todo lo que quiera de ella, y que su postura de hombre puede moldearla a la manera que prefiera y aún así no controlar la situación ni estar alerta porque su posición de privilegio nunca le hizo pensar que posicionar a la mujer detrás suyo iba a jugar en su contra, teniéndola a ella ahora como testigo y observadora de sus debilidades.


Con esta Alicia que pasó por el desamor y ahora está armada con lo que aprendió de observadora y con las conclusiones que recogió de esto, sería de esperar un video del punto máximo de la “femme fatale”. Sin embargo, el rock nuevamente no es tan predecible y lo que busca mostrar Aerosmith en su cierre de la trilogía Silverstone es el poder que ha adoptado lejos de la necesidad de una relación con los hombres. Lejos del hombre, pero no necesariamente de lo masculino. Este aspecto es el más interesante al analizar el video. Alicia es ahora acompañada al mismo nivel de Liv Tyler, hija del vocalista de la banda, en una especie de sororidad que muestra una exaltación del presente y de ese camino que tanto resaltan los videos de la trilogía ahora recorrido por dos mujeres que se detienen cuando quieran. Silverstone parece ahora concebir su sexualidad como arma a su favor y muestra un evidente reconocimiento de la fragilidad de los hombres ante la sensualidad femenina. Después, ocurre esta escena de disfraz en el que Alicia se vuelve hombre hegemónico correcto que entra a un club para poder ver a su amiga Liv Tyler disfrutando de esa sensualidad a la que ella se acerca ahora de una manera distinta. Encarna ahora una nueva noción de masculinidad en la que su visión de mujer ya le entregó el poder del hombre sin que perdiera su esencia de sensualidad. Casi como una reivindicación.


Marty Callner es el director responsable de esta trilogía y quizá lo anterior no sea más que una sobre interpretación de una mirada masculina predominante en un entorno de estrellas de rock que posicionaron a la actriz como objeto de consumo. Pero, incluso cuando esto pueda ser cierto, no se debe dejar de lado las implicaciones de una narrativa que se crea por fuera de los imaginarios de sensualidad estereotipados. Quizá, al concebir los videos como obra que se aleja de su creador, Alicia Silverstone resalta aún más y puede verse con las implicaciones previamente mencionadas.


 

Por: María José Huérfano