• El Uniandino

Yo soy porque me puedo ver

El cine ofrece fantásticos puntos de vista que buscan siempre darle al espectador una mirada novedosa sobre una trama en específico. Uno de los aspectos más llamativos que ocurre en la mayoría de los filmes es la relación de la filmación sobre un reflejo del personaje en cuestión. Es decir, lo que vemos no es al personaje, sino la manera en la que este se ve a sí mismo. Este filtro se presenta sobre múltiples superficies, y es precisamente este rasgo el que expone el rol que juega el entorno con respecto al personaje. En su mayoría, este reflejo proporciona un signo de la identidad del personaje y de autorreconocimiento. Esta idea se genera al considerar que el poder ver una imagen de sí mismo hace real y tangible la existencia misma. En un nivel filosófico, previo incluso a la idea de Descartes del cogito ergo sum (pienso luego existo), la existencia se define de forma primaria y, previo a cualquier consideración científica o filosófica, se la entiende bajo la premisa de la exterioridad. Con esta idea, nos podemos remitir a la noción de lo que puede ser percibido por los sentidos, y en la temática del cine, además de lo auditivo, el sentido primordial es el de la vista. De esta manera, los personajes son conscientes de su existencia porque pueden verse en los elementos que conforman el espacio en el que desarrolla su historia. Ahora bien, para pensar en el reflejo como exterioridad es preciso contemplar las características que este objeto refleja. Así, la dicotomía macro se inscribe entre lo artificial y lo natural. Este tema ha tenido históricamente muchos autores que han teorizado sobre el punto en el que se marca la diferencia entre ambos. Sin embargo, con fines prácticos para el presente texto se comprenderá al ser humano como parte de lo natural y todo aquello creado por él como lo artificial.



En primer lugar, con lo que atañe a la idea de lo artificial es muy llamativo evidenciar cómo se relaciona el creador con su creación. Es especial cuando esta creación no solo se convierte en un fragmento de él, sino, en este caso, en una representación completa. Con respecto a esto, muchas de estas representaciones tienden incluso a la transformación del ser o la creación de una nueva realidad para poder representar al personaje. Este es el caso de filmes como El aprendiz de brujo (Jon Turteltaub, 2010). A través de la dimensión del espejo, se muestra el opuesto del mundo real y el reflejo de los personajes no transgrede como otro, sino que se mantiene el original y debe enfrentarse ahora a la idea en la que todo ocurre en el sentido contrario en el que debe ocurrir según lo que este conoce.


Por otro lado, el largometraje Alicia a través del espejo (James Bobin, 2016) evalúa la creación de una nueva realidad desde lo ominoso como una muestra de la creación del personaje. Alicia entra a su realidad ya no con el poder sobre ella, sino como un personaje más de sus sueños que refleja parte de sus recuerdos e incluso de su propia personalidad.

Otro aspecto de la idea del reflejo en lo artificial se elabora desde la proyección del yo como personaje y el espacio del reflejo en el espejo o incluso en otras superficies –creadas por el ser humano– como pista para lo que ocurre más adelante en la trama. Este recurso se evidencia en películas como À bout de souffle (Jean-Luc Godard, 1960) y El cisne negro (Darren Aronofsky, 2010). En el primer caso hay infinidad de rasgos característicos de este filme, sin embargo, es interesante el juego de los gestos frente al espejo de Michel y que luego reproduce Patricia. Muestra el aspecto caricaturesco de los personajes que se presentan como arquetipos. Cuando realizan estos gestos frente al espejo muestran cómo, a pesar de estar haciendo los mismos, cada uno está interpretándolos con el antecedente de lo que son. Además, es un momento significativo porque, a pesar de que Patricia le sigue el juego a Michel, se va a evidenciar la traición de ella y el verdadero poder que posee. Adicionalmente, con reflejos en las vitrinas por las que pasa Patricia y cómo toca su vientre en una escena se muestran secretos que no se revelan explícitamente en el filme. Así, el reflejo se vuelve la proyección de Patricia como mamá.



Por su parte, en El cisne negro la trama de la película funciona en gran parte mediante la dualidad de la protagonista que propicia el espacio del espejo. Este filme es muy interesante para destacar la idea de identidad sobre todo desde el espacio del trastorno de identidad disociativo (TID). Y precisamente los espejos favorecen para configurar la brecha en la que se muestra este contraste identitario. Las dos personalidades del personaje de Portman se enfrentan durante todo el filme para los ojos del espectador. Pero los momentos en los que el personaje se enfrenta a sí misma se inscriben siempre en los espejos. Nina (Natalie Portman), esto principalmente en los momentos del ballet cuando baila y transforma todas sus emociones en esta disciplina. En estos momentos, el enfrentarse en el espeja vuelve tangible estas emociones que requiere su personaje y hace que pierda su ser consciente todo con el objetivo de resaltar la dualidad de su personalidad para cumplir el requisito que le exige su papel.




Otro aspecto del reflejo en la superficie artificial es en los momentos en los que ese reflejo muestra a más de un personaje. En estos momentos es posible evidenciar como el reflejo se vuelve una muestra de la manera en la que estos interactúan. Es más, el reflejo de los personajes en el espejo revela aspectos del poder que tienen sobre el otro, mostrando nuevamente pistas de cómo continúa la trama a partir de estas relaciones. Un buen ejemplo de esto es el filme The Handmaiden (Chan-Wook Park, 2016) en el cual constantemente se alude al tipo de relación de las dos protagonistas en los reflejos del espejo. Escenas como la del vestido muestran la relación de poderes enmarcando a la doncella como la mujer que pierde su agencia para servir a otra y convertirse en una extensión de ella, mientras que la mujer a la que sirve la viste y “disfraza” de algo que la doncella no imaginaba llegar a ser nunca. Esta relación evoluciona y está en constante cambio en la trama, pero el juego de los espejos muestra siempre la tensión existente entre ambas y cómo poco a poco va cediendo para concluir en un reflejo mucho más equilibrado de las dos.



Desde otra perspectiva, es importante destacar la importancia de los espejos (y en general reflejos en ventanas o vidrios) como una característica del cine de terror que genera tensión en el espectador. Esta tensión se podría entender por la sugerencia de la relación de poder con el personaje que representa la maldad en un plano espiritual. La omisión de rostro conocido en la materialidad del espejo hace que al presentarse un personaje que es víctima del villano siempre se vea en riesgo. Esto, principalmente porque retoma la idea del espejo como portal en el que el ser inmaterial puede hacerse presente y tomar al ser terrenal como un inferior para dañarlo.


En el caso del reflejo que se genera en superficies naturales, recordemos lo natural incluyendo al ser humano, el cine muestra espacios mucho más en calma y que buscan un mensaje más de retorno al origen de la vida. Estos reflejos buscan trazar una significación del momento que atraviesa el personaje con respecto al modo en el que se comporta este elemento. Entre estos elementos el más común es el agua, y este medio se suele pensar desde la manera en la que fluye, con su carácter no permanente y siempre cambiante al presentar los ríos y los cuerpos naturales de agua en general. Así, en los personajes que se reflejan en esta trae la noción de lo efímero y la constante necesidad por transformarse. En largometrajes como Desde mi cielo (Peter Jackson, 2009) es fascinante evidenciar el juego con los reflejos, especialmente porque la protagonista se encuentra del otro lado del portal que crea el reflejo. Por lo tanto, el personaje no esta buscando retratarse en él sino buscar el fin último de este portal. En esta película hay una gran escena en la que Susie (Saorise Ronan) intenta ver ese fin último que debe alcanzar mientras se refleja en el suelo que pisa sin siquiera ser consciente de esta reflexión. Este suelo, y el hecho de que ella esté de pie sobre él viendo el firmamento en el punto donde el cielo se une con la tierra, trae la idea del agua y del mar. Así, no solamente puede ella flotar completamente sobre el mar, sino que ya no precisa de contemplarse en el agua para considerarse como sujeto efímero. Es casi como si ella, como ser espiritual, reconociera su fugacidad y buscara la manera de alcanzar el punto máximo de la misma.



En el caso de Mulán (Tony Bancroft y Barry Cook, 1998), el reflejo significativo de este filme ocurre al inicio de la película como el momento decisivo del conflicto de la trama, tanto en una superficie artificial como en la natural. Al ser un filme destinado a la población infantil, el acompañamiento de la banda sonora con el tema Reflection (compuesta por Jerry Goldsmith e interpretada por Christina Aguilera tanto en la versión en inglés como en español) destaca este espacio como catarsis del personaje. Este espacio de reflejo se crea primero en el agua como el camino hasta llegar hasta el altar de los ancestros. Primero, Mulán se observa rápidamente en el agua estática que está en donde bebe el caballo. Este fragmento de la escena muestra a la protagonista con su maquillaje completo y la idea de que el agua esté fuera de su origen para ser “controlada” da a entender las limitaciones de la vida que se espera de ella al cumplir el destino que se le da como mujer en su sociedad.


A continuación, Mulán camina hacia el altar de sus ancestros y atraviesa un lago en el que su reflejo está ahora completo y se puede ver su vestimenta por completo. Aquí nuevamente se muestra la quietud del agua como seña de las fronteras delimitadas que se establecen en su cultura para la mujer. Sin embargo, lo curioso de la escena es cómo se muestra el reflejo en una especie de línea recta que lo más cercano que puede ver de su reflejo son sus pies. Es decir, su rostro (la muestra máxima de su identidad) se encuentra en lo más lejano del lago, casi siendo lo más fácil de separase del cuerpo con el ondear del agua. Parece mostrar, de esta manera, lo lejana que se siente Mulán con esta representación que se espera de ella. Es casi como si se viera sumida no solo en el filtro que le proporciona el reflejo sino también por el vestuario (como símbolo de disfraz) que se le ha impuesto.



Por otro lado, en cuanto al reflejo artificial en el que el personaje se refleja, Mulán llega al altar familiar, esto muestra una noción del artificio más elaborada ya que se inscribe en la creación en torno a la tradición. Esta idea de tradición elabora además un espacio común con el cual también se configura la identidad de una comunidad específica, en este caso, la cultura china. El hecho de que Mulán se refleje en estas lápidas de los ancestros que representan el legado de su familia. Ahora bien, una de las escenas más significativas es cuando empieza a despojarse de su maquillaje y este queda a mitad de su rostro. Este momento representa la pista hacia el futuro de la trama en el que Mulán no es solamente su instinto guerrero que, de acuerdo con la época, solo podía inscribirse en lo masculino, sino que trae la valentía y fuerza al espacio femenino (como se muestra al final del filme) para elaborar algo completamente nuevo. En otras palabras, al no encontrar un espacio al que pertenece completamente es preciso que lo cree.


Para concluir, todas estas significaciones que se le pueden dar a la interacción de los personajes con su exterioridad no son más que una seña de la importancia que tiene la perspectiva del personaje y lo que opina de sí mismo. El pensar cómo esta identidad juega con el entorno y la representación de sí mismo, se convierte muchas veces en otro que le revela cosas nuevas, abre la puerta para nuevos análisis en los que un personaje y su trama pueden cambiar en consideración cuando son enfrentados a una reflexión de sí mismos. En otras palabras, los espejos y el agua, en especial, se vuelven elementos de las escenas que cambian a los personajes, fortaleciendo la importancia de los objetos que influyen en la trama de manera significativa.


Por: María José Huérfano Cuervo




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