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Sobre el Decálogo del Gobierno de Gustavo Petro

Jose Manuel Bedoya Marin es abogado y estudiante de la especialización en Derecho Comercial de la Universidad de los Andes. Aquí su columna "Sobre el Decálogo del Gobierno de Gustavo Petro". Para contestar la columna envíe su propuesta a periodicoeluniandino@gmail.com.

Emotivo, cimero y para nada exiguo, son algunos calificativos que pueden darse al discurso de posesión de Gustavo Petro en el cual prometió acogerse a una hoja de ruta basada en diez principios. Este decálogo será la herramienta para llevar al país a buen puerto, a una Colombia humana, pero qué tan conducente es este medio que puede convertirse en el baremo de su gestión.


Las promesas no son nada nuevo en un acto de posesión, es más, muchos mandatarios han dejado el solio de Bolívar deudores de sus palabras; las promesas incumplidas han sido algo endémico que pareciera imposible de acabar. Se prefiere el miraje, soluciones fáciles y ligeras, contrario a un diagnóstico certero.


Por otro lado, Petro señaló enérgicamente y con plena convicción: “Se acabaron los no se puede, los siempre fue así”, dando a entender que su gobierno será de promesas cumplidas, sobre todo de cambios estructurales, especialmente en materia social.


El primer tema del decálogo en palabras de Petro: “Primero: trabajaré para conseguir la paz”, lo que se traduce en un compromiso por materializar el acuerdo de paz firmado desde el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP. De manera reciente el nuevo mandatario acuñó el término de “paz total” para denotar la importancia del fin que promueve, uno de cambio social, que integra los diversos centros de poder y grupos inmersos en conflicto; un ambiente de presteza al conflicto dialogado.


En consonancia con lo anterior el plan de gobierno del Pacto Histórico se encuentra en innegable conjunción con los informes de la Comisión de la Verdad, puntualmente se comparten ideas como la creación de un ministerio para la paz y la reconciliación, la reforma política estructural, medidas y garantías para la protesta y la movilización social, la inclusión de grupos históricamente excluidos que consoliden una democracia incluyente, amplia y deliberativa; el tránsito hacia la regulación legal de algunas drogas consideradas hoy ilícitas y la transformación del sector seguridad. Muchas de las mencionadas ya están en trámite en el Congreso de la República, lo que demuestra que el gobierno actual es consciente que a pesar de tener mayorías -necesarias para poner en marcha sus proyectos de reforma- tiene un enemigo, el tiempo. Cuatro años de gobierno son pocos para abordar el sinnúmero de reformas estructurales que se ambiciona, que aspira a superar las realizadas por gobiernos anteriores, en especial el de Santos, quien a pesar de haber implementado la reforma constitucional más grande hecha en nuestro país desde la Constitución de 1991, denominada la reforma de equilibrio de poderes, no cambió la situación institucional del país.



Los siguientes puntos son la inclusión y prioridad de personas y grupos históricamente marginados: “Segundo: cuidaré de nuestros abuelos, abuelas, niños y personas con discapacidad, personas que histórica y socialmente han estado marginadas de la política. (…) Tercero: gobernaré con y para las mujeres de Colombia. (…) Cuarto: dialogaré con todos y todas sin exclusiones, un gobierno de puertas abiertas. (…) Quinto: escucharé a las y los colombianos, no seré un gobierno a distancia, acabaré con las cortinas de la burocracia”.


Con esto dejó en claro que no va a negar los problemas estructurales del país, contrario a ello los reconoce y va a trabajar para solucionarlos. Estos, también fueron reconocidos por las hegemonías partidistas de otrora que no lograron darles un fin. Cabe resaltar que el mandatario es consciente que la exclusión de uno o varios grupos del escenario democrático y de las políticas públicas ha sido una de las causas del origen y permanencia de la violencia, la historia ha enseñado que los excluidos o parte de ellos suelen reclamar con violencia el reconocimiento de su existencia y de su derecho de participar; hecho que se quiere evitar en este cuatrienio.


Siguiendo con la exposición se llega a los temas de la violencia y la corrupción, fenómenos nada ausentes en el país, ineludibles, y presentes en todas las agendas presidenciales y no dudo en incluirlos: “Sexto: defenderé a las y los colombianos de las violencias (…) Séptimo: lucharé contra la corrupción sin miramientos”. Acá es importante resaltar la propuesta de seguridad que se pretende implementar, que difiere mucho de las políticas de seguridad de gobiernos anteriores, pues como lo aseveró Petro: “Se requiere una seguridad humana que se mide en vidas y no en muertes o bajas militares” para ello se propone cambiar la doctrina de la fuerza pública y estructura de la misma. En cuanto a la corrupción es pertinente mencionar que sobrevive por la tolerancia y prácticas clientelistas no sólo de funcionarios del gobierno central sino en su mayoría de los locales, el gran desafío sobre el cual no se escucho propuestas.


Después del primer mes de gobierno Petro parece consciente no sólo de la oportunidad histórica, sino también del trabajo y vicisitudes que se le han de atravesar. Pero no dudó en asumir esa responsabilidad, reconociendo que estos viejos problemas que reclaman soluciones van a irrumpir en su agenda del día a día, como una gota incesante que busca romper la piedra de la paciencia y la firmeza.


Al finalizar su programa no excluyó temas como: “Octavo: protegeré nuestro suelo, subsuelo, mares y ríos , aire y paisajes. (…) Noveno: desarrollaré la industria nacional, la economía popular y el campo colombiano”, temas banderas del Pacto Histórico y los cuales generan mayor incertidumbre entre el sector empresarial e industrial por el aporte que hace la economía extractivista al PIB, misma que se pretende reemplazar por una economía productiva y por energías más limpias, temas que muchos aseveran no se lograran materializar en su gobierno, por el tiempo que se requiere en la implementación de las mismas.


Finalizando su discurso, Petro cierra haciendo un canto al unísono por el cumplimiento de la Ley: “(…) Décimo: cumpliré y haré cumplir nuestra constitución”. Y un poco entusiasta manifiesta su esperanza de alcanzar altos niveles de igualdad, “la igualdad ya no será una quimera” decía él, consciente que el cambio no sólo le corresponde a su gobierno sino a todos y todas los colombianos, de ahí su exhortación a que los mismos se involucren en el cambio que se pretende, una oportunidad que ojalá los colombianos sepan aprovechar .


 

Jose Manuel Bedoya Marin, Abogado y estudiante de la especialización en Derecho Comercial de la Universidad de los Andes.


***Esta columna hace parte de la sección de Opinión y no representa necesariamente el sentir ni el pensar de El Uniandino.