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Resguardo indígena Wounaan: raíces que narran verdades

En esta entrada, Paula Andrea Tavera, estudiante de la Pontificia Universidad Javeriana, expone como la primer mujer transgénero indígena de su comunidad da paso a la reflexión sobre cómo estos cambios no se desligan de la tradición y el respeto por la cultura y familia dónde tuvo el privilegio de nacer y vivir para fomentar convivencia, partiendo del concepto de diversidad.

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Más allá de las montañas que cubren la ciudad y donde el sol logra ocultarse, se llega al resguardo indígena de la comunidad Wounaan. A unos veinte minutos del barrio Obrero, saliendo por entre la naturaleza y las últimas casas, por donde los niños salen a saludarte entre las ventanas; se siente una clase de despedida de la ciudad para entrar por completo a una cultura totalmente diferente y aún más profunda.


Al llegar se logran divisar las casas, el fuego, la alberca y una especie de maloca, en donde vive la mujer más anciana de la comunidad junto con sus dos nietos. Ella refleja la sabiduría, sin lugar a dudas tan solo con verla se siente la conexión de magia con sus costumbres. A su lado estaba su nieta tejiendo manillas en mostacilla checa con diversos colores y diseños para poner a la venta en el mercado de Quibdó.


Los niños revolotean al vernos, pues nuestras grandes mochilas son de gran diversión para ellos y así mismo, las infinitas ganas de jugar y enseñarnos su hogar los impulsa. Muchos de ellos se divierten al pasear con nosotros por todo el territorio, los demás prefieren contarnos sus historias de aventura y lo que hicieron en el día. En ese instante, me di cuenta del gran amor que esta comunidad tiene por compartir su cultura, pues como uno de los jóvenes me decía, “nuestra vida no puede quedar en papel, sino en la educación y enseñanza de nuestros pueblos”.


Nunca fue más mágico y divertido en ese día que organizar la zona de acampar, pues teníamos como fondo un atardecer que entre sus variaciones de morado y rosado, reflejaba aún más el espíritu y la autenticidad del resguardo. Se hizo una fogata para todos y esa noche la comunidad nos enseñó sus bailes típicos, con ritmos de tambor. Nos invitaron a bailar y no me había divertido tanto, pues desde los movimientos y la compañía de la fogata, se logra una conexión espiritual muy grande con ellos y la naturaleza.


Esa misma noche, las mujeres nos enseñaron la infinidad de diseños en mostacilla checa y miyuki que tienen para la venta. El trabajo artesanal es impecable y viene acompañado de un gran estudio sobre el color y el diseño apropiado para cada uno, teniendo en cuenta la diversidad de significados de su cultura, para poder transmitirnos a partir de esas piezas. En ese momento, un poco apartada de mi, vi a una de las líderes de los diseños hablando apasionadamente sobre su trabajo y la importancia de dicho emprendimiento social para su comunidad, pues es posible plasmar el origen y la grandeza de las comunidades indígenas en Colombia. Su nombre es Ali Carpio y es la primera mujer transgénero de su comunidad. Su historia es deslumbrante y muestra de la valentía del ser humano en toda expresión, pues sin lugar a dudas, no pierde su esencia y cultura, a pesar de tener dicho tránsito de género.


Alcides Carpio Chocho, nació en el seno de una familia Wounaan, conocida como marcial chintado, junto con sus cinco hermanos. Desde la infancia tuvo una familia muy estable, a pesar de los desplazamientos forzados a causa del conflicto armado; jugaba con sus hermanos a las muñecas y siempre ocupaba el rol de mamá. Ello fue la punta de lanza de lo que sería un nuevo giro en su vida y la inconformidad de ocupar un cuerpo que no le pertenecía. En las comunidades indígenas esta prohibida la homosexualidad y cualquier índole relacionado con la comunidad LGTBI, como es el caso de Alcides. Tras varios años de sentir disconformidad y la ley de indígena sobre el respeto a la naturaleza en sus hombros, sintió que como ser humano debía expresar ese llanto, amor y frustración por sentirse una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre. La desunión de su familia y comunidad al enterarse se tornó en un rechazo y en efecto, la echaron tres veces, dado que sus padres manifestaban que les corrompía toda una generación.



Con el tiempo, su proceso hormonal la ha conducido a cambiar completamente sus rutinas y redujo su angustia psicológica y emocional, permitiéndole moldear paulatinamente sus sueños. Ahora, tres años después de salir de la prisión de su propio cuerpo, adoptó el nombre de Alis. Sigue siendo un tabú para su familia, al ser la única mujer transgénero de la comunidad Wounaan de dicha región. Deseó ser licenciada de lenguas pero no recibió la beca de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD), se retiró y giró sus metas a la creación de una fundación donde indígenas pertenecientes a la comunidad LGTBI de la región, tengan un espacio de convivencia y representación, con el fin de apartar los prejuicios y eliminar las barreras entre la tradición y la diversidad de género y pensamiento. Por lo tanto, Ali como ella misma se presenta al mundo, conserva la pasión y gran respeto por sus ancestros, mediante la artesanía y el valor de familia. Parte vital de su cultura es el arte de tejer, sus técnicas construyen redes que son transmitidas de generación en generación, padres a hijos; siendo este el pilar para la base de dicho sueño.


Visibilizar la cultura del bajo Baudó en el Chocó es la labor de preservar la tradición de estos pueblos. La misión de Ali es que mediante talleres de tejido y pintura corporal realizada con jagua que es un árbol, al cual se le extrae la tinta del fruto más conocida como khipar en lengua Woun Meu, se logren diseños que muestren una imagen íntima de la identidad de los Wounaan. Manifiesta que la elaboración artesanal de estos productos es esencial para el tejido social porque devuelve la mirada a entender la riqueza cultural que almacenan. La inspiración que subyace en el khipar surge de su propio significado; fortaleza, sabiduría y protección. Desea alcanzar el sueño de ser la primer modelo transgénero de origen indígena, mediante la representación de su cultura, especificamente la artesanía.


Esta mujer es muestra del liderazgo y transformación, a partir de un proyecto artesanal que actualmente trasciende fronteras en la región del Chocó y el país. Ser la primer mujer transgénero indígena de su comunidad da paso a la reflexión sobre cómo estos cambios no se desligan de la tradición y el respeto por la cultura y familia dónde tuvo el privilegio de nacer y vivir para fomentar convivencia, partiendo del concepto de diversidad. Conocerla en ese momento fue todo un placer y privilegio.


A la mañana siguiente, despertamos con música y el canto de los gallos por detrás de las casas. Se sintió como amanecer en un pequeño nido, en donde la naturaleza te toca por completo, desde las sensaciones de la tierra hasta el sonido ambiente. Me bañé en la alberca con agua helada y fue lo más divertido de todo, pues son experiencias que jamás se olvidan, nos pone en contextos muy distintos a los corrientes y como citadina, me encuentro en la posición aventurera de querer explorar todo para llegar y emerger a los demás en la magia de estos espacios en Colombia.


Por último, el resguardo indígena de la comunidad Wounaan es el espacio en donde el cielo se une con la magia y la vida es muestra de grandeza y tradición. ¡Muy pronto volveremos a sentir las vibraciones de esta tierra, desde sus bailes, artesanías, lengua e historias! Todos tenemos la responsabilidad de tener el respeto más sagrado hacia ellos y las diversas comunidades a lo largo de nuestro país. Los quiero invitar a visitar Wounaan Chiou, un emprendimiento social increíble que cuenta con el liderazgo de todas las mujeres de esta gran comunidad, con el objetivo de llevar cultura a otros lugares de Colombia y el mundo.




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Por: Paula Andrea Tavera, estudiante de Comunicación social y Artes visuales de la Pontificia Universidad Javeriana


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