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Ni claro ni oscuro. Un café bien tibio por favor

Santiago Cruz es candidato a grado de Ingeniería Industrial en la Universidad de los Andes y observador preocupado de la realidad. Aquí su columna "Ni claro Ni Oscuro. Un café bien tibio por favor". Para contestar la columna envíe su propuesta a periodicoeluniandino@gmail.com.

“Es culpa de Santos, no, es culpa de Petro, incorrecto, es culpa del castrochavismo y la ideología de género.” Echarle la culpa a otros es una costumbre común en la retórica de nuestros gobernantes y la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, es una usuaria fiel. Es un hecho que la gestión que le ha dado el Gobierno Nacional a la migración desde Venezuela ha dejado bastante que desear. Sin embargo, eso no implica que la Alcaldía de Bogotá pueda usar de chivo expiatorio a la población migrante para evitar reconocer que su política de seguridad no ha dado resultados. No se puede negar que hay criminales venezolanos, todos los periódicos y medios se aseguran de recordarnos cada día, pero la inseguridad de la ciudad es un problema que va más allá de la llegada de migrantes. Parece que cada vez que Claudia se refiere a la inseguridad en la ciudad en su boca debe estar la palabra “venezolano” y rara vez palabras en las que reconozca que su labor debe mejorar. Su nuevo comando diseñado específicamente para tratar con criminales del vecino país tiene sentido pues la situación de irregularidad de muchos migrantes requiere de estrategias distintas. ¿Pero que esa sea su única propuesta concreta contra la inseguridad? Suena coyuntural y para nada conciliadora, además de exacerbar la xenofobia y no proveer una salida clara para la crisis en la que está la ciudad en materia de seguridad. Para entender la situación de la ciudad creo que es necesario comprender las heridas abiertas que dejó la pandemia y buscar formas de reconciliar la relación con una población que ya hace parte de la mole urbana que es Bogotá.


¿Ya se vacunaron? Recuerdo que en mayo de este año veía lejano el día que le tocara a mi grupo poblacional la vacuna contra el COVID-19, pero de la nada el Plan de Vacunación Nacional aceleró de una manera que sorprendió a más de uno. Inicialmente cada grupo poblacional se demoraba aproximadamente mes y medio, pero desde hace un par de meses parece que cada 15 días se vacuna uno nuevo. ¡Ya están vacunando niños de 12 años! Aunque esto viene con consecuencias que en este momento se están empezando a vivir, Colombia no tiene las vacunas para mantener este ritmo. Se están acabando las vacunas, quienes se hayan puesto recientemente su primera dosis de Moderna están ahora a la expectativa de saber cuándo podrán ponerle ese segundo sello al carné de vacunación y encontrar una primera dosis de cualquier otro laboratorio se está tornando cada vez más difícil. Además, si se revisa el nivel de cobertura por grupo poblacional se ve claramente que los grupos para los que la vacunación se tomó con calma están mejor cubiertos que los grupos que han sido vacunados en medio de este arrancón que pegó el Gobierno Nacional. Espero que esto no lo hayan hecho en busca de poder cumplir con las metas planteadas para el año sin tomar en cuenta el ritmo al que pueden llegar las vacunas al país. Realmente deseo que el Gobierno logre solucionar este problema de abastecimiento porque realmente pensé que lo estaban haciendo bien, que Iván podría tener una victoria clara en su tiempo como presidente. Por ahora sólo queda esperar, pero por favor el día en que se puedan vacunar, háganlo, no sean el chico raro de la fiesta.


Puede que las vacunas nos puedan salvar del COVID-19, pero no del cambio climático. Hasta Nueva York, “la capital del mundo”, se inundó igualito a como lo hizo el deprimido de la 94 hace un tiempo. Canadá vivió temperaturas equiparables a las de Barrancabermeja, sólo que está unas cuantas latitudes más al norte. Hasta Alemania sufrió inundaciones completamente inéditas para los teutones, pero lamentablemente rutinarias para comunidades rurales del país. Los climas inclementes que han golpeado a los países tropicales durante décadas están empezando a afectar a los países cuyas actividades generan esos climas de película apocalíptica. ¿Como que quemar carbón ya no suena tan buena idea para generar electricidad, no? Si se ve un mapa de emisiones de CO2 por habitante, “el primer mundo” se lleva la delantera por mucho. Esto es triste porque cualquier acción que se tome a pequeña o gran escala en países del “tercer mundo”, como nosotros, puede que mejore la situación local pero no logrará cambiar el curso de esta carrera contra el tiempo que ya está en sus últimas. Aunque esto no es excusa para ignorar la deforestación, minería ilegal (y legal), e intereses petroleros que amenazan la diversidad de nuestro país que parecemos ignorar bastante seguido. Esperemos que estos eventos sean la espabilada que requieren las grandes economías del mundo para abrir sus ojos y darse cuenta de que el cambio climático ya comenzó a pasar la factura que sonaba tan lejana. Mientras tanto vámonos preparando para más mañanas soleadas y tardes lluviosas en nuestra querida Bogotá.


Colombia está ahora entrando en su propia carrera también, la carrera por la Casa de Nariño y con todo lo que ha sucedido en este último año y medio promete ser más emocionante que un partido de la Selección (aunque últimamente cualquier cosa es más emocionante que ver a la tricolor). La entrada de Alejandro Gaviria, el rector más memeable que ha tenido la Universidad de los Andes, mueve más al ya dividido sector del centro. Oscar Iván Zuluaga parece listo para su segunda quemada, más proponiendo un referendo contra la corrupción similar a uno visto hace un tiempo. Pero claro, como lo propuso la oposición no cuenta. Gustavo Petro ya está cerca de poder conformar su propio partido político, así sea a tutelazos, y de terminar de consolidar su fuerte candidatura. Queda por definir quien recibirá el codiciado título “del que diga Uribe” para que realmente empiece este evento que decidirá el futuro del país.

Por: Santiago Cruz. Candidato a grado de Ingeniería Industrial en la Universidad de los Andes, observador preocupado de la realidad.


*** Esta columna hace parte de la sección de Opinión y no representa necesariamente el sentir ni el pensar de El Uniandino



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