• El Uniandino

Moda y menstruación

La ropa interior para la menstruación ha ganado popularidad en los últimos años como parte de una ola de productos menstruales más amigables con el medio ambiente. Estos presentan una alternativa a productos desechables como las toallas higiénicas o los tampones. Sin embargo, ha habido cierta resistencia al uso de esta ropa interior. Por un lado, son productos mucho más caros que los desechables, con algunas marcas cobrando más de 70 mil pesos por cada prenda. Por otra parte, a pesar de que el movimiento feminista ha avanzado mucho en luchar contra el estigma que rodea a la sangre menstrual, el tabú se mantiene. Esto lleva a que se presenten muchas preocupaciones por el olor de la sangre en la ropa interior absorbente. Es más, en casi todas las páginas de preguntas frecuentes de marcas de ropa interior absorbente hay preguntas acerca de la higiene de estos productos. Así, podemos notar una percepción de que usar un producto de tela una y otra vez para absorber la sangre menstrual puede ser poco higiénico. Teniendo en cuenta que esta ha sido la práctica más común a lo largo de la historia, es curioso que ahora haya dudas sobre la higiene de los productos reutilizables.

La relación entre productos menstruales y moda no empieza con la ropa interior absorbente que está tan de moda actualmente. De acuerdo al artículo “A short history of modern menstrual products”, antes del ingreso al mercado de las toallas higiénicas desechables en 1918 las mujeres usaban prendas menstruales caseras hechas de tela. Algunas excepciones en el siglo XIX a los métodos caseros eran los pantalones de caucho (ver foto 1) o unos cinturones a los cuales se ataban los precursores de las toallas higiénicas modernas. Sin embargo, estas alternativas aparecen únicamente en países como Inglaterra. Con esto, podemos ver cómo los productos desechables son más bien recientes y podemos empezar a investigar por qué los productos reutilizables se ven como antihigiénicos.

Sin embargo, con el surgimiento de las toallas higiénicas Kotex y posteriormente, los tampones modernos en 1933, la relación entre moda –o al menos tela–, higiene y menstruación empezó a cambiar. A partir de este momento las innovaciones en productos desechables siguieron aumentando hasta tomar la forma de los productos menstruales más conocidos hoy día. No obstante, es importante aclarar que hasta la década de 1940 en Europa las vendas de tela caseras se siguieron usando.


Tras la popularización de los productos desechables, la percepción de la sangre menstrual como antihigiénica empezó a volverse incluso más universal, pues ya las mujeres no tenían que lavar sus telas a mano, sino que podían desechar sus tampones en la basura. Como sociedad tendemos a ver los fluidos corporales como desagradables; sin embargo, hay diferencias entre los niveles de desagrado que se experimentan. La sangre menstrual se ve de forma más similar a las heces o la orina que a la saliva y la mucosa. Por ejemplo, mientras hay gente que compartiría un cepillo de dientes con un ser querido sin pensarlo dos veces, hay mucha más resistencia a tener contacto con la sangre menstrual. Es más, en comparación a otros tipos de sangre se ve como más desagradable. Mucha gente lamería una cortada en el dedo o besaría la herida de un niño; incluso es normal consumir la sangre de animales en la carne término azul, pero la idea de probar nuestra propia sangre menstrual resulta asquerosa para la mayoría de mujeres.


Adicionalmente, las descripciones de la sangre menstrual en textos médicos utilizan lenguaje para describirla como “desecho” y señalan la presencia de tejidos “muertos” en la menstruación. Así, desde el lenguaje que usamos para referirnos a la menstruación le añadimos connotaciones negativas. Mientras que, por una parte, la sangre puede ser símbolo de poder y fuerza —por ejemplo “mi sangre está hirviendo” se refiere a estar enojado—, en contraste, la sangre de la menstruación se representa en términos de pérdida y de debilidad.


Ros Bramwell plantea en su artículo “Blood and Milk: Constructions of Female Bodily Fluids in Western Society” que la vergüenza que rodea a la sangre menstrual puede ser explicada debido a que sale por la vagina, una parte del cuerpo asociada con lo sexual. Esto, además, está relacionado con el asco que se siente por la menstruación, puesto que el sexo tiende a verse de forma muy ambigua en nuestra sociedad y está a menudo asociado con lo “sucio”. Con esto, podemos ver cómo la sangre menstrual se ha construido como algo asqueroso. Así, esto nos da algunas ideas sobre la preocupación por la higiene en la ropa interior absorbente, pues la menstruación ha sido asociada a la suciedad. Entonces, no resulta extraño que alguien se preocupe por la higiene de un producto que tiene contacto con la sangre menstrual una y otra vez y preferir utilizar un producto que pueda desecharse una vez haya cumplido su función.


En todo caso, es importante matizar este rechazo a los productos menstruales reutilizables, pues no todas las mujeres han tenido igual acceso a los desechables. Es más, como ya lo mencioné anteriormente, la breve historia que describí no es homogénea, pues los primeros productos menstruales como el pantalón de goma se dieron en Inglaterra. En la mayor parte del mundo las telas y gasas han sido usadas todo este tiempo, por lo cual, la preocupación por la higiene de la ropa interior absorbente proviene de un sector reducido de la población. Aterrizándolo al caso de Colombia, de acuerdo con los datos publicados por la fundación PLAN, 5 de cada 10 niñas de poblaciones vulnerables no tienen acceso a productos para la menstruación y 1 de cada 3 niñas falta al colegio durante la menstruación. Así, hay una desigualdad de clase en la percepción y acceso a productos menstruales, pues la mayoría de mujeres se ven obligadas a usar métodos caseros y no muy efectivos para absorber su sangre menstrual.


Con todo esto, podemos ver cómo la relación entre moda y menstruación es muy compleja, pues una desigualdad a nivel geográfico y económico en el acceso a distintos productos menstruales a lo largo de la historia. La ropa interior absorbente se presenta como una alternativa que, junto a la copa menstrual, presenta más opciones para las mujeres. Sin embargo, estas no solo son costosas, sino que vienen acompañadas por muchas preocupaciones por la higiene. En todo caso, la moda ha sido un espacio de innovación para permitirle a las mujeres estar más cómodas durante su menstruación siempre y cuando rompamos con los tabúes que rodean a la sangre menstrual.



Por: Mariana Ardila