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Música y cine: cuatro películas para hablar del mejor matrimonio de la historia


En el 2015 un grupo de científicos del Instituto Max Planck de Neurociencia y Cognición Humana de Leipzig (Alemania), hizo una serie de experimentos para determinar la razón por la cual muchos enfermos de Alzheimer no podían recordar ni su nombre pero sí la letra de canciones con las que habían tenido algún vínculo emocional durante su vida. Los resultados, aunque revelados con cautela, mostraron que el cerebro tiene una “zona especial” para el almacenamiento de música, un rinconcito separado del lugar en el que se guardan los recuerdo episódicos, semánticos o autobiográficos y que es especial, sobre todo, porque sufre hasta cincuenta veces menos daños tras el deterioro provocado por enfermedades degenerativas o accidentes. Además, se sabe que en lo referente a recuerdos de corto plazo y dentro de la llamada memoria sensorial, los recuerdos auditivos o ecoicos son más resistentes y eficientes que los visuales. Es importante seguir la cautela de los científicos alemanes y no dar por sentados los hallazgos de un campo que sigue en estudio, pero resulta difícil para un melómano no emocionarse con lo que parece comprobar la importancia de la música en todos los campos, incluyendo al que será protagonista en este texto: el cine.


Al pensar en su película favorita, muchos traerán a su cabeza imágenes de escenas que los marcaron, pero seguramente otros tantos también recordarán diálogos, sonidos y canciones que pasaron a tener algún nivel de importancia en sus vidas; y es que, como bien se mencionó anteriormente, los recuerdos musicales pueden perdurar más y ser más resistentes. Así pues, no es extraño que si quiero hacerlos pensar en Sylvester Stallone en su icónico papel en Rocky sea más útil para mi reproducir Gonna Fly Now de Bill Conti que describirles alguna escena de la película. Tampoco sería raro que, si les pido que reproduzcan Psycho Suite de Bernard Herrmann, piensen inmediatamente en una escena de terror aunque nunca hayan visto la película a la que pertenece la canción: Psycho de Alfred Hitchcock. Aún así, a lo largo de la historia del cine ha habido un debate constante por determinar si la música es un elemento más, con una determinada función dentro de las películas, o si es un todo, inseparable de las imágenes. Pero tranquilos, no vamos a entrar en el debate porque no queremos torturarlos sino deleitarlos.


A través de Instagram les preguntamos qué bandas sonoras eran sus favoritas, les presentaremos acá a la ganadora indiscutible junto a tres películas que, por su uso de la música, creemos que deberían tener en su lista de favoritas. Sin embargo, antes de iniciar haremos algunas aclaraciones de términos que vale la pena tener en cuenta para entender mejor el uso sonoro que se da en los largometrajes incluidos, pues al usar el término “banda sonora” estamos hablando de algo que puede variar según su interpretación y/o traducción.

La banda sonora de una película hace referencia a todo aquel sonido, e incluso a los silencios, que acompañan a las imágenes en pantalla; aquí entran en juego los diálogos, los efectos de sonido y, por supuesto, la música. Eso sí, por ser lo más llamativo se suele limitar el uso del término a la música, pero más vale advertir que no es lo único que engloba. Ahora bien, al hablar de la música en el cine hay dos categorías más: el score y el soundtrack. El primero hace referencia a las piezas musicales que acompañan algunas escenas o momentos de la película y, que por lo general, son realizadas por uno o más compositores para el largometraje de forma específica. El score, además, no suele tener momentos vocales de importancia y suele ser interpretado por una orquesta. El soundtrack, por su parte, hace referencia a la selección de canciones –muchas de ellas pre-existentes– que se seleccionan para la película porque pueden ir bien en ella, pero que no necesariamente fueron creadas con ese fin. Es común que el soundtrack pertenezca a bandas o grupos de diferentes géneros. Un buen ejemplo para entender ambas clasificaciones es la primera película de Back To The Future de 1985, ¿recuerdan la escena en la que Marty toca la guitarra en el baile en el que se enamoran sus padres? La canción que suena es Johnny B.Goode del legendario guitarrista Chuck Berry. La película propone una paradoja temporal en la que un supuesto primo de Chuck lo llama para que escuche la canción y este termina componiéndola aunque ya existía y por eso Marty la conocía (Dark come chitos), lo cierto es que en el filme los personajes interactúan con la canción y la hacen parte de su realidad dentro de la ficción –a eso le llamamos música diegética–; no podemos hablar de score porque la canción no se creó para la película pero se acopla perfectamente a ella. La que sí hace parte del score es Back to the Future de Alan Silvestri. Pensemos, así, en que en los premios Oscar se premia el “original score” y no el soundtrack (aunque también se premia la canción original). La traducción de términos puede hacer todo más confuso porque el soundtrack se traduce como banda sonora y en los premios la traducción del “original score” también es banda sonora. Pero tranquilo, querido lector; para su mayor practicidad incluimos películas que suenan bien sin importar si las canciones fueron compuestas para la película o si simplemente se trata de una gran selección musical.



1. Intersetellar (2014), Christopher Nolan

En el futuro, la humanidad, que destruyó de forma irreversible el planeta, no tiene más salida que buscar un nuevo planeta al cual trasladar su población como única esperanza para evitar la extinción. En medio de todo, un padre es elegido para viajar hasta la órbita de Saturno con el objetivo de encontrar un agujero de gusano que podría llevar a la humanidad a una galaxia lejana con planetas potencialmente habitables. Para ello debe abandonar a sus hijos y enfrentar el hecho de que cada hora lejos de la tierra podría equivaler (literalmente) a años en la vida de su familia. Así, son dos las fuerzas que mueven a la película y a la música en ella: el poder de la ciencia al servicio del ser humano y el amor.


La película, que fue la más mencionada en nuestra encuesta, tiene sus bases en una famosa ópera espacial: 2001: A Space Oddyssey que, desde que vio –y nos mostró– la luz en 1968, lo cambió todo. Kubrick nos entregó una de las primeras películas de ciencia ficción futuristas, que inspiró a George Lucas a crear Star Wars y a la que tantos guiños le hicieron los hermanos Nolan en Interestellar. Pero 2001: A Space Oddyssey fue, además, un ejemplo de cómo usar la música para representar el espacio. En su caso fue usada Also Sprach Zarathustra de Richard Strauss (1986), la pieza terminaría convirtiéndose en un cliché de las producciones audiovisuales de temas espaciales, evolutivos o de homínidos. Para Interestellar, Nolan quería algo totalmente diferente y para ello recurrió a un compositor con el que ya había trabajado antes y quien, no en vano, se ha convertido en uno de los más importantes de las últimas décadas: el alemán Hans Zimmer.


Para crear una atmósfera acorde con la dualidad de la historia, Nolan, que apenas empezaba a hacer la película, le pidió a Zimmer –sin contarle el género ni los detalles de su proyecto– que compusiera una pieza en la que se representara el dolor de un padre que se marcha prometiendo que va a volver, pero sin saber cuándo; el resultado fue la indiscutiblemente bella y dolorosa Stay. En un segundo momento y conociendo a profundidad la temática de la película, Zimmer debía crear el sonido de la genialidad de la ciencia, el ser humano siendo Dios para salvarse a sí mismo. ¿Cómo lograr un sonido tan amplio y poderoso? La respuesta la encontraron en la London’s Temple Church y su gigantesco órgano del siglo XVII. En dicho siglo el artefacto tecnológico más desarrollado y complejo era precisamente ese órgano, creado para estar al servicio de Dios. Zimmer no solo usó el sonido de tan majestuoso instrumento, sino que además aprovechó todos los sonidos captados en la iglesia –ecos, lluvia, rayos–, más la grabación de un coro cantando de espaldas, golpes de instrumentos, relojes y vientos, para utilizarlos en una técnica de producción conocida, sobre todo en el rock, como Wall of sound: un bloque de capas de sonido que, al estar apelmazados, no permite que haya huecos o espacios que se escapen del sonido, una alusión perfecta a los agujeros negros, protagonistas de la película.


Aunque Interestellar tuvo una recepción mayoritariamente positiva, muchos aseguran que no es el mejor trabajo de Nolan y le otorgan gran parte de su éxito a la genialidad del score creado por Zimmer. Si aún no ha visto la película o si, tras sus casi tres horas de duración, aún no logra digerirla del todo, esta es una buena ocasión para verla y ponerle cuidado a su música y a sus silencios extraterrestres.



2. Her (2013), Spike Jonze

Siguiendo la línea de ciencia ficción, pero esta vez más íntima y, tal vez, más dolorosa, encontramos Her. Allí Theodore, un escritor a punto de divorciarse, adquiere un sistema operativo del que termina enamorándose. La premisa de la película contada así no más podría parecer vacía, pero con una fotografía y una banda sonora perfectas, y además con la actuación impecable de Joaquín Phoenix, es casi imposible no lagrimear en algún punto.


Spike Jonze, que muchos conocemos por su trabajo en videos musicales de bandas alternativas y experimentales (Sonic Youth, Daft Punk, LCD Soundsystem) y no tanto por su trabajo en la gran pantalla, utilizó su característico estilo para darle mayor fuerza al sentimiento más presente en la película: la soledad. Con una escenografía serena, colorida y placentera que se opone al lado distópico de la historia, Jonze logra que nos centremos enteramente en los sentimientos del protagonista que, tras un año de aislamiento por la cuarentena, podrían ser perfectamente los nuestros.


Con la banda sonora no podía hacer menos y por eso le legó la composición del score a Arcade Fire y Owen Pallet, con quienes ya había trabajado previamente y que en ese momento estaban en la producción de su cuarto álbum de estudio: Reflektor. La decisión no pudo ser mejor, porque la banda canadiense, en la que todos sus miembros son multi-instrumentistas y experimentados en arreglos orquestales, son también un referente de la música indie de los últimos años, una buena mezcla de tradición y experimentación como lo es la película en sí. La tarea para los músicos fue principalmente dar sonido a lo que no tenía imagen porque, recordemos, la historia gira en torno a una relación amorosa con un programa que no tiene cuerpo ni rostro y que ante la imposibilidad de crear un recuerdo visual debe hacerlo a través de canciones, de ahí salió photograph que en la historia, es la canción que el sistema operativo Samantha, le compone a Theodore.


Además del trabajo de Arcade Fire, la canción original, estuvo a cargo de Karen O, de Yeah-Yeah-Yeahs, que, junto a Ezra Koening de Vampire Weekend, interpretó The moon song –una balada romántica que en una escena, suena en la voz de Scarlett Johansson (la voz de Samantha)–. Tanto el score como la canción original estuvieron nominadas a los premios Oscar y la buena nueva es que están, finalmente, disponibles en plataformas desde el 19 de marzo.




3. Submarine (2010), Richard Aoyade

“Please, may Oliver be excused from class, his tiny heart is broken”

Todos, aun siendo adultos, quisiéramos tener a veces una nota que nos excusara de no estar presentes por tener el corazón roto y es tal vez por eso que Submarine, a pesar de ser una tragicomedia sobre adolescentes, funciona tan bien en cualquier público.


La historia de Oliver Tate, un adolescente galés de 15 años cuya vida se divide entre el drama del primer amor y el miedo ante una eventual separación de sus padres, es la base para una variedad de pensamientos existencialistas que, a decir verdad, son más genuinos e injustamente subvalorados durante los años más jóvenes. Los pensamientos vergonzosos, las ideas egoístas y los temores sobre la existencia misma, encuentran una representación bastante reconfortante en el largometraje debut de Richard Aoyade.


De las películas mencionadas, tal vez sea esta la que en mayor medida hace de la música un personaje más. Aoyade trabajó de la mano del compositor Andrew Hewitt para la realización del score, y con Alex Turner, vocalista de los Arctic Monkeys, para el soundtrack que se compuso de cinco canciones incorporadas como marcadores temporales y emocionales a lo largo de la película. Para ese año, los Arctic Monkeys comenzaban a gozar de una gran popularidad a nivel internacional con lo que Turner al lanzar, gracias a Submarine, su primer y más íntimo EP como solista, atrajo público para la cinta y se hizo un lugar importante en los conteos musicales del Reino Unido. No era la primera vez que el director y el músico trabajaban juntos; Aoyade había sido el encargado de dirigir los vídeos de Fluorescent Adolescent, Crying Lightning y Cornerstone y, en un país en el que la industria musical goza de tanta importancia, este es un hecho que no puede ignorarse porque con ese trabajo conjunto, tanto Submarine como la banda entraron a los referentes de la cultura popular.


Las canciones que componen el soundtrack de Submarine son sobre todo el acompañamiento perfecto del mensaje que nos dice textualmente el guion: “todos viajamos bajo el radar de los demás sin ser detectados y no hay nada que podamos hacer ante eso”. Como con las anteriores películas, vale la pena repetirla (está disponible en Youtube) y acompañarla con unas cuantas repeticiones del EP que ayudan, sin duda, a interiorizar mejor el largometraje.



4. A girl walks home alone at night (2014), Ana Lily Amirpour


Imaginen una película iraní a blanco y negro ¿Cuál podría ser la trama? La respuesta no es tan imaginable en el predecible y, muchas veces, estereotipado mundo del cine y por eso la sorpresa con A girl walks home alone at night, es tan grata.


Este film, hecha enteramente en persa, sigue a una joven que con su tradicional chador (prenda típica de la vestimenta islámica iraní), hace las veces de heroína persiguiendo y asesinando hombres abusadores, ¿cómo lo logra? es una vampira. Su historia da un giro cuando se enamora de un desafortunado y atractivo hombre que trata de lidiar con un padre drogadicto. Una de las mejores cosas de nuestra protagonista es que anda en patineta y tiene buen gusto musical, con lo que sí, las canciones ganan un papel importante en la trama.


A girl walks home alone at nigh cuenta una historia feminista, provocadora y sensual, su soundtrack da cuenta de ello y sirve además como medio divulgativo para dar a conocer sonidos a los que de otra forma, tal vez, no hubiéramos llegado. Ana Lily Amirpour en su obra debut, nos deleita con una selección de rockabilly, post punk y electrónica de occidente (la canción Death, de los ingleses White Lies, acompaña uno de los momentos principales), pero también nos presenta la música de Radio Tehran (un grupo iraní de rock), de Bei Ru (artista norteamericano de origen armenio) y de Dariush (cantante de música tradicional iraní).


Sin embargo, no es solo lo que vemos en pantalla lo que hace que este largometraje sea merecedor de ser mencionado en este artículo. Amirpour ha dicho en numerosas ocasiones que la música es lo más importante en su vida, tanto así que antes de iniciar cualquier rodaje selecciona primero las canciones que utilizará en la producción final y tanto la letra como la música sirven de inspiración para concretar la apariencia de sus escenas. Para esta película, por ejemplo, hizo una playlist para cada uno de los personajes y se las envió con anticipación a los actores para que estos supieran a qué ritmo debía ir su interpretación. Sabemos entonces que ninguna canción está puesta al azar y hasta los silencios (puestos intencionalmente y homenajeando al clásico Nosferatu) tienen una razón de ser. Uno de los personajes está incluso inspirado en el rapero sudafricano Ninja, de Die Antwoord. Podemos decir, sin duda, que esta cinta es en sí un homenaje a la música y a cómo esta no es un elemento del cine sino, en muchas ocasiones, su inspiración principal.



Es mucho lo que podemos analizar y contar de la música en el cine porque incluso películas de calidad cuestionable, que han pasado al olvido, nos han heredado soundtracks épicos que inconscientemente hemos agregado a nuestras vivencias musicales. Por todo eso los melómanos nos mantendremos siempre agradecidos con la industria del séptimo arte y desde El Uniandino estaremos atentos a próximos lanzamientos y clásicos consagrados que nos permitan ayudarles a nutrir su biblioteca musical.


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Por: Lina Rodríguez




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