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La Derecha colombiana necesita dejar de pensarse a través del crimen.

Actualizado: 7 mar

Duván Martinez es estudiante de Física y Gobierno de la Universidad de los Andes. Aquí su columna "La Derecha colombiana necesita dejar de pensarse a través del crimen". Para contestar la columna envíe su propuesta a periodicoeluniandino@gmail.com


La derecha en Colombia no existe, o al menos no como debería. Teniendo en cuenta quienes han ganado las elecciones ejecutivas y legislativas en la historia reciente del país, el lector puede encontrar este tipo de afirmaciones una barbaridad. Pero a pesar de que Colombia se pueda clasificar como un país de derechas (al menos impuestas), catalogar al uribismo y los partidos afines como tal es una falacia. Defender la derecha y lo que representa se ha vuelto más una batalla judicial que ideológica, y dudo que los argumentos a su favor se basen exclusivamente en sí sus representantes son criminales o no. Es tan absurdo el nivel al que ha llegado el debate político, que las tristes (y patéticas) columnas que hay a favor del uribismo son justificaciones banales de actos tan criminales, que ni siquiera el imaginativo de una dictadura homicida se plantea. ¿Cómo es posible que toda una bancada política justifique, reduzca y se burle del asesinato de docenas de civiles manifestantes? ¿Cómo es posible que se escriban columnas diciendo que la medida cautelar contra Álvaro Uribe es una “decisión desproporcionada”, cuando hay registros de que al menos 9 de los testigos en su contra fueron asesinados? ¿Cómo es posible que se le entreguen a un padre los pedazos de su hija desaparecida de 16 años para luego justificarlo diciendo que era una “maquina de guerra”? ¿Cómo se relaciona representar a la derecha con el fraude electoral? Sé que decir que toda la derecha colombiana es criminal y perversa también es falso y estigmatizante. No me gustaría que tildaran esta columna como si fuera escrita con la misma capacidad argumentativa que tiene un Uribista promedio. Ojo con el 2022.


Este año, la bancada de Gobierno se presenta a las elecciones con varios personajes altamente cuestionables. No es de extrañarse, pues de los 19 senadores electos del Centro Democrático en 2018, al menos 7 tienen relación con algún escándalo, sentencia o investigación que los vincula con el narcotráfico, la parapolítica y/o el paramilitarismo. Para 2022, ya hay denuncias por parte de la oposición de que la historia está en riesgo de repetirse. Como si esto no fuera suficiente, de los 20 congresistas destacados por su vulgar inasistencia al Congreso, 18 pertenecen a la bancada de Gobierno. Pareciera así, que las fórmulas que usa la derecha en Colombia para permanecer en el poder son el crimen y el profundo desinterés por el país. Por otro lado, si hablamos de la carrera por el ejecutivo, Oscar Iván Zuluaga es un personaje que, en su primer intento de llegar a la Casa de Nariño, estuvo involucrado en el escándalo de corrupción más grande de América Latina (Odebrecht). Además, de que tanto él como su hijo tuvieron procesos judiciales por espionaje ilegal. Con esto no pretendo decir que la derecha actúa de manera diferente al resto de la política en el país —basura hay en todas las aristas— pero sí es llamativo que lo único que resalta de sus representantes es su historial judicial y no el productivo. Me niego a creer que entre todos los economistas, empresarios, políticos e incluso académicos que aún creen en un modelo de sociedad de derecha, no existan personas que sepan existir dentro de la justicia, la ética y el respeto por la vida. Personas e ideas así son las que necesitamos en el país, personas que sepan argumentar dentro de estos valores, e ideas que sepan existir sin necesidad de cartuchos. Enaltecer y diversificar el debate político en Colombia es y deberá ser nuestro objetivo primordial. Estoy convencido de que, si hay algo que criticar a la derecha como ideología política, debe ser la manera en la que concibe el mercado, la tierra y los derechos laborales, no el hecho de que asesine y esconda los cuerpos de miles de jóvenes en el campo. Pero como en Colombia no tenemos una derecha real, sólo podemos condenar lo segundo.


Colombia está escribiendo su historia con ambas manos. Tenemos una oportunidad de cambio sin precedentes frente a nosotros, pero también tenemos un animal salvaje que toma muchas formas, un animal que ataca sin dudar cuando tiene miedo. Un animal que llama todo aquello que no entiende comunismo; un animal que sólo habla en nombre de la violenta ignorancia. Esta oportunidad sugiere un reto colosal para todos nosotros; un reto que con el cuerpo lleno de balas nos dice que es posible construir desde la diferencia; que necesita un prototipo de ciudadano que sea crítico. Un ciudadano que no tenga miedo en ver que, en las muy polémicas ideas de Gustavo Petro, puede existir una profunda coherencia social. Que sea capaz de escuchar la historia de Ingrid Betancourt y al igual que ella, transformarse en esta. Que le dé la oportunidad a Alejandro Gaviria de proyectar la academia y sus formas. Que respete el conocimiento ancestral que Arelys Uriana tiene por compartir. Que sienta las miles de vidas, luchas e historias que representa Francia Márquez. Que acepte el conocimiento técnico que académicos como Juan Echeverry tienen para aplicar. Que conciba dentro de sí, que la paz lo vale todo. Colombia necesita una política que sea agradecida con las manos de sus campesinos, que sepa sembrar más compasión que odios; que no le ponga precio a la cabeza de los hijos de nadie.


Hemos sido testigos de como en nuestro país masacran a las personas que se atreven a plantear una realidad diferente, pero se debe ser muy estúpido si se cree que con un arma se puede matar algo más que la carne. El espíritu y las ideas de millones de colombianos libres son y serán siempre a prueba de balas. De estos líderes sociales debemos aprender que el bien común es más grande que nosotros mismos. Podría escribir mil palabras más acerca de cómo la política dirigente está podrida, pero sería un despropósito. En su lugar, concluyo extendiendo la invitación para empezar a existir mejor, porque usted, lector, está en el centro de esta vibrante historia.




 

Autor: Duván Martinez, estudiante de Gobierno y Física de la Universidad de los Andes.


*** Esta columna hace parte de la sección de Opinión y no representa necesariamente el sentir ni el pensar de El Uniandino.