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Festival Equinoxio: La remembranza del cine cómo portal

La Universidad Nacional de Colombia lidera uno de los festivales de cine independiente más importantes del país, el Festival Equinoxio. Esto se evidencia especialmente en los vínculos que tiene con otros festivales y cómo configura sus contenidos no solo en el marco de convocatorias a nuevos talentos, sino también con muestras de otros países además de seminarios.

En esta ocasión, El Uniandino tuvo la oportunidad de entrevistar a los cineastas Gisela Carbajal Rodríguez, Félix Klee y Sebastian Wiedmann. Gisela y Félix son autores de Oro Blanco y Cosecha Mecánica correspondientemente, cortos que estarán expuestos en la muestra de “Panoramas” en la categoría de Sur Global –en el caso de Oro Blanco– y en la muestra “Horizontes” –en el caso de Cosecha Mecánica–. Por su parte, Sebastian ha desarrollado varios cortometrajes, entre los que está Los (De)pendientes, y para esta edición del festival estará impartiendo el seminario “Entre mundos y afectos: cosmopolíticas de la imagen ¿Qué puede un cine de los pluriversos?”. En el marco de los conceptos del festival, en cuanto a la no-ficción y las contra-cartografías, los entrevistados explicaron un poco acerca de su manera de entender el cine y de cómo aproximarse al espacio narrado.


Por un lado, Gisela Carbajal Rodríguez estudió en Aguascalientes, México, la carrera de Artes Escénicas y Audiovisuales. Culminado este estudio decidió enfocarse en la dirección de cine documental llegando, así, a Múnich. Félix Klee por su parte estudió Arte enfocado a la Pintura y una carrera inscrita en los medios digitales para presentar el arte, actualmente estudia junto con Gisela, su esposa, la Dirección de Cine Documental, disciplina a la cual se acercan desde diferentes perspectivas que aún así enriquece el trabajo del otro. En determinado momento, Félix explica un poco acerca de cómo reconoce las nociones de no ficción a través de su reconstrucción de las contra narrativas en los videojuegos “... los videojuegos siempre son una narrativa política en la manera en que siempre hay reglas, y las reglas son ideologías, y la mayoría de los juegos tiene una ideología que se tiene que criticar y criticar es romper las reglas del juego”. Así, su trabajo busca implementar la animación de videojuegos (incluyendo además su conocimiento en el arte) para propiciar un plano virtual que a la vez denuncia alguna situación particular. Tal es el caso de Cosecha Mecánica en la que se hace una denuncia a las condiciones de trabajo exponiendo las condiciones de esta labor.


Por otro lado, las concepciones de Gisela en su acercamiento al cine se evocan desde el documental con una orientación más cercana a la idea de mapear y reconocer la agencia existente en el espacio no habitado. En el marco de su corto Oro blanco, Gisela relataba cómo estuvo antes en el terreno elegido para poder reconocer el espacio en donde se genera el conflicto que precisa a su cortometraje “estuve un mes antes de que empezara la grabación en el área solo para tratar de conocer cada esquina y cada lugar y lo que tenía por ofrecer (…) la primera conversación que tuve con una persona fue tres semanas después de que había llegado”. Por otro lado, la cineasta también explica cómo si bien su elaboración de planos estéticos y aspectos más formales acerca del cine es importante para ella, detrás de esta forma su verdadero objetivo es llegar a los espectadores de un modo que afecte su cotidianidad y se convierta en tema de conversación con miras a contribuir para generar un cambio. Este cambio no solo está pensado en crear más cine, sino en identificar el tema tratado y ver cómo puede solucionarse. Esto está relacionado con la manera en la que Félix establece el hacer cine como una “labor de amor”, bien desde las formas estéticas que puede generar también de la importancia de su contenido.


Es curioso cómo ambos cineastas reconocen al cine como una de las artes que se encuentra en constante diálogo con las otras. En el caso de Gisela, en la convergencia de la fotografía como un constante esfuerzo para utilizar el espacio como inspiración y buscar sacar aquellos planos que cumplan el fin del mensaje que se busca llevar al espectador. Ahora bien, para Félix la convergencia de estas artes desde sus estudios en la pintura hace que alimente su cine de todas las vertientes que conoce para que, incluso en los momentos en donde no logra seguir configurando sus composiciones de animación, se vale de recursos como la pintura y la música para retomar el camino de la inspiración.


Esta pareja hace que sus dos enfoques se encuentren para potenciar el carácter investigativo desarrollado por Gisela con la animación de Félix en una muestra por enunciar la denuncia desde un espacio que hace que la ficción pase por varios filtros para acercarse cada vez más al espectador sin necesidad de negar su origen como realidad.


Por su parte, Sebastian es un colombiano que ha estudiado y trabajado en su mayoría en Brasil. Sus estudios no se limitan a la perspectiva del cine, sino que se enriquecen en la filosofía y la antropología especialmente. En esta conversación, uno de los temas principales fue su intervención con el seminario, destinado a hablar desde la cosmopolítica de los pluriversos. Este concepto él lo explica desde su relación con el cine como una necesidad por romper con premisas previas. “El cine no es una ventana al mundo y tampoco va a ser un registro del mismo, sino que va a ser un dispositivo que se va a proponer entrar en ese movimiento de la construcción del nuevo tipo de mundo”, afirma. Con gran interés, el cineasta piensa en cómo es preciso repensar un lugar de enunciación del espectador en el que ya no ve al cine como una ventana para explorar los pluriversos que puede ofrecer, sino como un portal. Esto con el fin de repensar su identidad con una noción empática por comprender y enriquecer su propio carácter a través de las corrientes que encuentra en otros arquetipos del ser humano. Es preciso reconocer esta diferencia para acercarla y encontrar el lugar en el que se vea implicada en las nociones convencionales del hombre.


Con respecto a los temas propuestos por el festival, Sebastian enuncia ambos conceptos –contra cartografía y no ficción– en un conflicto que es preciso estudiar. En especial, al pensar en la noción de no ficción, para Sebastian es importante antes reconocer que en los procesos de narración el “fabular” se convierte en una constante en determinadas maneras, “siempre hay un movimiento de fabulación y por lo tanto de ficción. Ahí [ejerce] el cineasta, pero no desde una postura de genio creador, sino mucho más como una especie de operador de relaciones entre imágenes. Aquí hay un gesto de fabulación e invención”. Así, Sebastian muestra su especial atención a las imágenes y a la postura que considera pertinente en el cineasta con una priorización de la eficacia de la imagen.


Ahora bien, es también importante resaltar la perspectiva de Sebastian hacia la pertenencia que se tiene sobre determinada obra. Su visión de propiedad se desdibuja de las divisiones convencionales. Desde su postura, como colombiano que ha pasado gran parte de su vida en Brasil, Sebastian habla de la creación de nuevos territorios a partir de la cultura que comparten las comunidades. Por consiguiente, al hacer cine con estas comunidades como tema, es preciso entender su carácter investigativo y, nuevamente, poner la visión como un externo que pretende hacer su propia identidad un poco más enriquecida y empática por lo que desconoce.


Cuando se le pregunta a Sebastian acerca de la relación que busca que tengan sus obras con el público, su respuesta muestra nuevamente una intención por resignificar el contenido y la forma de sus obras cinematográficas. Enunciándolas como un “poema de sombras y luces”, término que ha acarreado por una curadora francesa que considera su mentora, busca que esta idea sea aplicable indistintamente del contenido de la obra cinematográfica. Ahora bien, en cuestiones de contenido, relata cómo su pasión por el cine busca siempre poner en perspectiva espacios nuevos; sin embargo, esta misma postura ha hecho que muchas veces sus obras sean llamativas entendiéndose en clave de su denuncia social a determinado grupo. Si bien Sebastian reconoce que esta denuncia es relevante e incluso necesaria para el contexto, su ojo de cineasta está más enfocado en contar historias y ver a estas comunidades precisamente como historias que merecen ser contadas y que deben serlo mediante un poema de sombras y luces.


Ambas entrevistas fueron en suma enriquecedoras y ahondaron en cuestiones más profundas sobre el cine que hacen que, como espectadores, tengamos una perspectiva menos crítica y más cercana al mensaje que se busca transmitir en las composiciones cinematográficas. Este conocimiento, en el marco del Festival Equinoxio no solo es una gran invitación para seguir explorando el cine como espectadores curiosos que buscan siempre sentir a través de la imagen, sino, incluso, a pasar por el portal del cine y atreverse a formar perspectivas nuevas que, como remarcó Sebastian en muchas ocasiones, se preocupen descolonizar el rol del ser humano y se fijen en el espacio como un personaje.


Por: María José Huérfano Cuervo