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El Hiyab, un símbolo controvertido

Tatiana Suaza Varela es estudiante de Derecho en la Universidad de los Ande Aquí su columna "El Hiyab, un símbolo controvertido". Para contestar la columna envíe su propuesta a periodicoeluniandino@gmail.com.


Las protestas en Irán, reavivadas por la trágica muerte de la joven Mahsa Amini, generaron diferentes reacciones a lo largo y ancho del mundo. En Irán se desencadenaron: protestas en las calles, quemas de hijabs y decenas de muertos. Asimismo, en países como el Líbano y Turquía también se han presentado actos similares de quemas de hijabs y cortarse el cabello. Con este complicado telón de fondo, en esta columna, pretendo poner el foco sobre uno de los elementos que se encuentran en el epicentro del asunto: el hiyab o el velo que cubre la cabeza y el cuello. En concordancia con ello, lo que se pretende –en última instancia– es complejizar la discusión sobre este tema al contrastar las dos luchas en torno al hiyab que se viven en Francia e Irán.


En primer lugar, para pensar la situación de las actuales mujeres iraníes es necesario entender que los movimientos en contra de las leyes del estado iraní sobre la vestimenta de las mujeres se remontan muchos años atrás. Varias personas han sido detenidas desde el inicio de la Revolución Islámica de 1979; igualmente, cabe destacar el caso de la joven Yasaman Yasaman Aryani, que en 2019 fue condenada a prisión por repartir flores a mujeres en el metro de la ciudad de Teherán sin usar el velo y que ha estado detenida desde entonces. Esto presenta un panorama especialmente delicado, pues de acuerdo con Amnistía Internacional es posible ver una intervención del estado sobre el cuerpo de las mujeres al no permitirles usar la vestimenta que elijan; acciones cuyos cimientos, además de en leyes formales, están en la religión. Así, de acuerdo con esta misma organización, las mujeres deben asegurarse de que portan adecuadamente el velo u otras prendas, de lo contrario podrían ser apresadas por la policía de la moral o en persa Gasht-e Ershad (گشت ارشاد).


De acuerdo con un policía –miembro de los policías de la moral encargados de realizar estos actos en entrevista con el portal de la BCC– se les dice que lo que hacen es con el fin de proteger a las mujeres. Sin embargo, continuamente nos encontramos con que: el sustento de tales acciones es legal. Pero ¿de dónde vienen estas leyes? Para esto, es muy revelador el testimonio de la escritora francesa-iraní Marjane Satrapi, quien en su novela gráfica titulada Persépolis hace un recuento de su infancia y de cómo –a partir de la Revolución– las niñas fueron obligadas a llevar velos sin entender por qué lo hacían. En este relato Satrapi narra cómo desde ese momento, con la transformación de Irán en una teocracia, ya se presentaban manifestaciones tanto a favor como en contra del uso del velo. Adicionalmente, Satrapi, en entrevista con The Guardian se ha expresado sobre las actuales protestas en Irán, mostrando su apoyo y afirmando que “la gran diferencia con mi tiempo es que los chicos no estaban con nosotros. Lo bonito ahora es que hay chicos y chicas juntos. No hay nada más hermoso e inspirador que su coraje”.


Ahora bien, podría afirmarse que lo descrito anteriormente hace un contraste con la otra lucha que viven mujeres musulmanas en países como Francia. En 2021, estas mujeres protestaban en contra de la prohibición del uso de hiyab a raíz de una ley francesa que buscaba resaltar los valores republicanos, como la laicidad. Los promotores de la ley defendían que no querían que esto causara divisiones entre la población. Entre ellos se encuentra el mismo presidente Emmanuel Macron quien ha advertido que el islamismo ‘‘está socavando la unidad de la República’’. Así, esta ley buscaba prohibir el uso del hiyab a menores de 18 años y madres que acompañaran a sus hijos en viajes escolares. Esto generó una reacción en la población musulmana del país que han protestado contra tales regulaciones y donde se han dado movimientos como ‘‘No toques mi hiyab’’ (#PasToucheAMonHijab en francés), que luego se transformaría en un hashtag. De esta forma, las mujeres francesas musulmanas han calificado las regulaciones introducidas por la ley como opresivas, sexistas y promotoras de la islamofobia. Estas regulaciones tampoco son nuevas, pues desde 2010 la ley francesa prohíbe el burka o velo que cubre todo el cuerpo y la cara, la cual además ha sido respaldada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, encontrando que no violaba el Convenio Europeo de Derechos Humanos.


En ambos casos, el hiyab pareciera ser un símbolo controvertido, pero al mismo tiempo subyace un elemento común: la lucha por ser en contextos que no admiten o no admitirían otras formas de ser. Si bien podríamos o no estar de acuerdo en esta idea común, esta presenta controversias especialmente interesantes que se derivan en la pregunta ¿hay diferencias entre lo que significa el hiyab para una mujer en Francia y para una mujer en Irán? Esta pregunta nos lleva a pensar que para algunas mujeres llevar el hiyab es una muestra de su identidad, para otras es una muestra de represión, o una combinación de las dos, o ninguna de las anteriores. La pregunta puede ser entonces por las alternativas, esto es, ¿qué implica para una mujer salir a protestar en contra o a favor del uso del hiyab en Irán y en Francia?


En conclusión, lo que nos muestran los casos de ‘‘No toques mi hiyab’’ y las protestas en Irán, es que el hiyab es un elemento controvertido en tanto para algunas mujeres es un símbolo de su identidad mientras que para otras es una fuente del poder coercitivo del estado o ninguna de las dos. Las reflexiones que estos sucesos nos plantean son acerca de las alternativas de las personas que protestan. Sin embargo, la idea central de esta columna era transmitir lo que la escritora nigeriana Chimamanda Adichie denomina ‘‘el peligro de la historia única’’ y los estereotipos que hacen de una sola historia la única historia, esto es, el peligro de contar la historia única del hiyab y las mujeres que lo utilizan.



 

Por: Tatiana Suaza Varela, estudiante de Derecho en la Universidad de los Andes.


***Esta columna hace parte de la sección de Opinión y no representa necesariamente el sentir ni el pensar de El Uniandino.