• El Uniandino

El fútbol colombiano necesita reinterpretar conceptos básicos del juego

En los octavos de final de la Champions League se vieron partidos de alto nivel futbolístico, como la dura batalla entre Liverpool e Inter y la impresionante remontada del Real Madrid frente al PSG. Ambas llaves han sido un deleite para cualquier aficionado del fútbol. Sin embargo, a mí, que soy periodista deportivo e hincha de un equipo de la Liga Colombiana, esta situación también me lleva a encontrarme en una curiosa dualidad. Por un lado, no puedo parar de admirar a las preponderantes estrellas y los multifacéticos recursos tácticos que salen a relucir en la Champions League, mientras que por otra parte resulta inevitable trazar un paralelo y pensar en la crisis que afrontamos en el Fútbol Profesional Colombiano, y lo lejos que nos encontramos de ser siquiera competitivos en nuestro propio continente.


La Champions League representa la perfección en su máxima expresión, es la utopía realizada, es el talento llevado a un punto exacerbado que a la vez destruye estereotipos que construimos colectivamente durante años en el fútbol colombiano.


Mientras que en Europa vemos cómo el DT del Inter, Simone Inzaghi, diseña una idea táctica excelente para competir contra un rival que tiene mayor inversión y mejor plantilla como lo es el Liverpool, haciendo que el delantero Alexis Sánchez baje constantemente a la mitad de la cancha en pro de crear superioridad numérica en la zona 2 del campo y emprender transiciones ofensivas exitosas. Por el contrario, acá en Colombia normalizamos que nuestros equipos más grandes no den la talla futbolísticamente en la fase previa de la Copa Libertadores solo porque se enfrentaron a rivales que son más poderosos desde lo económico o que tienen mayor tradición en esa competencia continental.


En el Real Madrid vemos a Karim Benzema definir de primera intención en dos de los tres goles que marcó frente al PSG, mientras que en Colombia todavía normalizamos que existan múltiples delanteros que no tienen la capacidad de rematar a un solo toque, incluso ejecutar un control direccionado para disparar posteriormente representa todo un desafío para ellos.


Milan Škriniar y Alessandro Bastoni, los dos defensores que juegan como ‘stoppers’ en el esquema de tres centrales del Inter y que miden 1.87 m y 1.90 m respectivamente, dieron cátedra de cómo salir jugando correctamente con pelota al piso ante la asfixiante presión alta que ejercía el Liverpool. Todo esto mientras en nuestra liga aún pensamos que si un defensa central es alto y aguerrido, por ende es normal que no sea dúctil con la pelota en los pies y que no pueda colaborar con la construcción de juego desde la zona 1 del campo.


La misma lógica aplica con Marcelo Brozović, el volante que juega como ‘5’ en el eje del Inter, quien dio una espectacular demostración de cómo recuperar balones, luchar, presionar y a la vez tener la capacidad técnica suficiente para ser el pilar fundamental de la salida de juego de su equipo. En Colombia aún pensamos que si un volante de marca tiene habilidades para “pegar” y “raspar” entonces automáticamente es comprensible que ese jugador no sirva para ejecutar pases de progresión que ayuden a construir juego.


Es evidente que, a diferencia de lo que sucede en Colombia, en Europa muchos equipos cuentan con recursos económicos exorbitantes que les permiten planificar procesos, desarrollar las habilidades de sus jugadores desde temprana edad y tener un alto nivel de ‘scouting’ para descubrir nuevos talentos.

Ese poderío de la infraestructura futbolística europea contrasta con una crisis del fútbol colombiano que se manifiesta desde varias vertientes: equipos que no son competitivos internacionalmente, una liga local que propicia la mediocridad por su formato, y una Selección nacional que está a punto de quedar afuera del próximo Mundial.


Por esas razones resultaría utópico e ingenuo pretender que nuestro fútbol quiera alcanzar el nivel de los equipos europeos. Son contextos completamente distintos.


Lo que se propone en esta columna es más bien que, entendiendo cuál es nuestro propio contexto y nuestras posibilidades, desde las escuelas de formación y las canteras de los equipos colombianos se comiencen a emular algunos conceptos de juego que caracterizan al fútbol europeo. De tal manera que estos se conviertan en una especie de estándar bajo el cuál se rijan los jugadores colombianos para ser más competitivos. Es momento de entender que nuestros delanteros deben tener la capacidad de definir de primera intención, una característica innegociable en el fútbol moderno. Los defensores centrales y volantes de contención deben ser multifacéticos para que conserven su dureza defensiva, pero también tengan la técnica suficiente para darle salida a sus equipos con pelota dominada. Últimamente en Colombia se ha priorizado la producción de defensores y volantes que tengan gran despliegue y portento físico, lo cual no está mal, pero es necesario que esa habilidad física vaya de la mano con calidad técnica, como sucede en Europa. Esa misma lógica debe ser aplicada con otros conceptos básicos como el control direccionado de la pelota, la inteligencia táctica a la hora de realizar apoyos y coberturas, y la habilidad de mantener las líneas compactas para que los equipos no queden dispersos en la cancha a la hora de realizar transiciones ofensivas y defensivas, una deficiencia que es bastante común en nuestro fútbol. Llevar esto a cabo no requiere una gran inversión económica, se necesita simplemente que desde las bases colombianas de formación futbolística se actualicen ciertas ideas que, ante el panorama del fútbol moderno, lucen retrógradas. Y que posteriormente estas ideas se apliquen en las sesiones de entrenamiento de los futbolistas juveniles para que, con el paso del tiempo, estos jóvenes se adapten a ellas, las conviertan en automatismos y puedan llegar a ser futbolistas profesionales con bases más sólidas.


Solo actualizando estos conceptos básicos del juego y emulando aquellas virtudes que se ven en el primer nivel mundial, el fútbol colombiano logrará mejorar la habilidad de los jugadores locales y volver a ser competitivo en su propio contexto.



 

Por: Juan Camilo Castillo, periodista deportivo.