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El camino de Ana María Ibáñez


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En la bolsa de nombres opcionados para ocupar la silla que dejó Alejandro Gaviria en la rectoría de la Universidad de los Andes se encuentra Ana María Ibáñez: economista de Los Andes, exdecana de la facultad de Economía de la misma universidad, exdirectora del Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico (CEDE) y asesora en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Su largo camino como investigadora y economista da luces sobre lo que podría ser su gestión como rectora.




Una carrera vertiginosa hacia la cima


Economista de la Universidad de los Andes, magíster y doctora en economía agrícola y recursos naturales de la Universidad de Maryland. Esa es la lista de grados académicos de Ana María Ibáñez, actual candidata a la rectoría de la Universidad de los Andes. La vida de esta académica e investigadora, nacida en Bogotá, fue de constante ascenso desde que inició sus estudios en ciencias económicas en la universidad que podría pasar a dirigir en los próximos días.


Siendo estudiante de pregrado en el año 1992, comenzó a trabajar en Revista Estrategia Económica y Financiera como investigadora económica. En este trabajo empezó a forjar su pasión por la investigación, pues de 1993 a 1995 pasó a trabajar en la Federación Nacional de Cafeteros, en el Banco de la República, en el Ministerio de Medio Ambiente y en el Departamento Administrativo de Medio Ambiente como investigadora.


En 1996 hizo una pasantía en el Banco Interamericano de Desarrollo y un año más tarde entraría como profesora asistente en la Universidad de Maryland, Estados Unidos. Allí se quedó e hizo sus estudios de maestría y doctorado. Desde entonces empezó a pendular su vida académica y profesional entre Colombia y Estados Unidos. De hecho, en este momento se encuentra en Washington.


A la facultad de economía de Los Andes la dirigió desde el 2012 hasta el 2016. “Me impactó mucho. Es una persona muy gerente, flexible y versátil que le dió un impulsó interesante a la facultad”, recuerda el profesor Raúl Castro.


En el intermedio fue consultora para el Banco Mundial en Washington y luego Directora del CEDE. Actualmente es profesora titular de la facultad de Economía de Los Andes, profesora visitante del MacMillan Center en la Universidad de Yale, miembro del Grupo Asesor de la Comisión Global de Pobreza del Banco Mundial y miembro principal de la Junta Directiva del Grupo Éxito.



Meterse al país en la cabeza


“Ella fue de las primeras que empezó a hacer, por ejemplo, encuestas a desplazados, a entender qué significa el desplazamiento en la vida de las personas más allá de la fotografía de primera plana"

Los intereses de Ibáñez se centran en la microeconomía, especialmente en el análisis económico de los impactos del conflicto armado, las migraciones y el desplazamiento forzado en Colombia. Como menciona el profesor Castro: “nos interesa mucho el análisis del comportamiento de los agentes a nivel individual, el comportamiento en alguna medida de las instituciones y nos interesan los cambios en el bienestar que se pueden generar a nivel de conflictos y a nivel de violencia”.


Fruto de estas investigaciones nació el libro “El desplazamiento forzoso en Colombia: un camino sin retorno hacia la pobreza”, publicado en el 2008, donde se explora el fenómeno del desplazamiento forzado desde su impacto económico en Colombia. Un estudio único y sin precedentes, según recuerda Juan Carlos Muñoz, profesor de la Universidad Eafit y quien fue asistente de investigación de Ibáñez.


“Ella fue de las primeras que empezó a hacer, por ejemplo, encuestas a desplazados, a entender qué significa el desplazamiento en la vida de las personas más allá de la fotografía de primera plana. Eso es ser capaz de leer el territorio del país, solo una persona que entiende el territorio es capaz de ver qué está pasando”, dice Muñoz.


Precisamente esa capacidad de leer entre líneas al país es una de las características que más rescatan quienes tuvieron la oportunidad de trabajar con ella. Así lo dice Juliana Helo, también profesora de Los Andes y antigua pupila de Ibáñez en el camino de la investigación: “para ella no es suficiente tener una econometría y una regresión perfecta si uno no tiene detrás una historia bien contada, si eso no dice algo que puede servir para tener impacto, que pueda ir más allá de los simples números”.



La búsqueda del equilibrio


“Mi familia es mi vida, es mi prioridad. Tanto Fidel como mis dos hijos. Me fascina mi trabajo, me divierte. Soy muy apasionada por lo que hago, pero mi familia está por encima”. En estas palabras de la misma Ibáñez en un perfil realizado en “Memorias conversadas” por Isabel López Giraldo, hay luces del balance que ha establecido esta investigadora entre su vida laboral y su familia.


Detrás de las investigaciones rigurosas, de la vida dedicada a la academia y del trabajo arduo y extenso de entender el país desde sus entrañas, hay una madre y una pareja. Ibáñez es madre de Antonia y Salvador y sostiene una relación sentimental con Fidel Cano Correa, director del diario El Espectador.


“El periodismo y la academia parten de tres preguntas básicas: qué, cuándo y cómo. Siempre y cuando se mantengan fieles a esas preguntas no creo que haya un conflicto de intereses"

De ser Ibáñez la nueva rectora de la Universidad de los Andes, ella y Cano conformarían una pareja muy poderosa, pues ella estaría a cargo de la una de las universidades con mayor injerencia en las decisiones del país y él en la cabeza del periódico más antiguo de Colombia.


Frente a este escenario cabe hacerse una pregunta: ¿habría cabida a una unificación excesiva de poderes? Al respecto, Lucas Ospina, profesor del Departamento de Arte de la Universidad de los Andes, además de crítico y analista de medios, opina que “el periodismo y la academia parten de tres preguntas básicas: qué, cuándo y cómo. Siempre y cuando se mantengan fieles a esas preguntas no creo que haya un conflicto de intereses. Tal vez lo podría haber si fueran dos empresas comerciales, pero en este caso al ser la Universidad de los Andes una universidad que por naturaleza jurídica no tiene ánimo de lucro, y al ser El Espectador un medio que se ha destacado por hacer periodismo, no por ser una empresa comercial o una empresa con ideología política, no creo que surja ese impedimento o que haya ese conflicto o que se piense que hay una unidad entre ambos lugares”.


Si bien Ibáñez y Cano pertenecen a élites intelectuales y políticas que han amasado un gran capital cultural y privilegio, críticos culturales como Lucas Ospina ven con optimismo la eventual gestión de Ibañez y su relación con uno de los centros históricos de poder de mayor enjundia en Colombia.


“Ibáñez y Cano han usado esa posición de élite que tienen para extender esos beneficios a un mayor número de personas. Eso lo prueba el buen periodismo que hace El Espectador y el buen trabajo académico que ha hecho Ana María Ibáñez. Es la persona que ha hecho las investigaciones más rigurosas sobre la desigualdad en este país y esas investigaciones han determinado políticas públicas tanto de programas de gobierno para tratar de acortar esa desigualdad, como para tener indicadores fieles a la realidad y así hacer política de tierras, por ejemplo”.



En los pasillos y aulas de clase


Detrás de todos sus logros académicos, de su gestión en diferentes cargos administrativos dentro la universidad y de su dedicado trabajo como investigadora, hay una persona que es percibida como empática y cercana. Precisamente esta capacidad de conectar con las personas, según reflejan quienes han trabajado codo a codo con ella, se puede expandir a la forma en que se desempeña como tutora.


Muñoz y Helo han sido testigos de cómo su estrategia de trabajo la diferencia en el mundo de los investigadores. “Ella está con uno y está en busca de ver cuáles son las habilidades, te deja perderte con la paciencia de un buen profesor. Es siempre construcción colectiva, de respeto y de alta exigencia, siendo un ciclo donde uno se siente reconocido como ser humano. Eso es algo muy valioso para consolidar carreras”, dice Muñoz.


Algo similar opina Helo, quien trabajó de la mano con ella en el CEDE. “Ella te guía y te ayuda a encaminar tu investigación, pero cuando hay algo que está mal te lo dice de la manera más respetuosa. Eso hace que uno en el trabajo crezca. Su retroalimentación es muy honesta y se hace siempre pensando en lo mejor para tu trabajo y para ti”.


Esta capacidad de guiar en el camino de la investigación también se evidencia en las clases que impartía en el pregrado de Economía. Tomás Rodríguez, economista de Los Andes y quien fue su estudiante, cuenta que las clases de Ibáñez se caracterizaban por ir más allá de la teoría, al aplicar los modelos económicos a ejemplos reales. “Ella nos puso a ir a la Plaza de Paloquemao a tomar registro de cómo cambiaban los precios. Fue un proyecto que en la carrera no volví a ver. Fue interesante ver cómo toda la teoría se aplicaba a la realidad, salirnos de ese espacio de la academia fue muy bueno: pudimos interactuar con el mundo real”.


A esto se suma siempre su alta exigencia, tal como recuerda Helo. “Ana María es muy exigente académicamente, cada exámen es más difícil que el otro. Es muy retador. Aprendí un montón porque me hizo sentar a pensar y es lo que busca uno en un profesor”.



Más allá de la academia


Al preguntarles a todos cuál es la mayor enseñanza que les dejó Ana María hay una respuesta que puede encapsular todo lo que mencionaron: “Ella, en general, su persona”, dice Juliana Helo de forma escueta pero con marcada convicción. Por su parte, para Muñoz lo que más resalta es la capacidad de Ibáñez “de tener el país y los territorios en la cabeza. A veces estar en Bogotá es una burbuja pero ella es de esas profesoras que tiene el país en la cabeza y ve que eso no es un asunto de política de la capital sino desde los territorios y la planificación territorial. Su sensibilidad es increíble”.


En medio de una agenda tan apretada, quienes la conocen recuerdan en ella una persona que siempre lograba generar un balance entre su vida personal y su vida laboral. Helo recuerda, por ejemplo, una comida de navidad que ofreció en su casa para los asistentes de investigación con quienes había trabajado en ese año. “En navidad nos invitaba a almorzar a su casa. Estaban sus hijos chiquitos. Ella cocina delicioso, le encanta cocinar y nos invitó a hacer pizzas en el asador”.


Aunque aún faltan días para saber quién ocupará los pasillos de la rectoría, para profesores como Castro, su nombre en la lista trae vientos positivos. “Tiene una connotación académica, una connotación administrativa y lo más importante, tiene una parte gerencial. Creo que eso es determinante en alguna medida en la universidad, que respete la parte académica pero que también estimule mucho la investigación y la presencia en las regiones. La universidad debe abrirse más”.


 

Por: María Fernanda Alarcón