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El Cambio Climático y la Emisión de Gases de Efecto Invernadero en Colombia



A propósito del anuncio del presidente Duque de que Colombia se compromete a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en un 51% para el 2030 y por otro lado, sectores políticos señalando que Colombia debería sumar en sus emisiones de GEI producidas por el petróleo y el carbón que exporta a otros países, caben varias aclaraciones para entender el papel de Colombia frente al cambio climático (CC). Colombia a nivel global es más víctima que culpable, como señala el senador Jorge Robledo en su debate control político sobre CC, quien además señala que las acciones del gobierno deberían centrarse en la adaptación al CC y conservación de sumideros de carbono.


Lo primero que hay que observar es que el aumento de la emisión de GEI a la atmósfera, cuyas consecuencias resumimos en la expresión “cambio climático” difícilmente podrían ser atribuidas a un país como Colombia, o cualquier otro de lo que llamamos “sur global”, países subdesarrollados. El CC no es un fenómeno nuevo, inició en el siglo XIX con la revolución industrial. Múltiples estudios científicos demuestran que las concentraciones de GEI en la atmósfera antes de este importante momento de la historia estaban comparativamente más bajas, y por lo tanto los países protagonistas de ese capítulo de la historia: Gran Bretaña, España, Alemania, Italia, Rusia, Estados Unidos, Bélgica, Francia tienen una responsabilidad mucho más clara y trazable del CC, su participación en la revolución industrial les permitió sentar las bases sobre las cuales hoy financian sus estados de derecho y la razón gracias a la cual sus habitantes tienen mejores índices de vida y los PIB más elevados del planeta.


En la actualidad Colombia genera solo el 0.32% de los GEI que se emiten a la atmósfera, porcentaje al que no debería agregarse los GEI emitidos por la quema del carbón que exportamos a otros países, como sugiere Petro, pues los beneficios económicos, industriales y sociales de esa transformación del carbón en energía se materializan en esos países compradores. La contribución de Colombia, por tanto, es marginal si se compara con países como Estados Unidos responsables del 15% del total de las emisiones, o China, responsable del 28% de las emisiones, con la notable diferencia de que China sacó de la pobreza a más de 500 millones de personas entre 1981 y 2014 y que nos lleva a una conclusión inevitable: que la disminución de la pobreza de China está asociada a las reformas económicas que aumentaron su PIB a una tasa de 8.3% por año, anclado en el crecimiento de su industria (manufactura, agricultura, minería y construcción) que funciona a base de carbón y cuya quema emite enormes cantidades de CO2. No digo que el único desarrollo industrial posible sea aquel impulsado por el carbón pero sí que un factor central de la disminución de la pobreza en China tiene que ver con su desarrollo industrial, proceso que Colombia aún tiene en deuda y que su pueblo padece.


Aunque Colombia no es principal causante del CC, sus manifestaciones: anomalías climáticas sin precedentes en el planeta y un aumento en la frecuencia de eventos extremos, si que ponen en riesgo gran parte del territorio colombiano. Quienes trabajamos en gestión de riesgo lo separamos en dos partes: la exposición a la amenaza y la vulnerabilidad social. En ambos casos llevamos las de perder. Aumenta la amenaza porque la ubicación geográfica del país sumada a los efectos del CC exponen a millones de personas a fenómenos naturales, por ejemplo, la intensificación de “la Niña” aumenta las precipitaciones en las áreas del piedemonte llanero, lo que ocasiona grandes deslizamientos. Por otro lado, aumenta la vulnerabilidad, pues los efectos negativos de la exposición a la amenaza se multiplican al encontrar condiciones sociales como la pobreza. Susan Cutter, directora del instituto de investigación de amenaza y vulnerabilidad, ha señalado el papel fundamental de variables como los ingresos, el género, la raza y la etnicidad o la educación en la capacidad de absorber las pérdidas y superar los efectos negativos de un desastre. Otra forma de adaptarse al CC es proteger ecosistemas claves como la selva amazónica, cuya deforestación hoy es una de las principales razones de emisión de GEI en Colombia, pues al deforestar se pierde capacidad de secuestrar carbono, uno de los principales GEI.


Cómo país entonces tenemos enormes deudas para disminuir la vulnerabilidad social que nos pone en un mayor riesgo frente a los fenómenos naturales y disminuir esa vulnerabilidad social es imposible sin invertir en política social y garantizar los derechos mínimos al total de la población. Esto se genera sobre la base de un aparato productivo centrado en la industria que genere externalidades positivas. Una de las formas es como lo ha hecho Bolivia, agregando valor a los hidrocarburos que extraen en su territorio con la construcción de plantas de urea, amonio, propileno y gas licuado, otra forma es por medio de políticas industriales verdes, con una inversión de entre el 1.5% a 2% del PIB los países podrían avanzar significativamente en transición energética en unas décadas, esto gracias al abaratamiento de las instalaciones de plantas de energía eólica y solar y la persistencia en el aumento de inversiones hacia estos sectores eléctricos, incluso por encima de sectores de petróleo y gas. Sean cuales sean los caminos de desarrollo que Colombia elija para disminuir su vulnerabilidad social, no deberían estar sujetos a prohibiciones sobre aumentar su emisión de GEI.


Hay que recordar que Colombia aún es altamente dependiente de la exportación de hidrocarburos, por tanto suponer que es posible suprimir de tajo esta exportación es irreal. Además, no tendría efectos sobre el CC global, pues la demanda de estas materias seguirá creciendo en el corto y mediano plazo y los países compradores lo seguirán consumiendo, independientemente del país que lo exporte. Siendo así, estos ingresos juegan un rol fundamental en financiar la adaptación al CC, la política social, la industrialización y la transición energética del país.


Colombia tiene tres tareas fundamentales frente al CC, la primera es la adaptación, para mitigar los efectos negativos del CC que hoy cuestan no solo enormes recursos al gobierno sino también vidas y presenta enormes trabas para superar barreras de pobreza y desarrollo económico. Segundo, conservar sumideros de carbono claves, como la selva amazónica o el océano. Tercero, disminuir su vulnerabilidad social construyendo un país menos desigual, donde existan oportunidades para todos.


Por: Daniela Álvarez Gallo. Miembro de La Universidad más Pública y expresidente del Consejo Estudiantil Uniandino




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