• El Uniandino

Créditos académicos y la percepción de sobrecarga en los uniandinos

Entrevista a Mónica Vargas


El Uniandino entrevistó a Mónica Vargas, directora de Gestión Académica de la Vicerrectoría Académica, sobre los créditos curriculares y cómo estos afectan a toda la comunidad uniandina. Vargas nos habló de los retos que implica la estandarización del sistema de créditos, su medición objetiva alrededor de la carga académica, las mejoras que requiere el sistema y las medidas que está implementando su Vicerrectoría en torno al tema.



Empecemos hablando del Sistema Nacional de Créditos Académicos, ¿lo considera usted útil como una media de acumulación y de movilidad entre las diferentes universidades?


El sistema de acreditación está en un decreto del Ministerio de Educación que creo que de pronto ya lo conoce, ese es el Decreto 1075, donde define lo que es un crédito académico. Tenemos que poder medir de alguna manera las cosas del crédito. Es una medida que es útil, aunque no es perfecta.


¿Cómo ve este sistema en comparación con sistemas internacionales como el de ECTS, que es el europeo, o el norteamericano? ¿En qué temas piensa que se puede quedar atrás o que tiene un margen de mejora?


Lo que pasa es que son diferentes escalas. Esto es como hablar de centímetros, de yardas o de pies: es con unidades diferentes, pero al final dicen lo mismo. Entonces, ahí hay equivalencias. Así como tenemos el euro, el dólar, el peso y hay unas equivalencias entre sí y una tasa de cambio, lo mismo sucede con estos créditos. No tengo una mirada particular de cuál es mejor que cuál, dado que en realidad están midiendo lo mismo.


¿Siente que los estudiantes cuando se van de intercambio, a una institución internacional, en esa tasa de cambio que nos mencionaba pueden verse afectados negativamente?


Pues en mi experiencia, fui directora de pregrado de Economía bastante tiempo, nunca vi que algo así sucediera, teniendo en cuenta que además el tema de irse de intercambio no es solamente ver cursos. Entonces no entiendo muy bien tu pregunta de pronto. ¿En qué medida lo pierde?


En el tema de las homologaciones de las horas cuando los estudiantes se van de intercambio.


No. De hecho, el reglamento de homologaciones se ajustó hace ya varios años para que justamente lo que se está homologado sea el desarrollo de las competencias, no los créditos ni las horas dedicadas a ello necesariamente.


Pasando al tema de posgrados, ¿cree que este sistema de créditos nacionales se adapta a las clases de posgrado de una manera exitosa, teniendo en cuenta que estas clases pueden llegar a exigir una mayor carga teórica que las de pregrado?


Pues es también una manera de poder medir la carga, los cursos y el tiempo dedicado, el mismo decreto establece que es una medida diferente. El decreto les da libertad a las universidades de establecer la relación entre créditos y dedicación, cómo está organizada la dedicación en horas directas y en horas de trabajo individual. Dice, por ejemplo, que puede llegar a ser de una hora de docencia directa, dos horas de trabajo individual del estudiante (esto es en el caso de pregrado y en el de maestría). Es más, son más horas las dedicadas de manera individual, lo cual tiene que ver con el grado y el nivel de desarrollo de competencias que busca un programa de maestría en el cual la autonomía es bastante grande y el trabajo individual también lo es. Se vuelve más pequeño el acompañamiento directo del profesor.


Entonces, si es una medida, pero tú la ves diferente en cada uno de los niveles. Así como tú lo ves de manera diferente a lo largo de la carrera, no es lo mismo para los cursos de comienzo que los del final. Hay cursos en general que suelen tener mucho más acompañamiento del profesor a través de complementarias y diferentes cosas, y luego los cursos más grandes suelen tener una intensidad horaria y acompañamiento del profesor de manera directa mucho más corta.


Respecto a las clases de pregrado, muchos estudiantes y profesores dicen que hay clases cuyos créditos asignados no corresponden con su carga académica, ni muchas veces con la extensión de sus programas. ¿Considera usted que las clases, al no tener los créditos que deberían, en muchos casos se prestan para una mayor carga académica que la establecida? Le pongo el ejemplo de los CBUs, que a veces esos dos créditos se quedan cortos según profesores y estudiantes.


Acá hay un tema de percepción que es muy importante tenerlo en cuenta. Un crédito son 48 horas al semestre. Lo que pasa es que un CBU de ocho semanas es muy diferente a un CBU de dieciséis semanas por la carga horaria y la dedicación que le debe tener el estudiante. Cuando tú tienes un CBU de ocho semanas es mucho más trabajo por semana que cuando es repartido en dieciséis semanas. Entonces eso es un poquito como en los cursos intersemestrales: vas a ver mucho más al profesor, pero también vas a tener mucha más carga al semestre, pues en la misma semana vas a tener que hacer muchísimas más cosas.

Puede que tú, al empezar el semestre, inscribas dos créditos y tú lo veas igual que si fueran dos en ocho semanas que en dieciséis, pero la realidad es que cuando estás viendo el curso vas a estar mucho más cargado. Es más, el doble de cargado esperaría uno si está bien diseñado todo. Entonces eso también hace que exista una percepción de que es mucha carga, porque efectivamente lo es, pero en poco tiempo, en ocho semanas.


Muchas veces hay que acelerar para cubrir con la extensión de los programas en los créditos y a veces no corresponden con el tiempo que se le debería invertir en presencialidad y en tiempo por fuera. ¿Cree que esto también se presta para una mayor carga académica de la establecida?


Pero es que a veces cuando los créditos no corresponden o no están bien puestos que parte de lo que se ha hecho en los últimos años en la universidad es sincerar los créditos, es hacer una tarea mucho más juiciosa de esa correspondencia de los créditos con la carga esperada. De hecho, eso es lo que en parte ha aumentado la percepción de tener carga académica, y es cómo en los cursos que tenían pocas horas de dedicación del estudiante de manera individual, los profesores se dieron cuenta: ah, un momento, le puedo poner más lecturas, le puedo poner más trabajos porque le estaba poniendo mucho menos de lo que le correspondía.


Entonces depende, porque así como hay errores para arriba que de pronto están poniendo muchas cosas en un curso con pocos créditos, también hay errores hacia abajo. Entonces como que me cuesta un poquito entender la pregunta, porque eso supone que el error siempre va a ser para arriba y hay errores también para abajo. Vuelvo a lo que decía al principio, la medida de los créditos no es una medida perfecta. No todos aprenden de la misma manera. No todos los estudiantes necesitan hacer la misma cantidad de ejercicios para poder entender un concepto y en esa medida no es perfecto para todos los estudiantes, hay unos que van a necesitar leer las cosas más veces sin pasar por la página, muchas más veces que otro que lo lee más rápido.


Eso también tiene que ver con el entrenamiento que tú traigas inclusive de tu colegio y que hayas adquirido a lo largo de la carrera; por eso no es comparable. En los CBUs sucede: un estudiante de final de carrera por lo general va más rápido y lo analiza todo más rápido que un estudiante que está al comienzo de carrera, que va a tener además una percepción de que esa carga es mucho más grande porque le está costando más. Y hay unas medidas internacionales de la lectura de cuánto tiempo se va a demorar un estudiante, pero ahí no abarcamos a todos los estudiantes. Hay unos que van a necesitar más tiempo para poder asimilar bien la lectura, otros que van a necesitar menos.


Ahora hablaba de que últimamente en la universidad se sinceró la medida de los créditos. Le pregunto, sobre todo en el contexto de la virtualidad, ¿cómo se están cuantificando el tiempo que invierten realmente los estudiantes en sus cursos: tiempo en clase y tiempo fuera de la clase?


Digamos que no tenemos una. Así como esto no es una medida perfecta, nos encantaría poder tener los reportes de cuánto tiempo los estudiantes dedican por fuera de clases a sus cursos. Desafortunadamente, no tenemos esta medida. En algunos cursos se ha tratado de hacer que haya auto reportes de los estudiantes porque esa es una buena medida para que el profesor pueda ir ajustando.


Las generaciones no son todas iguales. De hecho, la realidad de la pandemia nos ha hecho además perder la percepción del tiempo. Perdimos cosas que nos ayudaban a nosotros a ubicarnos, como el transportarnos a un lugar. Eso también lleva a una percepción de una carga que es un poco equivocada. La verdad es que sería buenísimo que nosotros supiéramos el dato de cuánto tiempo los estudiantes les dedican a los cursos, que pudiera poner un cronómetro y que nos dijera “le dediqué tanto tiempo”, así como hacen las app ahora y te dicen “ha dedicado tantas horas en Facebook” y que así uno lo pueda medir.


Si pudiéramos hacerlo igual veríamos que es una medida que cambia y varía mucho de acuerdo con los estudiantes. De hecho, el tiempo que le dedica no siempre necesariamente es el tiempo que necesitaba dedicarle. Y también esto viene con la competencia, que es el costo de oportunidad de lo que dejo de hacer por hacer esto y en dónde le voy a dedicar más tiempo. Si yo tengo una materia que tiene muchos créditos y que me va a afectar mi nota de una manera más alta que una materia que no va a subir tanto o no va a cambiar tanto mi promedio, de pronto también hay cosas estratégicas que hacen los estudiantes: dónde pongo mi enfoque y a qué le dedico más horas.



Un reportaje que llevó a cabo este periódico explica que las finanzas de la universidad dependen en un 90% en las matrículas de pregrado y además sube anualmente. Esto también se conecta con la reforma académica que hubo en 2018, que terminó reduciendo el número de créditos, pero no el costo de la matrícula. ¿Piensa que esto podría incitar a los estudiantes a extracreditarse incrementando la carga académica?


Sí, pues los datos no dicen que los estudiantes estén viendo más créditos para poder acabar más rápido, sino que nos dicen que los estudiantes están viendo más créditos, entre otras cosas, para hacer otras cosas: dobles programas, opciones y otras oportunidades, lo cual per se me parece que no es malo. El problema es cuando al sincerar estos créditos la carga se vuelve mucho más grande y es importante medir aunque cada uno de los estudiantes puede tener una medida diferente. A mí me gusta siempre compararlo con un vaso de agua, a todos les damos un vaso y llénelo con el agua hasta donde usted quiera. Esos son los créditos. ¿Pero qué pasa? Pues que la tendencia, y de pronto eso sí es una consecuencia del costo y de un montón de cosas también de presión por aprovechar el paso por la universidadmuchos estudiantes están llenando el vaso hasta arriba, hasta el máximo, pero no saben qué pulso tienen. ¿Y entonces? Pues naturalmente, cuando uno llena ese vaso hasta arriba por lo general se moja y esa sensación de mojado es esa sensación de sobrecarga.


Estamos en un mundo en el que hubo una reforma y hay unos planes que están diseñados para esta nueva realidad de los créditos. Te lo pongo así, y eso tiene una razón matemática: los cursos en la universidad eran normalmente de tres créditos, tres por seis, dieciocho. Cuando el límite era de veinte créditos los estudiantes podían inscribir hasta seis cursos, que eran dieciocho créditos. No había manera que inscribieran un séptimo curso, no cabía ahí, y esto solamente lo podían inscribir si se podían extracreditar. ¿Para qué eran esos dos créditos? Por ejemplo, para meter deportes.


Pero ahora cambiamos el modelo y estamos cambiando también los planes de estudio para que se adapten a ese modelo. Entonces tenemos cursos más cortos, de dos créditos. Estos son cajitas chiquitas que hacen que los estudiantes ahora tengan cómo completar esos veinte créditos de cursos, cosa que antes no sucedía. De hecho, se ve cómo cambió la manera de inscribir de los estudiantes, que son los que están en ese mundo de las reglas anteriores para una lógica anterior, pero con créditos nuevos, con los cursos chiquitos que son por ejemplo los CBU´s. Eso nos llevó a un mundo un poquito perverso: es tener la posibilidad de llenar el vaso y como tengo que aprovechar, llenarlo hasta arriba cuando la lógica de los programas que todavía no se han reformado es la misma de antes. Si uno mira cuántos créditos tienen por semestre estos programas, de hecho, ahora tienen menos, pero los estudiantes inscriben más, es natural. Ahí también está una de las razones por las cuales esa sensación de la carga académica, porque si está pasando, están inscribiendo muchos créditos.

¿Qué labores se están llevando a cabo desde la Vicerrectoría Académica y la Dirección de Gestión Académica para asegurarse que no se excedan las cargas académicas que establecen los cursos?


Estamos ayudando a las facultades y a las unidades para que hagan la revisión de lo que sucede dentro de los salones de clase, pero también estamos mirando los datos y llevando información, pensando cómo podemos acomodar las cosas para que la sensación de sobrecarga no esté ahí. Pues la realidad más bien porque no solamente es la sensación. Nos preocupa mucho el tema. Estamos haciendo una revisión de los reglamentos, ajustando las cosas a las nuevas realidades. Por ejemplo, se vendrá el de los monitores, también si hay otros reglamentos que hay que mirar para que se ajusten a esta nueva realidad de cursos que tienen dos, tres o cuatro créditos.


Pero también es importante ajustar y hacer campañas con los estudiantes de esa sensación, no es solamente un curso, sino todos los otros cursos que inscribe que le dan una sensación de una mayor carga porque es que no se puede mirar de manera individual. La experiencia del estudiante en un semestre es completa. Entonces, por ejemplo, lo que hicimos para ayudar a mitigar un poquito algunas sensaciones que estamos experimentando en la universidad es correr la fecha de entrega de las notas parciales, mal conocidas como 30%, que suele ser más. ¿Qué pasa? Eso generó un pico, todo el mundo evalúa justo antes de la fecha, en la semana ocho y se genera una carga exagerada. Lo corrimos un poco para suavizarlo y que los profesores no se vieran forzados a hacer, en la misma semana, las evaluaciones. El semestre pasado el 30% lo corrimos bastante. También los estudiantes nos dijeron que se corrió tanto que entonces todo quedó para el final. Este semestre decidimos no correrlo tanto, pero tampoco bajarlo a la mitad, y hablar con los profesores de “bueno, la idea es un poco suavizar esos picos de los estudiantes”, porque los estudiantes no ven sólo una materia, sino un conjunto de materias.


Para terminar, ¿cuál sería ese cambio que menciona sobre el reglamento de los monitores?


No, todavía no tenemos una propuesta, eso se tendría que socializar en su momento, pero pues en este momento el reglamento está escrito para las realidades anteriores, es decir, los estudiantes pueden ser monitores si tienen menos de 21 créditos. ¿Pero eso quiere decir que todos los estudiantes de los programas reformados podrían ser monitores? La pregunta está abierta: ¿eso es bueno o es malo? ¿cómo debería ser?

Por: Manuel María Bonilla.


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