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Bogotá tiene miedo

Cristian Londoño es Líder Juvenil, estudiante de Economía, Gobierno y Asuntos Públicos en la Universidad de los Andes. Aquí su columna "Bogotá tiene miedo". Para contestar la columna envíe su propuesta a periodicoeluniandino@gmail.com.


En los pocos minutos que durarás leyendo este artículo y compartiéndolo con amigos probablemente ocurra un robo en Bogotá. Hoy escribo como una víctima más de la inseguridad en la capital y como un crítico de que las cosas van por mal camino. Todo ha pasado de ser rumores, percepción o casos aislados a una sensación de miedo generalizado, pues posiblemente la mayoría de nosotros ha escuchado sobre algún caso cercano de hurto en la ciudad, personalmente me robaron 2 veces en julio y presencié otros 3 hurtos el mismo mes. También llamé 4 veces al 123 y definitivamente la capacidad de reacción fue vergonzosa, en una ocasión vi cómo dos personas golpeaban a un joven de unos 19 años en medio de un robo, que podía ser cualquiera de nosotros, enfrente de la Universidad Central y con los vigilantes observando sin hacer nada, a pocas calles de The Spot y Living 21. Sentí tanta impotencia que no dudé en llamar de inmediato a la línea de emergencia y media hora después me llamaron de la secretaría de salud a preguntar si yo estaba herido, de estarlo ya me hubiese muerto. Una semana después reporte un robo enfrente de The spot, en donde también han apuñalado jóvenes residentes por robarles un celular, y la policía me llamó 25 minutos después diciendo que acababan de llegar al lugar y no había ningún robo, parece absurdo, pero es la realidad del lugar donde vivimos y la zona donde estudiamos.


En los últimos años con el éxito electoral del uribismo y su bandera de seguridad, la oposición atacó tanto la política de seguridad que nos hicieron creer que era algo irrelevante, que no nos incumbía o que era un tema de la extrema derecha. Lo cierto es que la seguridad no es de derecha o de izquierda, conservadora o liberal, la realidad es que nos afecta a todos indiscriminadamente, no importa si te movilizas en bicicleta, en Transmilenio o si vas en tu camioneta blindada con escolta, todos somos víctimas de la inseguridad en Bogotá y todos corremos el riesgo de que nos maten o apuñalen por quitarnos un celular, la quincena o una bicicleta.



A veces creemos que la inseguridad no nos ha tocado porque nunca nos han robado, pero acaso ¿nos sentimos seguros? ¿Es normal vivir con miedo? Según la última encuesta del Dane sobre Convivencia y Seguridad Ciudadana para las principales ciudades del país, Bogotá presentó el aterrador resultado donde 8 de cada 10 personas se sienten inseguras en la ciudad. En temas de victimización 1 de cada 4 ciudadanos afirma haber sido víctima de algún delito, siendo los jóvenes la población con porcentaje más alto, 38% en comparación con el 26% del promedio. Debemos tener en cuenta que en Bogotá se denuncian sólo el 35% de los delitos.


¿Nos importa a los Uniandinos la inseguridad? Creo que no solamente nos debe importar para dar soluciones a la problemática, resulta que nuestro campus está rodeado de algunas de las zonas más peligrosas de la ciudad como el Barrio Las Nieves de la localidad de Santa Fe, que colinda con City U y donde quedan viviendas universitarias. Es el tercer barrio con más denuncias de hurtos durante el primer semestre de 2021. Además, La Candelaria y Santa Fe están entre las tres localidades con más homicidios y entre las primeras con más muertes violentas. En lo personal me han intentado robar dos veces en las afueras de la estación aguas, en una ocasión me amenazaron con apuñalarme, hace dos años me robaron la maleta con el computador en la 19 y creo que todos conocemos al menos una historia de alguien que lo intentaron robar en Transmilenio o en la Pola.


Son múltiples los responsables de la inseguridad en la ciudad, desde la ineficiencia de las líneas de emergencia, la lentitud de reacción de la policía, la pobre política de seguridad de la administración distrital y el rifirrafe entre los responsables de la seguridad de la ciudad. Claudia López dijo que iba a ser la comandante en jefe de la fuerza pública, pero al igual que la mayoría de sus promesas, fue solo una estrategia de campaña. Su política de seguridad ha sido un fraude. Los 1500 policías que trajo junto al Gobierno Nacional no se sintieron, la inseguridad sigue empeorando, hacen falta miles de policías más, la gente siente pánico en las calles y no es justificable que nos sigan matando por robarnos. No es normal que se roben una camioneta de la secretaría de seguridad de Bogotá, 300 celulares diarios y decenas de bicicletas.


Debemos reconocer que no es solo una problemática de resultados en la Policía Nacional o un problema de militarización, debemos reconocer la necesidad de una reforma a la justicia y al sistema penitenciario, no la reforma que vende el uribismo de solo reformar las altas cortes. Es injustificable que de 17.000 capturas que llevamos en lo corrido del año en la ciudad solo 500 terminen en prisión y la solución de la alcaldesa de Bogotá sea un comando de crimen contra migrantes para desviar las responsabilidades del gobierno local hacia los extranjeros. Por otro lado, el Fiscal Barbosa afirmó que “la seguridad le quedó grande a los alcaldes y la policía” en una entrevista a RCN. Es decir, la alcaldesa quiere desviar la atención hacia los migrantes y el fiscal a los alcaldes y la policía, nadie asume la responsabilidad y tampoco brindan soluciones efectivas.


Uno de los principales retos que tendrá la pésima alcaldía de Claudia López y el próximo presidente en 2022 será afrontar la inseguridad urbana. La seguridad ciudadana debe ser una prioridad nacional, debemos aumentar el pie de fuerza de la Policía Nacional y adoptar nuevas estrategias en la lucha contra la criminalidad urbana: más cámaras, drones, frentes ciudadanos, redes de informantes, iluminación pública y capacidad de respuesta de las líneas de emergencia. Recordemos que de la seguridad depende la libertad, la paz, la democracia y nuestras vidas.

Por: Cristian Londoño. Líder Juvenil, estudiante de Economía, Gobierno y Asuntos Públicos en la Universidad de los Andes.


*** Esta columna hace parte de la sección de Opinión y no representa necesariamente el sentir ni el pensar de El Uniandino


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