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Banner se cae por razones presupuestales

De acuerdo a un documento técnico obtenido por El Uniandino, y según tres fuentes muy cercanas al tema, las caídas de Banner han sido consecuencia de una serie de recortes presupuestales que han impactado la infraestructura tecnológica de la universidad. A falta de inversiones estructurales, una nueva caída, seguramente en el 2022-1, es muy probable.


Abajo los resultados de nuestra investigación.



Presupuesto versus calidad del servicio


Banner, la plataforma en la que los uniandinos planean e inscriben su horario desde el 2018-2, se ha caído dos veces en los últimos tres semestres. En ambos casos, tanto en el 2020 como en el 2021, la falla se dio en el primer semestre del año y generó indignación en la comunidad estudiantil: la palabra “Banner” llegó a ser la cuarta tendencia en Twitter durante la segunda caída.


Aunque las causas específicas varían, los problemas al final del día giran en torno a un dolor de cabeza que ya es conocido en Los Andes: la plata.


Como contamos aquí y aquí, la universidad atraviesa una complicada situación financiera como consecuencia de la dependencia de las matrículas para sus ingresos, la disminución del número de estudiantes y la crisis por el COVID-19. Y fue precisamente por esta razón estructural que las caídas de Banner se acentuaron, según nuestra reportería.


De acuerdo con un documento obtenido por El Uniandino, y que la Dirección de Servicios de Información y Tecnología (DSIT) le entregó al Consejo Estudiantil Uniandino (CEU) en su momento, la caída del 2020-1 fue por “un fallo en el equipo, no relacionado a la carga o alta demanda. Es una falla en el sistema operativo ”.


Este diagnóstico fue realizado por el fabricante del firewall, el componente específico objeto de la caída, cuya función es permitir o denegar “el tráfico a internet de acuerdo a protocolos de seguridad”. En palabras sencillas, “es como si la puerta de su casa se dañara: todo dentro de ella funciona pero no puede acceder ni usar nada”, nos explicó Camilo Salinas, director de TICs del CEU en 2020.


En el documento se afirma que “la probabilidad de falla total asociada a este componente es del 1%. Sin embargo, va incrementando con la vejez del equipo y actualmente hay un atraso de renovación de 3 años”. Además, sostiene que debido a “decisiones institucionales”, hace cuatro años se disminuyó la disponibilidad tecnológica del 99% al 94%.


Según el reporte, esto implicó dos cosas a mediano y a largo plazo. Por un lado, en un proceso de dos años que finalizó en 2019, Los Andes pasó de tener “dos centros de datos, uno principal y otro de contingencia, a tener un solo centro de datos”. Esta fue una de las razones por las que se agravó la caída del 2020: “no se cuenta con un centro de datos de respaldo como contingencia en caso de falla”. Por otro lado, la universidad pasó de presentar un “día de recuperación ante fallos graves, a siete días al año”.


Estas dos implicaciones trajeron consigo un contrapeso financiero bastante significativo: la universidad ahorró por lo menos 1.2 millones de dólares al año. El ahorro, no obstante, implicaba asumir mayores riesgos en términos tecnológicos que se materializaron con la caída de 2020 y, luego, con la de 2021.



¿Por qué se volvió a caer Banner?


Aunque sí tuvo que ver con razones de “alta demanda”, como en su momento explicó públicamente la universidad, la caída de 2021-1 también fue producto de una falta de inversiones estructurales en el mejoramiento de la capacidad y estabilidad de los sistemas tecnológicos de la universidad, de acuerdo a las fuentes consultadas por El Uniandino.


Posterior a la caída de 2020, la universidad realizó diversos comités internos en los que se evaluaron los distintos escenarios para mitigar una próxima falla. Luego de las reuniones, se decidió “no hacer las inversiones necesarias por falta de plata”, nos dijo una fuente de alto nivel que conoce el tema de primera mano, pero que pidió no ser citada para evitar represalias y poder hablar francamente.


En cambio, según esta fuente, la universidad decidió implementar un “plan de atención a fallos” para actuar frente a una nueva caída del sistema. Esta versión nos la confirmaron dos fuentes más cercanas al proceso, que tampoco quisieron ser citadas con nombre propio por las mismas razones.


“Estamos expuestos a riesgos mayores al ocurrido, [...] se vienen aplazando las renovaciones de los dispositivos y disminuyendo los contratos de soporte y mantenimiento”.

Precisamente, en el documento que la DSIT le entregó al CEU luego de la caída de 2020-1, se lee: “Estamos expuestos a riesgos mayores al ocurrido, [...] se vienen aplazando las renovaciones de los dispositivos y disminuyendo los contratos de soporte y mantenimiento”. Y continúa: “La recomendación de vida útil de estos equipos es de cinco años, y tenemos como componentes principales, sin respaldo, equipos entre ocho y diez años”.


En el mismo documento se establece un plan de acción con la finalidad de evitar otra caída de la plataforma. El plan incluía, entre otras cosas, protocolos de comunicación para fallas graves y una revisión presupuestal a lo largo del 2020 para determinar las renovaciones a realizar. Pero las renovaciones estructurales no se hicieron, según nos dijeron las tres personas que pidieron no ser mencionadas.


De hecho, para una de ellas, que lo vio de primera mano, “el problema ya no es tecnológico, es consecuencia de las decisiones que ha venido tomando la universidad año tras año”. En opinión de esta persona, los recortes presupuestales y la falta de una hoja de ruta en el largo plazo en cuestión de infraestructura tecnológica es lo que no ha permitido solucionar los problemas que causan las caídas de Banner. “Hay un problema claramente de capacidad y de inversiones que hay que hacer, solucionado no está”.


La versión de la universidad, sin embargo, es otra. Andrés Galeano, actual presidente del CEU, nos dijo que la DSIT le comunicó al Consejo Estudiantil que el causante de la falla de Banner en 2021-1 fue la “alta demanda”. Según el representante, en las reuniones posteriores a lo ocurrido en enero de este año les explicaron que “los servidores de Banner colapsaron al haber tantas personas ingresando al mismo tiempo” y desde varios dispositivos a la vez.


Alejandro Segura, nombrado director de la DSIT en abril, quien contestó a las preguntas de El Uniandino conjuntamente con su equipo, explica que la logística en Banner es compleja debido a componentes de la flexibilización curricular como los prerrequisitos, los correquisitos y los cupos.


De acuerdo al funcionario, toda la carga que genera esta información agrava el procesamiento en la plataforma. “También hay varios estudiantes que abren sesiones simultáneas en distintos navegadores o dispositivos, las cuales se suman a las transacciones que aún realizan estudiantes de turnos anteriores”, nos dijo Segura.


“Este año se han realizado inversiones que ayudaron a ampliar la capacidad de procesamiento durante las inscripciones de cursos”.

Frente a los testimonios obtenidos por este periódico sobre la falta de inversiones estructurales, Segura reiteró que “este año se han realizado inversiones que ayudaron a ampliar la capacidad de procesamiento durante las inscripciones de cursos”. Nos dijo, además, que desde hace dos meses se están implementando 400 mil dólares de inversiones en componentes de tecnología transversal a Banner.


Una comunicación dentro de la misma DSIT, conocida por El Uniandino, calificó esa cifra como “extraña”, arrojando dudas sobre su exactitud.


En cualquier caso, para Segura el proceso de inversión busca mejorar específicamente las pruebas de carga, optimizar la base de datos de Banner y crear una configuración técnica para mitigar la concurrencia de sesiones. Esto, en conjunto con una inversión de 10 mil dólares exclusivamente para Banner, con el propósito de mejorar la forma en la que se hacen las simulaciones del proceso de inscripción y así poder asignar la capacidad de procesamiento adecuada.



Lo que se espera para la próxima inscripción de horario


Aunque El Uniandino no pudo comprobar la cifra, una fuente de alto nivel que conoce el tema de primera mano nos dijo que en reuniones internas de la universidad durante el 2021 se habló de una “probabilidad de que Banner se caiga en un siguiente proceso de inscripción de materias del 50%” si no se mejoran los equipos y la capacidad del sistema.


Un experto en infraestructura informática ajeno a la universidad, consultado por El Uniandino, nos dijo que “todo equipo o herramienta tiene alguna probabilidad de dañarse. Entre más pase el tiempo, es más probable que se dañe. Si el firewall no se renueva cuando dice el fabricante, la probabilidad de falla de este componente se vuelve más alta”. Por lo pronto, los estudiantes esperan expectantes la llegada de las inscripciones.


Es probable que durante la jornada 2021-2 no se presenten fallas, pues los defectos mencionados en este reportaje se han dado siempre en las inscripciones del primer semestre del año. Además, como resaltó Segura, la universidad se ha preparado para afrontar una nueva caída del sistema.


En cualquier caso, el adecuado funcionamiento de la plataforma no es tan claro porque, como contamos antes, Los Andes atraviesa una complicada situación financiera, lo que hace más difícil pensar en una solución estructural al problema de Banner teniendo en cuenta los altos costos que implica. Y con esto, los riesgos de una próxima falla siguen latentes.


Por su parte, el director de la DSIT comenta que todavía están en “planes de inversión y renovación de componentes de la infraestructura tecnológica”, y evaluando la posibilidad de trasladar Banner a una infraestructura en la nube, pero en eso entran consideraciones financieras que garanticen un uso eficiente de los recursos. Es decir, por el momento, el tema de la plata frente a la calidad de los servicios tecnológicos sigue en disputa. “La decisión se tomará evaluando la viabilidad técnica, cuya complejidad no es menor debido a la gran cantidad de sistemas y aplicaciones con los cuales Banner se integra en Los Andes”, termina diciendo Segura.



Por: Manuel María Bonilla