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Atiendan la impunidad, las víctimas van primero

Estimados lectores,


Por más de un año un equipo de periodistas de El Uniandino investigó decenas de testimonios y denuncias de estudiantes de medicina que han sido víctimas de abuso de poder, maltrato y acoso sexual por parte de algunos profesores en aulas universitarias, hospitales y más recientemente en espacios virtuales. Entre todas las denuncias hay un elemento en común: el miedo.



La jerarquía en la formación médica, combinada con una tendencia histórica a normalizar la violencia, le ha inculcado por generaciones a los futuros médicos la idea de que el sufrimiento y el aguante es necesario para su desempeño profesional. Las facultades de medicina han avalado y callado por décadas este comportamiento. El periodismo, en especial uno que trabaja desde la experiencia universitaria, no puede ignorar este ruidoso fenómeno que algunos poderosos intentan callar.


No es poco usual que aquellos en el poder se incomoden frente a cuestionamientos por lo que han hecho y lo que han dejado de hacer. Esta investigación no es la excepción. Semanas antes e incluso algunos días después de publicar Abuso y acoso en medicina recibimos presiones de varias facultades y hospitales para no publicar sus nombres y censurar testimonios sucedidos en estas instituciones. Sus intereses son claros: prefieren cuidar su reputación, refugiados en la tradición, que atender los graves casos que suceden a diario.


Decidimos consultar con varios periodistas experimentados tratando el tema de maltrato y acoso sexual, y expertos en libertad de expresión y libertad de prensa. De todas formas, mantuvimos nuestra determinación: las víctimas serán siempre el centro de la investigación y cualquier decisión editorial no será en desmedro de sus relatos, mucho menos servirá para complacer a unos cuantos poderosos que se sienten vulnerables.


Es momento de tratar la impunidad, de proteger a las víctimas y de hacer frente a un patrón que se ha reproducido por generaciones. Esta investigación es una pequeña muestra de los cientos de casos de estudiantes de medicina que han sufrido desde la humillación hasta el abuso, con fuertes consecuencias en su formación profesional y su vida personal.


Desde el momento de la publicación hasta algunos días después, hemos recibido más de 60 nuevas denuncias de víctimas en el mismo contexto en Bogotá, Medellín, Cali, Cartagena, Cúcuta, Tuluá y Tunja. Algunas de ellas sobre doctores incluidos en el reportaje.


Nos encargaremos de seguir investigando, de tomar estas nuevas denuncias, ahora en muchos más lugares del país, y mantener nuestro compromiso con las voces de las víctimas. Es urgente atender la impunidad y el primer paso es evidenciar su sistematicidad y prevalencia en la formación médica.


Estaremos vigilantes a los testimonios que recibamos en el curso de esta investigación, que hasta ahora no ha concluido y reiteramos que, en todo caso, las víctimas cuentan con nuestro respaldo. También estaremos pendientes de la reacción de las instituciones y sus esfuerzos por atender un fenómeno estructural. Esperamos que su respuesta no sea un intento, como suele suceder en este país, por ubicar y neutralizar los relatos de las fuentes que aparecen en la publicación. Deben saber las universidades y los hospitales que lo fundamental es la atención y la prevención de los casos de abuso y acoso, todo lo demás es secundario.


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