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A propósito de Ralph, ¿por qué los zoológicos son malos?

Stephanie Pedrozo es estudiante de Ingeniería Mecánica en la Universidad de los Andes. Aquí su columna "A propósito de Ralph, ¿por qué los zoológicos son malos? Parte 3: Alternativas idóneas". Para contestar la columna envíe su propuesta a periodicoeluniandino@gmail.com.


Parte 3: Alternativas idóneas




Como se mencionó en la parte uno y dos, los zoológicos deberían cerrarse porque representan un peligro para animales y personas. Para que esto suceda, también debe considerarse qué pasaría con los animales que han crecido en cautiverio y/o que no pueden sobrevivir por sí mismos en la naturaleza. Estos animales necesitan un lugar especializado para estar durante el resto de sus vidas y en donde no sufran de maltratos como lo hacían en los zoológicos. A continuación, se exponen posibles alternativas y formas de ayudar a los animales salvajes. De tal manera, que las personas tomen conciencia de sus actos y se decidan finalmente a tomar acciones en contra del maltrato animal.


Los lugares que albergan animales salvajes, pero que son mucho mejores que los zoológicos, son los santuarios y centros de rehabilitación de vida silvestre. Estos últimos también mantienen a sus animales en algún tipo de recinto, pero con la diferencia de que los santuarios son mucho más espaciosos. Y aunque estos sitios tampoco son comparables con los que tendrían en sus hábitats, son mucho más grandes de lo que tendrían en los zoológicos.



Otra diferencia entre estos lugares y los zoológicos es que suelen tener una gran variedad de animales, mientras que los primeros normalmente se especializan en una sola especie. Por ejemplo, The Elephant Sanctuary que sólo tiene elefantes. Asimismo, el origen de los animales es distinto. En los zoológicos los animales son comprados, capturados, intercambiados o nacieron allí, pero en los santuarios estos sólo son aceptados cuando están heridos, enfermos o no pueden sobrevivir en la naturaleza. Estos incluyen animales lesionados, mascotas exóticas y animales de zoológicos, circos, criadores y laboratorios que cierran. Allí son cuidados por el resto de sus vidas, o hasta que se mejoren y puedan volver a la libertad. De manera similar, en los centros de rehabilitación, los animales salvajes locales heridos o huérfanos se recuperan antes de regresar a sus hábitats. No crían animales y no permanecen bajo su cuidado por mucho tiempo. De tal forma que puedan sobrevivir cuando sean liberados, estos centros se esfuerzan por mantener indómita su naturaleza salvaje.


Pero, ¿cómo podemos realmente ayudar a los animales salvajes? Entre 1970 y 2014, la humanidad ha sido responsable de acabar con el 60% de la población mundial de vida silvestre, que abarca mamíferos, aves, peces y reptiles. Este informe, también aludido por Sentient Media, corrobora que el planeta atraviesa su sexta extinción masiva, lo que advierten los científicos tendrá graves consecuencias para los humanos. Con esto en mente, es claro que debemos hacer algo de manera que logremos salvar a las especies en peligro de extinción. Y aunque lo promocionen así, los zoológicos no son la solución. Esto es porque las jaulas no impedirán que los animales se extingan, si estos no tienen un lugar al que volver. De este modo, el primer paso será dejar de visitar zoológicos. Y el segundo paso, está en la conservación de sus hábitats y la lucha en contra de los peligros que los amenazan. Por consiguiente, es mejor apoyar con el dinero que antes era destinado al mantenimiento de zoológicos, a grupos tales como International Primate Protection League, la Born Free Foundation, Earth Island Institute, y otros grupos que trabajan por la conservación de los hábitats naturales de los animales en peligro. De igual manera, se debería ayudar a los santuarios sin fines de lucro como The Elephant Sanctuary o la Performing Animal Welfare Society que, a diferencia de los zoológicos, no tienen a los animales para lucrarse sino para cuidarlos.


La mejor manera de ayudar a la vida silvestre es el cuidado del medio ambiente y esto sólo será posible si todas las personas trabajan en conjunto por este objetivo. Mientras tanto los animales que ya no pueden volver a la naturaleza deben tener la opción de vivir dignamente en santuarios o centros de rehabilitación. Estos lugares, a diferencia de lo que sucede en los zoológicos, sí están especializados en el cuidado de animales salvajes y buscan lo mejor para ellos ya que no se mueven únicamente por intereses económicos. Por último, es necesario recordar que los animales no nos pertenecen y por eso no deberíamos encerrarlos en jaulas para nuestro entretenimiento. Esto no es justificable en el nombre de la conservación. Es como si estuviéramos jugando a ser Dios y así, no vamos a llegar a una solución realmente sostenible.



Por: Stephanie Pedrozo. Estudiante de Ingeniería Mecánica en la Universidad de los Andes.


*** Esta columna hace parte de la sección de Opinión y no representa necesariamente el sentir ni el pensar de El Uniandino.


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