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A más de un año de la apertura de los Juegos Olímpicos, ¿qué nos queda?: El caso Tokyo, Japón

Tatiana Suaza Varelaes estudiante de Derecho de la Universidad de los Andes. Aquí su columna "A más de un año de la apertura de los Juegos Olímpicos, ¿qué nos queda?: El caso Tokyo, Japón". Para contestar la columna envíe su propuesta a periodicoeluniandino@gmail.com.




Para algunos de nosotros, que no habíamos seguido nunca con tanto interés unas olimpiadas, puede resultar cuanto menos curioso reflexionar cómo los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 lograron empaparnos de terminologías deportivas antes desconocidas y cómo quedarán en el registro histórico de la humanidad al haber sido llevados a cabo en medio de una pandemia. Y es que dicha edición de los Juegos Olímpicos no sólo se denominará por un año en el que no ocurrió, sino que también atrajo la atención sobre distintas disciplinas deportivas que debutaron por primera vez en estos Juegos. Con este panorama brevemente pincelado, en esta columna pretendo hablar un poco sobre cómo estos Juegos serán un precedente importante para ediciones venideras de las Olimpiadas, así como destacar otro tipo de efectos que podrían vislumbrarse a raíz de las Olimpiadas en Tokio.


Para empezar, es preciso reconocer que el impacto de los Juegos Olímpicos de Tokio puede medirse de distintas formas. Así, mirándolo en retrospectiva, encontramos diferentes elementos que indican que estos Juegos se distinguen de los anteriores. Entre ellos podemos encontrar por ejemplo que fue la primera edición en la que una de las atletas era una persona que se identificaba como mujer trans. Igualmente, esta edición terminó con la controversia que existía acerca de la disciplina Karate (空手道, Karatedō), que en esta edición se convirtió en una disciplina olímpica. Sin embargo, estos juegos no sólo pusieron un aparente punto final a ese tipo de cuestiones, sino que iniciaron nuevas discusiones con la inclusión de deportes como el Skateboarding y el Surfing.


El caso del Skateboarding es particularmente interesante en tanto esta suele considerarse una subcultura. Al igual que con el Karate, la comunidad del Skateboarding se encontraba dividida frente a la posibilidad de convertirse en Olímpico. En entrevista con Highsnobiety, la skater canadiense Annie Guglia afirmaba que "hubo una gran reacción de la comunidad del skate porque los skaters son así’’ y agregaba que "no quieren que la gente que va fuera del monopatín tenga ningún control sobre su bebé". Sin embargo, el éxito que tuvo el Skateboarding en Tokio es innegable. Así, se ha asociado el fuerte interés que tuvieron estos juegos en personas jóvenes al éxito que tuvo el Skateboarding en particular, que de acuerdo con las cifras de los Olímpicos atrajo aproximadamente 700,000 usuarios en sólo dos días. La apuesta para París 2024 parece ir en esta misma línea de atraer a poblaciones más jóvenes, pues además de continuar con el Skateboarding y el Surfing se incluirán disciplinas como el Breakdancing.



Por otro lado, una de las lecciones más importantes que nos dejaron los juegos es empezar a pensar un poco más en cosas que damos por sentadas y que sólo cuando no están allí notamos sus implicaciones. Este es el caso, por supuesto, del público en las gradas de las competiciones deportivas. Así, al no haber público en las gradas, las herramientas tecnológicas y de transmisión naturalmente cobraron una renovada importancia. Una importancia renovada porque, como sabemos, con la pandemia empezaría a masificarse cada vez más el uso de tecnologías que propenden por la comunicación virtual. De modo que los Juegos pueden llegar a considerarse como un impulso más de esta tendencia a la virtualización. Lo anterior también debido a que en comparación con su edición predecesora en Río de Janeiro 2016 y de acuerdo con la Unión Internacional de Telecomunicaciones, el tiempo de transmisión de contenido fue mayor, además de que en términos de la cobertura de otros medios, esta edición fue mayor que cualquier otros Juegos.


En este punto de la columna, puede surgir en el lector la siguiente inquietud, ¿y cómo le fue a Colombia en estas Olimpiadas? En esta ocasión, un detalle que resalta inmediatamente a la vista es que con un conteo de 4 medallas de plata y 1 de bronce, Colombia no obtuvo ninguna medalla de oro. Esto presenta un claro contraste con el desempeño en el año 2016. Sin embargo, más allá de la cantidad, observemos con detenimiento lo que estos juegos representan para el deporte en Colombia a un nivel más cualitativo. De esta manera, resulta pertinente dedicar unas líneas al caso de la deportista Sandra Arenas, ganadora de la medalla de plata en los 20 kilómetros para mujeres. Así, Arenas, en conversaciones con la W Radio habló sobre una de las problemáticas que más enfrentan los deportistas: la falta de apoyo. Estas afirmaciones de deportistas en Colombia no deben ser consideradas como novedosas, en tanto atletas como Egan Bernal expresaron una idea similar en una entrevista con Juanpis Gonzalez. Bernal comentaba que de ida le tocó pedir dinero para asistir a una competición, pero cuando ganó y fue orgullo nacional se devolvió en Avianca primera clase. Al respecto de todo lo anterior, sin duda hay que estar atentos a la labor de la ministra del deporte designada por el gobierno Petro, María Isabel Urrutia, quien ya ha expresado su intención de impulsar el deporte a lo largo del país y mejorar el desempeño del Comité Olímpico en las Olimpiadas. Esto es especialmente importante para el momento que parece estar viviendo Colombia en varias disciplinas, donde el paso del tiempo no perdona y las estrellas sobre las que tanto oímos continúan siéndolo, pero no de la misma forma.


A modo de conclusión, me gustaría terminar con la idea de que las Olimpiadas celebradas en la capital nipona serán sin duda un precedente importante para futuras ediciones. Si los que seguimos estos juegos volveremos a seguir con igual o mayor interés los que se celebrarán en París dentro de dos años no es posible saberlo. Sin embargo, lo que sí quedará para la historia es lo que estos Juegos pueden aportar a nivel de las implicaciones en el aspecto tecnológico que tuvieron en parte a raíz de una pandemia. Asimismo, también es posible hablar de efectos relacionados con lo que podemos esperar encontrar para las Olimpiadas en París 2024 y los desafíos particulares que le esperan a Colombia en materia deportiva.

 

Por: Tatiana Suaza Varela, estudiante de Derecho en la Universidad de los Andes, con

especial interés en asuntos japoneses.


***Esta columna hace parte de la sección de Opinión y no representa necesariamente el sentir ni el pensar de El Uniandino.